Por Antonio Las Heras

Se dice que los números dominan al mundo. Y muy probablemente la frase tenga mucho de cierto. Por eso mismo, en esta oportunidad vamos a ocuparnos de dos que están presentes en la vida de cada uno de nosotros, desde el comienzo mismo. Siete días tiene la semana. Doce meses es un año. Cada día tiene 24 horas; esto es, dos veces 12. ¿Por qué estas cifras y no otras?

En el 1.300 a. J., los egipcios ya se referían al año de 12 meses. En esa misma cultura Seth mata a Osiris cuando este último ha cumplido 28 años (cifra que deviene de multiplicar 7 por 4), dividiéndolo en 14 pedazos (7 + 7). En el Génesis (Antiguo Testamento) se lee: "Quien matare a Caín siete veces será castigado". Y, en otro pasaje: "Si siete veces será vengado Caín, Lamek será vengado setenta veces siete". Referencias numérica similares hallamos en los Evangelios (Mateo 18:22) donde Pedro pregunta al Maestro Jesús cuántas veces hay que perdonar, y Él dice: "No te digo hasta 7, si no hasta 70 veces 7". Siete fue la cantidad de demonios que Jesús expulsó de María Magdalena, leemos en el Evangelio de Mateo.

Siete son las colinas de Roma. Siete los pecados capitales. Siete los brazos de la Menorá, el candelabro sagrado y litúrgico judío. Siete los sacramentos de la Iglesia Católica: bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, matrimonio y orden sacerdotal. Siete son las notas de la escala mayor: do, re, mi, fa, sol, la, si. Las siete maravillas del mundo antiguo. Siete las partidas de Alfonso X, el Sabio. Siete los infiernos de Dante, en la Divina Comedia. Hasta 7 son los enanitos que acompañan a Blancanieves en aquel relato cargado de tanta simbología oculta. Siete varones y siete mujeres jóvenes eran entregados cada año para servir de alimento al Minotauro que residía en aquel singular laberinto.

"El número siete golpea constantemente todas las formas de la cultura humana y sería monótono completar la larga lista de su presencia, que uno cualquiera de nosotros puede hacer por su cuenta", señala el egiptólogo argentino José Álvarez López.

No le va en zaga

Con el número 12 ocurre lo mismo en cuanto a su frecuencia en las cosas cotidianas. Doce son los discípulos del Maestro Jesús. 12 son los signos del Zodíaco dispuestos desde tiempos inmemoriales. 12 son los frutos del Árbol de la Vida. 12 las puertas que hay en la Jerusalén Celeste. Doce son los caballeros que reunía el rey Arturo en torno a la Mesa Redonda para la custodia del Santo Grial. El patriarca Jacob tuvo doce hijos, que fueron los fundamentos de las doce tribus de Israel.

Algo hay para usarlos

Obvio que todos estos datos no pueden ser producto de meras casualidades. Algo hay que lleva a la humanidad a usar ciertas cifras y no otras. La simbología esotérica tiene algo para decir al respecto.La presencia permanente de los números 7 y 12 en nuestra cotidianeidad busca alertarnos sobre la importancia de la integración de los opuestos para poder llevar adelante una vida plena, creativa, auténticamente humana.

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