OPINIÓN

Gasoducto Presidente Néstor Kirchner: Siempre están los que tienen un pero (o más de uno)

En momentos en que se destaca la concreción y puesta en funcionamiento de una obra pública por demás importante, no faltan quienes -por razones ideológicas o de intereses particulares- buscan quitarle relevancia.

Pese a que la inauguración del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK) representa un hecho sumamente relevante para el presente y futuro económico de la Argentina, en los últimos días la opinión pública asistió a cuestionamientos de diversa índole que sin duda buscaron relativizar hasta la mínima expresión posible la importancia de este hecho.

La idea no es identificar a los autores y autoras de los distintos comentarios, pero sí referirse  ellos. Para comenzar, la crítica al nombre elegido para la obra pública, bajo el argumento de que "divide a la sociedad" dado que les cae antipático a los detractores del fallecido dirigente santacruceño. Es un ex presidente constitucional y elegido por las urnas, y como tal no debería haber problemas en usar su nombre.

En la misma línea de pensamiento, se cuestiona "la épica" del gobierno nacional y de la coalición oficialista al referirse al gasoducto. Quizá el fastidio obedezca a que esta obra se concreta en un año electoral y por lo tanto no guste su aprovechamiento a nivel comunicacional. En todo caso, el electorado tampoco es tan manejable con estas cosas.

Por otro lado, están las objeciones técnicas. Por empezar, se enfatiza que lo que se inauguró ayer es solo el primer tramo, y que falta mucho trabajo y financiamiento para las etapas siguientes. En esto el gobierno ha sido muy transparente, ya que siempre dejó en claro que el tramo hasta Salliqueló era el primero.

También se sostiene que la obra tendría que haberse hecho antes y se responsabiliza al gobierno actual por esa la demora, cuando el caso es que ya a fines de 2015 -es decir, antes de que asumiera la gestión anterior- estaba la planificación terminada y entre 2016 y 2019 no se encararon las tareas por dos motivos: el primero, pasar del financiamiento estatal al del mecanismo de la Unidad de Participación Público Privada (PPP), la cual no concretó ninguna de las obras para las que intentó implementarse; el segundo, el requerimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) para no destinar fondos al gasoducto, sino para reducir el déficit fiscal de 2019.

De hecho, esa misma condición quiso imponer el Fondo en las negociaciones de hace un año, según contó días atrás el ministro de Economía, Sergio Massa. Afortundamente para la Argentina, primó el criterio de hacer la obra y, en todo caso, reducir las erogaciones del Estado vía la disminución de importaciones de gas, hasta llegar a cero e inclusive exportar, y de ese modo ir reuniendo divisas para eventualmente ir pagando la pesada deuda contraída en 2018.

En resumen, los críticos de siempre le buscan peros a todo, aunque en este caso, deben reconocer que la obra era necesaria y tenía que hacerse. Eso es lo que da una idea de lo muy importante que es y, por lo tanto, de lo justo que es celebrarlo.

Esta nota habla de: