DECESO

Falleció el reconocido ermitaño, Darío Escobar: el colombiano residía en silencio en el Líbano

El religioso murió a los 92 años tras pasar tres décadas de oración y estricto ascetismo en el histórico Valle de Qadisha.

El ermitaño colombiano Darío Escobar, originario de Medellín, falleció a los 92 años en el Líbano

El religioso era ampliamente conocido por haber elegido un camino de pobreza voluntaria, silencio y contemplación en el corazón del Valle de Qadisha, en contraposición al dinero y la fama.

Su deceso se produjo el pasado 18 de mayo, marcando el final de una presencia emblemática en el denominado Valle de los Santos, donde se transformó en un referente espiritual para peregrinos de todo el mundo.

Antes de su vida monástica, el padre Darío Escobar se había desempeñado como futbolista y profesor de Teología y Psicología en su país natal. 

Según su propio testimonio, en 1990 decidió dejar todas sus pertenencias tras escuchar el llamado de Dios y viajó a Medio Oriente para recluirse como ermitaño, inspirado en el ejemplo de San Charbel.

Una vida de ascetismo severo

A pesar de que dominaba el español, inglés, francés, italiano y árabe, el místico colombiano eligió el silencio como su forma primordial de expresión. 

En la Ermita de San Pablo, completamente alejado de la televisión, los teléfonos e internet, mantenía una rutina diaria sumamente estricta que incluía catorce horas de oración, tres horas de trabajo manual, dos horas de estudio y solo cinco horas de sueño, complementado con una rigurosa dieta vegetariana.

Con el paso de las décadas, su figura en la ermita se volvió un testimonio viviente para los visitantes que acudían a la región. 

Su estilo de vida demostró que el Líbano mantiene su valor histórico como un centro de atracción para aquellos que buscan el recogimiento espiritual y la fe en contextos de aislamiento absoluto.

Despedida en el Monasterio de Qozhaya

El servicio religioso para despedir los restos del ascesta se programó para esta jornada por la tarde. 

La ceremonia fúnebre por el eterno descanso de su alma tiene lugar en el Monasterio de San Antonio Abad, ubicado en la localidad de Qozhaya.

Tras la finalización del oficio litúrgico, el cuerpo del religioso será sepultado en el cementerio del mismo complejo eclesiástico. 

El sitio escogido para su descanso final se encuentra íntimamente ligado a la memoria del monacato y la tradición de la oración en la geografía sagrada del norte libanés.

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