Un antibiótico es una sustancia química producida por un ser vivo que mata o impide el crecimiento de ciertas clases de microorganismos, generalmente bacterias.

Se utilizan en medicina humana y animal para tratar infecciones provocadas por gérmenes. Los antibióticos, generalmente, ayudan a las defensas de un individuo hasta que las respuestas locales de su propio organismo sean suficientes para controlar la infección.

El término antibiótico fue utilizado por primera vez por Selman Waksman, el descubridor de la estreptomicina, en 1942. El uso más remoto de los antibióticos tuvo lugar en China hace más de 2.500 años.

Muchas otras culturas antiguas, entre las cuales estaban los antiguos egipcios y griegos, usaban moho y también ciertas plantas para el tratamiento de infecciones debido a que contenían precisamente, antibióticos, hecho que ignoraban.

La investigación en el campo de la terapéutica antibiótica moderna comenzó en Alemania con el desarrollo del Salvarsan, descubierto por Paul Ehrlich en 1909, hecho que permitió el tratamiento efectivo de la sífilis, un serio problema de salud en aquella época.

Años después, Alexander Fleming, un médico británico, estaba cultivando una bacteria en un plato de agar, el cual fue contaminado accidentalmente por hongos. Luego advirtió que el medio de cultivo alrededor del moho estaba libre de bacterias.

Sorprendido, comenzó a investigar el motivo. Y pudo hacer una interpretación correcta de lo que vio, es decir que el hongo estaba segregando algo que inhibía el crecimiento de las bacterias.

Debido a que el hongo era del género Penicillium, denominó al producto Penicilina. Corría el año 1928. Los antibióticos se hicieron de uso generalizado desde el año 1943.

En poco más de dos décadas, aumentó rápidamente el número de agentes antibacterianos que engrosaron el arsenal de antibióticos.Sus nombres son bien conocidos, especialmente la estreptomicina.

Estas, junto con las sulfamidas, permitieron a la ciencia avanzar enormemente en su lucha de siglos, contra la infección. Ocasionalmente las bacterias aumentan su resistencia a los antibióticos. ¿De qué reservas biológicas obtienen sus mecanismos para defenderse?

Esperemos que los científicos encuentren respuestas a estos interrogantes. Sólo así, la humanidad seguirá manteniendo a raya el flagelo de las enfermedades. Y ya un aforismo final como homenaje a esos grandes de la ciencia que ayudaron a curar enfermedades de siglos. “Hay quienes nacen para crear dolor. Pero hay quienes nacen, para mitigarlo”.

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