EVITA. Casi con sus últimas fuerzas emitiendo sufragio.

Hace sesenta y seis años, en 1951, la mujer votó por primera vez. Era presidente de la Nación el general Juan Domingo Perón, quien luego sumó otras dos gestiones presidenciales a lo largo de los años. Todo comenzó en 1947, en una tarde que recuerdo por la gran reunión que se hizo en la Casa Rosada, en la que Perón convocó al gabinete.

Los tiempos aceleraban la concreción de obras de diversas dimensiones que fueron fortaleciendo al pueblo a través del trabajo y la dignidad que volvían a tener los obreros en todas sus formas. Uno que anotó todo para que la historia contenga hechos tan trascendentes como éstos, registró en una libreta, hoy amarillenta pero con valor insuperable, aquel instante.

Antes se había sumado una reunión a solas del entonces líder de los trabajadores con su esposa. Quizá los más antiguos que aún pueden recordar ese momento trascendental de la historia deben apreciar ese encuentro del matrimonio. Allí el general le dijo, palabras más palabras menos, mientras la abrazaba: “Vos querés que la mujer vote, entonces ponete en campaña y comenzá a preparar la ley para enviarla al Congreso”. Así fue. Los que vivimos no podremos olvidar nunca ese anuncio que llenó de gozo a las argentinas.

Se sumaron entonces todos los sectores femeninos de las diversas entidades a dar a conocer su opinión y apoyar la iniciativa. Eva Perón se asomaba a la historia para unirse a otras mujeres que también dejaron sus huellas en algunos hechos salientes en el mundo. Se votó en noviembre de 1951 y se vio en los caminos hacia las urnas a mujeres de todos los signos políticos y edades.

Muchas artistas conocidas pusieron su sufragio en los cuartos oscuros del país y se vio el rostro de las damas que desde los lugares más recónditos dijeron presente para cumplir por primera vez con ese requisito sagrado. A sesenta y seis años de esa jornada inolvidable y a setenta de que se promulgó la ley, “Crónica” la recuerda con alguien que siguió de cerca el acontecimiento teniendo en cuenta nuestra tarea periodística en la agencia Télam.

Perón dirigió un mensaje a todo el país y señaló la trascendencia del momento que vivía la Argentina, y aun cuando los pensamientos de la ciudadanía no eran todos coincidentes, en este caso hubo unanimidad para la presencia de la mujer en esta nueva empresa que le deparaba la historia. La mujer hacía conocer su opinión contundente, para uno o para otro, pero volcaba en ese pedazo de papel lo que necesitaba el país.

Y tenía razón; porque la nación necesitaba de ellas, que fueron sumándose a la política en forma vertiginosa hasta ocupar, luego, en el siguiente siglo, cargos de relevancia incluyendo el de presidenta de la Nación. Sus pensamientos, sus análisis, su necesaria palabra en muchos casos cristalizan soluciones en todos los campos, tanto en el Estado como en los más relevantes sectores de la actividad privada.

Después de los primeros comicios en que la mano femenina enalteció y embelleció las urnas, en la residencia de la calle Austria, donde descansaban Perón y Evita, se conformó una fiesta con presencias del gabinete e invitados. Allí Evita mostró su emoción ante su esposo no sólo hablando sino también derramando algunas lágrimas por uno de los hechos más trascendentales de la historia argentina. Por eso, porque estoy en vigencia, puedo contarlo.