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Decidido y convencido,  Jorge Bergoglio atravesó las tres rejas que hay que cruzar para salir de Santa Marta a la calle. Lo hizo para hacer público su gesto de confianza en Dios: "Aquel que todo lo puede".

En el tercer domingo de cuaresma se arrodilló ante el ícono de la Virgen de la Salus Populi Romano (Salud del Pueblo Romano) en la Basílica de Santa María la Maggiore. Allí mismo iba a misa el teniente coronel Juan Domingo Perón, cuando era agregado militar de la embajada argentina en Roma.

Vivía en la pensión Weber, que quedaba cerca, en diagonal a la iglesia, en la vía del Isquilino 29. Después caminaba hasta la Piazza del Popolo y llegaba al histórico café resto Rosatti, donde hasta el día de hoy cuentan esta historia. Lo cierto es que Francisco tiene tanta devoción por esta Virgen, que el 14 de marzo del 2013, después de pagar su alojamiento en la Casa del Clero, estrenando su hábito blanco de Papa y con un ramo de flores, apareció en Santa María la Maggiore para ofrendar su misión. Nadie lo podía creer.

Siempre pasa en la víspera de cada uno de sus viajes y cualquiera sea la hora a la que regrese no deja de saludarla. Agradecerle. Según la tradición, el icono de la Virgen se le atribuye a San Lucas, quien lo habría pintado en un trozo de madera que se utilizó en la última cena de Jesús con los apóstoles. Francisco enseña con gestos tanto como con palabras.

Luego veneró al Crucifijo Milagroso. Llegó un poquito caminando y otro poquitito a pie, peregrinando a lo largo de la vía del Corso. Visitó San Marcello. Allí se custodia el milagroso crucifijo que en 1522 fue llevado en procesión por los Barrios para terminar con la Gran Peste en Roma. El pueblo la cargó en sus hombros, a pesar de las prohibiciones de las autoridades, preocupadas por la propagación del contagio.

Milagro: a medida que la procesión avanzaba, la peste daba señales de regresión. Cuando regresaron a San Marcello, la epidemia había desaparecido por completo. El papa Francisco pidió por el fin de la pandemia del coronavirus, imploró por la curación de los enfermos, recordó a las víctimas. Se tomó su tiempo, estuvo una hora y media entregado a la oración. Él solito con su alma.