"Es mi Radiolandia", dice Francisco cuando regala un ejemplar de la edición española de Il Mio Papa. Se trata de una revista dedicada a él. A Carmen Magullón, la directora, le concedió una entrevista exclusiva, que está sacudiendo al mundo. Allí declara que la pandemia nos está haciendo bailar y nos puso en crisis. A él le interesa el día después, la pospandemia.

Tiene claro que de una crisis no se sale igual: "O salimos mejores o peores. El modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos que no son sólo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, al futuro de la humanidad, a quienes van a venir después que nosotros".

Espontáneo como es, describió qué sintió en su corazón el 27 de marzo, cuando en medio de la Plaza San Pedro, solo y su alma, se dirigió al mundo en el Urbe et Orbi: "Fue algo que no estaba planeado, me lo sugirieron. Y me pareció que la tenía que hacer. Dos domingos antes había ido en peregrinación a Santa María Mayor, a rezar a la Virgen Patrona de Roma y después al crucifijo de la iglesia San Marcelo, ese crucifijo milagroso que salvó de la peste a Roma en el 1522. Ahí sentí que tenía que hacer algo como obispo de Roma y me hicieron esta propuesta. Decidí enseguida. Cuando llegué y tuve que subir esa escalera, con miedo a resbalar y caer, había como una protección interior que no me tenía que cuidar de esas cosas. Mi corazón estaba en todo el pueblo de Dios que sufría, en una humanidad que tenía que soportar esta pandemia y que, por otro lado, que tuviera el coraje de caminar. Subí las escaleras rezando, recé todo el tiempo y me fui rezando. Así viví ese 27 de marzo".

Algo tiene claro y es que no hay una receta para salir de la crisis, pero él va por el lado de la inclusión, del cambio de paradigma socioeconómico, de empezar por las periferias, los movimientos de periferias, la dignidad de las personas. Sostiene que la vacuna contra el coronavirus tiene que ser universal.

No puede ser propiedad del país, del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían sólo para esto. Si esto llegara a suceder es porque no aprendimos nada de tanto sufrimiento. Él menciona a las periferias pero incluye también a la casa común que es el mundo. El cuidado del Universo. Jorge Bergoglio, no porque se lo proponga, es una amenaza para el capitalismo salvaje.

La fraternidad, la amistad social de su nueva encíclica, sacan de quicio a muchos de los referentes. Si Francisco, como con éxito se lo está proponiendo, coincide en unir a las religiones, se da vuelta el orden mundial. No pasó inadvertido a la mirada inquisidora de sus enemigos el encuentro con el Gran Imán Ahmad Al Tayyerb en Abu Dabi, el 4 de febrero de 2019.

Así se escribe la historia porque "Fratelli tutti", la reciente encíclica, tiene como una de las fuentes al documento que firmaron juntos. Adonde dejan constancia sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común. Como si esto fuera poco, ponen de relieve que los dolores, catástrofes y calamidades que vive la humanidad tienen por causa más importante la "conciencia humana anestesiada".

Es un texto durísimo, que ha sacado de sus cabales a los representantes, operadores y demás ejemplares del capitalismo salvaje. Piden a los líderes del mundo, a los artífices de la política internacional y de la economía mundial, comprometerse seriamente a difundir la cultura de la tolerancia, la convivencia y la paz.

Parar el derramamiento de sangre inocente y poner fin a las guerras, conflictos, degradación ambiental, decadencia cultural y moral que se vive actualmente. Fiel a sí mismo, divertido, declara vivir con humor la cultura del encuentro detrás de los barbijos: "Los ojos hablan, y pienso que estamos jugando a los bandoleros, estamos jugando a los disfrazados y esto nos hace reír a todos detrás de las mascarillas y se encuentran. El encuentro se da enseguida. Es verdad que la luminosidad de un rostro queda tapada por una mascarilla, pero la palabra cálida, el sentido del humor, la cercanía humana, eso no hay mascarilla que lo tape. Eso siempre permanece".