El triunfo de Jair Messias Bolsonaro en las presidenciales de Brasil abre un nuevo escenario para la región en términos políticos, jurídicos, económicos e incluso militares. En los hechos, la victoria de un capitán de reserva del ejército brasileño en las urnas, que ha hecho de la xenofobia, el clasismo, la homofobia y el antiizquierdismo las bases de su campaña, reimpone en América Latina la doctrina más dura del populismo de derecha, pero a diferencia de lo ocurrido en las décadas del 60 y 70, ya no a través de un golpe militar sino de la mano del voto popular.

Pero si bien para muchos la llegada de Bolsonaro a la presidencia puede aparecer como una sorpresa, la historia reciente del vecino país parece mostrar que los liderazgos cercanos a los valores más reaccionarios nunca han sido una novedad en Brasilia. En rigor, la República Federativa del Brasil se mantuvo bajo un régimen dictatorial entre el año 1964 y 1985, y el apoyo popular a esa dictadura siempre fue bastante más fuerte que en otros países de Latinoamérica.

En este contexto no es extraño, entonces, que un ex militar que impulsa los valores más tradicionales de la sociedad brasileña, y que cuenta con el apoyo de los más de 30 millones de brasileños evangélicos, se haya convertido en la amenaza más fuerte no sólo para el PT que conduce Lula da Silva desde la cárcel sino también para todos los otros partidos del establishment democrático brasileño.

Analistas internacionales afirman que lo ocurrido con el caso de mega corrupción política desatado por el lava jato, que terminó por llevar a la cárcel al ex presidente Lula y a gran parte de los políticos más importantes de los partidos tradicionales, fue la primera fase de la restauración de una "democracia disminuida" en el país más grande de Sudamérica.

En este sentido, los especialistas afirman que esa democracia brasileña, disciplinada por la justicia a través de los encarcelamientos de muchos de sus actores políticos y por el golpe palaciego que sacó de la presidencia a Dilma Rousseff, terminó por liberar la fuerza del partido militar brasileño, que se mantuvo durante los últimos 20 años de democracia como un jugador menor en el Congreso del vecino país.

Así, el "partido judicial" que se juró encarcelar a gran parte del populismo de izquierda en la figura de Lula da Silva, hundió a todo el sistema democrático liberal, incluido al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de Fernando Enrique Cardoso, el cual tuvo una terrible derrota electoral.

Derrumbados por la Justicia los dos partidos tradicionales que habían conducido los destinos de Brasil en los últimos 30 años, la figura de Bolsonaro parece entonces volver a poner en carrera al partido militar brasileño. En tanto, para la Argentina la figura de Bolsonaro aún es una incógnita.

Y si bien amenaza con hacer un "Mercosur de derecha" que excluya a Uruguay, Bolivia y Venezuela e incluye a Chile, la realidad geopolítica acaso le depare algo distinto. También será importante la llegada del partido militar brasileño al poder no sólo por la gran cantidad de generales que prometen ser ministros en un gobierno de Bolsonaro sino por la situación estratégica de Brasil en la frontera de Venezuela y la relación del nuevo gobierno de Bolsonaro con los Estados Unidos.

Muchas preguntas para un presidente electo que aún no ha especificado su agenda económica y que mantiene a todo el continente en vilo.

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