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"Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar". Así, con esta copla de Violeta Parra, el Papa Francisco conmovió hasta las lágrimas a los aborígenes de La Araucanía. Así denunció las violaciones de los derechos humanos cometidas en el mismo lugar que ofició la misa.

Impregnado de la angustia e impotencia mapuche sentenció: "La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa". Jamás borrará de su memoria, cuando en lengua mapuche pidieron por él, acompañados de tambores, cuernos y ramas de árboles. Esto quedó grabado a fuego en el corazón de Jorge Bergoglio.

Después de tanta emoción, almorzó con sus doce apóstoles en La Araucanía. Ossobuco con risotto de mariscos fue el plato principal. Sus doce apóstoles son mapuches, inmigrantes, víctimas de la violencia rural y un descendiente de los colonos suizo alemanes. Un dato: allí mismo, en la Casa Madre de la Cruz, durmió sus 45 minutos de siesta. Amaneció dos veces, como él mismo dice.

En seis horas que estuvo en Temuco le alcanzó el tiempo para todo. Revolucionó con su presencia y volvió a Santiago. Si algo queda claro es que Francisco tiene el mismo formato de Jesús. Es su presencia en la Tierra. El manantial del cual se nutre es el Evangelio. No oí a ningún periodista, ni opinólogo hablar de él y su relación con Jesús.

A simple vista, se ve que es una forma nueva de vivir y predicar. Un inédito de Papa. Bergoglio huele a oveja, a Jesús. Nadie se atreve a asociarlo siquiera, como si fuera algo prohibido. Encima, hay quienes se ofenden como, por ejemplo, la burguesía chilena, que está indignada con este destape de la pobreza, la desigualdad y el dolor de un Chile sufrido y oprimido, que pisaron durante años.

Quedó demostrado que no existe en Chile eso que aquí llamamos nacionalismo popular y, menos, la idea de Patria Grande. El nacionalismo es sólo de derecha. Por algo Violeta Parra dejo su testimonio: "Arauco tiene una pena más grande que su chamal. Ya no son los españoles los que les hacen llorar. Ahora son los chilenos los que le quitan su pan".