Ojalá no pase lo mismo que con el blindaje de 2001

Por Javier Carrodani

jcarrodani@cronica.com.ar

@JavierCarrodani

Más allá de que se trate de dos cosas diferentes, el acuerdo con el FMI suscripto por el gobierno nacional el último jueves trae a la memoria aquel célebre blindaje financiero que anunciara en diciembre de 2000 el entonces presidente Fernando de la Rúa, quien un año después debió renunciar a su cargo, ante la crisis económica y política de su gobierno y el clima de estallido social imperante.

Hay muchas similitudes entre ambos convenios: el blindaje constaba de un crédito por un total de 38.600 millones de dólares. El FMI desembolsaba, por un lado, 13.600 millones de dólares, y luego comprometía otros 11.600 millones de dólares en concepto de “facilidades suplementarias”. Al igual que en el acuerdo de ayer, el BID y el Banco Mundial se sumaron con un aporte conjunto, aquella vez por 4.000 millones de dólares.

A su vez, otros bancos privados se comprometieron a refinanciar deuda de entonces por 10.000 millones de dólares y hasta el gobierno de España desembolsó 1.000 millones de dólares. Así, el Estado nacional tenía cubiertas sus necesidades de financiamiento para todo 2001, por unos 25.000 millones de dólares. Esto mismo -lo de tener todo cubierto hasta fines de 2019- se destacó ayer desde el gobierno.

La historia marca que 2001, lejos de ser un año de repunte para el país, fue de mayor recesión. En aquel momento la paridad uno a uno del peso con el dólar representaba un corset que se terminó haciendo inaguantable para la economía del país y, debe admitirse, porque las cuentas públicas no se ajustaron al ritmo que pedía el FMI.

Inclusive se intentó un megacanje de bonos que, por el fuerte aumento de las tasas de interés que el país debió aceptar, hizo inviable la continuidad en los pagos de deuda. Por algo el país cayó en default ya con Adolfo Rodríguez Saá de presidente. La incógnita es si los actuales funcionarios podrán encaminar los números públicos, algo que los de De la Rúa no lograron.

Para ello -ya se sabe- habrá que recortar obra pública, limitar transferencias a las provincias, seguir eliminando subsidios y bajar el poder adquisitivo de los salarios (sobre todo los del Estado), entre otras medidas impopulares. Ahora se terminará de ver si están o no a la altura de la situación.

Esta nota habla de: