Los argentinos y la doctrina del "porque yo lo digo"
Opinión por Analía Caballero.
acaballero@cronica.com.ar
@analiacab
el 2020 no sólo nos encontrará divididos, sino también atrapados en una telaraña de confusión en la que todo parece dar igual; pero también todo es excusa para diferenciarnos y no de una manera “saludable”. Esta semana nomás pueden mencionarse dos ejemplos de “determinismo” peligroso.
Uno a manos de una figura popular del espectáculo y el otro -esto, mucho más grave- por parte de los encargados de dirigir una escuela pública. Dady Brieva despertó polémica -una vez más- al asegurar en un programa de televisión que no haría más declaraciones sobre política porque “no es el momento adecuado”.
Acto seguido, se declaró peronista porque “eso es estar del lado de los buenos”, a la vez que reivindicó el “oficio del chorro” como respuesta furiosa -intuimos- a la pobreza creciente y desesperante que vive una enorme parte de la población argentina. Tal ligereza no sólo exhibe irresponsabilidad en el uso de las palabras y la elaboración de conceptos -al reducir la bondad humana a un exclusivo grupo ideológico, partidario- sino también a justificar la actividad delictiva que, como todos vemos a diario, implica cada vez más violencia e impunidad.
El carisma del actor logró banalizar una declaración que dista mucho de tener sentido, pero puede calar hondo en aquellos que hoy están desesperanzados y enojados. Por otro lado, el caso de la Escuela Pública de Gestión Social N° 2 del barrio Emerenciano, en Chaco, que les impuso a sus alumnos los guardapolvos rojos y rinde homenajes a Ernesto “Che” Guevara, despertó una encendida respuesta del ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro.
El funcionario consideró, con buen tino, que el sistema educativo debe formar integralmente al estudiante y cultivar su sentido crítico, sin adoctrinamientos de ninguna clase. Discutir la calidad de héroe del Che aquí resultaría demasiado complejo y largo; siempre dependerá del cristal con que se mire. Pero estos dos ejemplos, de muchos cotidianos, denotan que nuestra crisis no es sólo económica y social, sino claramente cultura.

