Al mencionar la palabra “exorcismo” la primera imagen que le puede llegar a venir a la mente a muchos es la de la película sobre el exorcismo, en realidad en pensar en alguien que se encuentra poseído y lo primero que suelen mencionar las personas es, “que se le gira la cabeza”.

Cabe señalar, en primer lugar, que el filme exagera ciertas cuestiones, pero no se aleja tanto de la realidad. En el marco religioso, cuándo se habla de exorcismo, se hace referencia a la práctica religiosa o espiritual realizada contra una fuerza maligna, utilizando diversos métodos cuyo fin es expulsar, sacar o apartar a dicho ente de la persona, objeto o área que se encuentra poseída por la entidad maligna quien somete y controla al poseído.

¿A qué se refiere cuándo se habla de entes? Pueden variar, ya que depende de la creencia de los implicados, por lo que los entes pueden llegar a ser demonios, espíritus, brujos, entre otras determinaciones. El objeto de la posesión puede ser una persona o animal, objetos e incluso lugares como pueblos o casas.

El sacerdote demonólogo José Antonio Fortea, español, asegura que se viven los últimos tiempos del exorcismo, una práctica criticada tanto fuera como dentro de la Iglesia.

Ahora bien, si se habla de una forma más etimológica, la palabra exorcismo proviene del latín “exorcismus” que a su vez esta deriva del griego “exorkismos” que su significado es “estar sujeto a un juramento”.

Exorcismo en la religión

En la línea de la religión, el ritual del exorcismo consiste en la repetición continua de oraciones y órdenes de expulsión. Además, se utilizan objetos que pueden repeler al espíritu inmundo, tales como crucifijos, agua bendita, reliquias... entre otros. En la teología católica, el exorcismo tiene su base en los textos evangélicos donde se narran las liberaciones y expulsiones de demonios que realizó Jesús como con los endemoniados de Gadara (Mt. 8,28 ss) a un joven (Mc. 9,21) mencionando por ejemplo que para vencer a algunos demonios se requería la práctica de ayuno y oración (Mt. 17,19) un poder que incluso tenían sus discípulos (Lc. 10,17), y que incluso los primeros cristianos usaban objetos personales de los apóstoles a manera de reliquias para expulsar demonios. 

Exorcismo en las películas

En los primeros siglos, en los que comenzaron a describir de que se trataba el exorcismo, no existían fórmulas precisas para exorcizar, aunque sí el carisma de expulsar demonios, el cual era usado por los apologistas cristianos para mostrar la divinidad del cristianismo.

Identificar a alguien que se encuentra poseído

En primer lugar, es preciso realizar diversos estudios sobre la persona que supuestamente está exorcizada para descartar que no se trate de una anomalía psíquica. Una vez descartado el parámetro psíquico, se suelen considerar signos de posesión diabólica: La aversión vehemente hacia Dios, la Virgen, los Santos, la cruz y las imágenes sagradas.

Otros de los signos de posesión que suelen aparecer son: El hablar lenguas desconocidas que el sujeto de ninguna manera ha podido aprender por su cuenta; Hacer presentes cosas distantes o escondidas; Demostrar más fuerzas de lo normal.

 

Con estas características y manteniendo la línea religiosa, para los católicos creyentes, los únicos que pueden realizar la práctica del exorcismo son aquellas personas que cumplan los siguientes requisitos: Que sean sacerdote de la iglesia católica; que cuente con la autorización del obispo de la diócesis correspondiente, previa recomendación de un tribunal eclesiástico competente en esta materia, que puede ser concedida vez por vez para cada caso específico o de manera general por un periodo determinado al sacerdote que ejerce el ministerio de exorcista en la diócesis, generalmente esa autorización tiene una validez de tres años, se entiende extinguida esa validez pasada los tres años de ser expedido o si hay un cambio de obispo en esa diócesis, por lo cual deberá ser renovado ese permiso.

Estas serían las características religiosas para que una persona pueda acceder a realizar exorcismos, y además, destacan que, desde la iglesia, prohíben expresamente hacer actos de güija, espiritismo, adivinación, hechicería, pues en algunos casos puede atraer al maligno y poseer a algunos de los participantes.

“El rito del exorcismo no tiene nada que ver con lo que se muestran en las diferentes películas, en absoluto”, señaló el cura exorcista de la Argentina.

Para exorcizar a alguien se sigue un ritual que existe desde hace siglos y que fue compilado por el Vaticano, que contempla oraciones, señales de la cruz, uso de agua bendita, entre otras.

Desde el 2005, el Vaticano dicta el curso de Exorcismo y Oración de Liberación a los sacerdotes. La recomendación, que no solo la da la iglesia, sino también médiums y muchas personas que actúan acciones relacionadas con lo paranormal, es debido a que están son una de las principales causas por las que se producen las posesiones demoníacas, pero no son las únicas. Existen causas como la participación en ritos satánicos; la consagración de un niño al demonio por parte de sus padres; un pacto con Satanás para rendirle culto a cambio de bienes materiales; maleficios; Prácticas de llamamiento de espíritus tipo ouija o güija; u otros medios de adivinación; lo que implica el riesgo de que El Enemigo posea a la persona; La blasfemia continuada.

Los defensores del exorcismo plantean que si disminuye la fe aumenta la superstición y se entrega al ocultismo, razón por la cual hoy proliferan las sectas que dejan abiertas las puertas para que estos casos ocurran. 

El exorcismo contempla un ritual en donde se pretende consumar la salida del demonio del cuerpo poseído a partir de un procedimiento que actúa como cura y liberación. El ritual existe desde los Evangelios, está en el Nuevo Testamento para aplicarlo cuando sea requerido.

La iglesia bajo el papado de Pablo V publicó un ritual para exorcismos, luego del Concilio de Trento, que recogía todos los rituales existentes.

El cura exorcista 

El sacerdote Marcos Andrés Joaquino (50) abre la puerta de la casa diocesana sobre calle Alem al 400, en Devoto, a un costado de la Parroquia San José. En 2018, este san francisqueño, nacido y criado en barrio San Martín, fue designado por el obispo diocesano, monseñor Sergio Buenanueva, como el sacerdote exorcista de la diócesis y desde entonces intervino “en varios casos” de lo que la Iglesia considera posesiones satánicas, aunque remarca que el rito está protegido por estricta confidencialidad.

El medio “El Periódico”, habló con Joaquino sobre su designación. “Recuerdo que desde muy pequeño todos íbamos a misa los domingos, éramos muy cercanos a los sacerdotes de la comunidad de la Catedral y de a poquito fue madurando en mí el deseo de ser sacerdote”, narra. Ingresó al Seminario Mayor “Nuestra Señora de Loreto” en Córdoba en 1990 y se ordenó como sacerdote el 27 de septiembre de 1998. Asumió como párroco en la parroquia  San Eduardo Rey de Altos de Chipión; en 2008 fue trasladado a Alicia y en el 2014 designado párroco de Devoto. Entre sus tares, la que más se destaca y llama la atención de las personas, es la de su rol como exorcista, algo que se desconocía hasta hace muy poco tiempo relativamente.

El antiquísimo rito del exorcismo, siempre según la creencia religiosa, consiste en una práctica por la cual se expulsa a una fuerza maligna del cuerpo de una persona. Joaquino es hoy el único exorcista en la provincia de Córdoba y aunque su “jurisdicción” sea la diócesis de San Francisco, admite que solicitaron su servicio de provincias vecinas. “Comencé con esta labor primero porque fui escéptico y me encargaron intervenir en el discernimiento de un caso. Me entrevisté en diversas ocasiones con la persona en cuestión y mi dictamen fue que sufría problemas psíquicos y que debía intervenir un psiquiatra; los familiares se enojaron y continuaron dando vueltas con esta persona hasta que terminaron en La Plata.

Se trata de una celebración litúrgica en la que la persona poseída asiste a un espacio controlado por el sacerdote

Allí había un famoso exorcista, el padre Mancuso, y enseguida les confirmó que estaba poseída. Realizó el rito del exorcismo y en la actualidad esa persona lleva una vida normal”, revela. Según explica el sacerdote, hubo una época en que el rito del exorcismo quedó “un poco en el aire”, justamente por el escepticismo y el racionalismo dentro de la Iglesia.”Hace dos o tres años en Europa empezó a surgir con mucha más fuerza el tema de los exorcismos porque tienen muchísimos problemas con los ritos satánicos, de hecho hay una Asociación Internacional de Exorcistas”, destacó en la entrevista.

La verdadera historia del exitoso filme 

Tras el exorcismo más famoso de la historia del cine se halla un suceso real y sorprendente. La novela El exorcista (1971) y el largometraje homónimo (1973) se inspiraron en un caso documentado por la Iglesia. El supuesto endemoniado fue en realidad un niño, a quien los investigadores e historiadores llaman, simplemente, Robbie, y al que le sucedieron cosas extraordinarias y para los curas que le custodiaron, incomprensibles. Robbie era un niño afroamericano que fue víctima de arrebatos de ira y centro permanente de sucesos inexplicados.

Dicen los que le trataron, que documentaron su estado en una serie de cuadernos que han ido pasando de mano en mano en Washington, que hablaba en latín y que en su cuerpo aparecían marcadas palabras malditas. Es así, que un grupo de jesuitas estadounidenses creyó que era víctima del demonio y lo sometió a un duro y tortuoso exorcismo. Un diario tan prestigioso como The Washington Post publicó el 20 de agosto de 1949 que “un niño de 14 años (de los suburbios de Washington) fue liberado por un cura católico de la posesión por el demonio, según informaron fuentes católicas”. El que sería autor de la novela y el guion del filme, William Peter Blatty, estudiante en la Universidad de Georgetown, leyó el artículo, y fue allí cuándo tiempo después decidió realizar y producir la película, basándose en esas primeras líneas del diario, para plasmar lo que tanto le había llamado la atención en ese momento.

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