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Mauricio Macri sorprendió a todos al anunciar un recorte en la planta de la administración pública, con un apartado que especifica que los familiares de los integrantes del gabinete nacional no podrán formar parte del gobierno. Llamó la atención semejante decisión, habida cuenta de que la designación de parientes de funcionarios, el nepotismo acostumbrado en los políticos, fue moneda corriente en la historia argentina moderna.

El Presidente está decidido a mostrar una cara distinta de su gestión que, tras 25 meses, logró pocos resultados en materia social y económica. "Lo primero que exijo de todos los señores que elijo para ser parte del equipo es vocación, buena fe e integridad y sé que todos acá las tienen", expresó el jefe de Estado en la Casa Rosada, al anunciar la histórica medida.

La corrupción es el mayor azote de nuestro país. La percepción es total y absoluta en los ciudadanos, y en el índice de Transparencia Internacional (datos de 2016), Argentina aparece en el puesto 96, debajo de naciones como Jamaica, Surinam, Barbados y Cuba. El propio papa Francisco, en su reciente viaje a Perú, dio un veredicto demoledor: "La política en América latina está más enferma que sana. Gran parte de Latinoamérica sufre la decadencia y el embate de la corrupción. Se da que gana la oposición y acusa de corrupto al anterior; luego gana el otro y también lo acusa... y los dos tienen algo de razón".

Hasta el propio Barack Obama, en su entrevista con el legendario David Letterman, reconoció que Estados Unidos tiene los índices más bajos de votación del mundo. "La gente está descreída, dice que los políticos son corruptos y que el país lo manejan los empresarios", afirmó quien gobernó esa potencia durante 8 años.

En este contexto, la fuerte decisión del Presidente cambia todo lo conocido y marca un camino diferente. Ojalá sus sucesores lo hagan una norma y lo "familiaricen".