"Le puse mucha leña, troncos grandes, le prendí fuego y me fui", relató Eliseo Guerrero (33), único detenido por el femicidio de su ex pareja Eugenia Olivera (37), quien estuvo desaparecida más de un mes hasta que sus restos fueron hallados calcinados en el kilómetro 33 de la Ruta Provincial 46, que une los departamentos catamarqueños de Andalgalá y Belén. En su declaración ante la fiscal Soledad Rodríguez, el acusado reconoció que quemó el cuerpo pero negó haberla asesinado.

El brutal crimen fue descubierto en la tarde del pasado martes 7 de septiembre por efectivos policiales que encontraron los restos óseos quemados en un pozo, en esa zona conocida como Amanao. En las inmediaciones también localizaron un anillo y un arito que posibilitaron identificar a la víctima.

La desaparición de Olivera fue denunciada en redes sociales por una amiga durante el pasado 16 de julio cuando intentó comunicarse con ella en reiteradas oportunidades y no lo consiguió. Según contó esa allegada, la mujer era madre de tres hijos y tenía una relación conflictiva con su expareja.

Al ser consultado por el paradero de la mujer, Guerrero dijo que ella se había ido a Tucumán a visitar a familiar y los había abandonado. Luego, cambió su versión y aseguró que estaba internada con coronavirus en un hospital de la ciudad de Buenos Aires. En una tercera versión que dio a los investigadores, afirmó que él la había llevado a la localidad de Belén. Todas esas posibilidades fueron descartadas y Guerrero confesó el femicidio.

Ante la fiscal Rodríguez y su defensora oficial Mónica Quinteros, el acusado declaró durante al menos cuatro horas, en las que brindó detalles de las horas previas de Olivera, aunque negó haberla asesinado. Relató que el día que la mujer desapareció, ambos iban hacia Belén a bordo de una moto y pararon en la ruta, en el paraje Agua Salada, donde conversaron sobre los tres hijos que tenían en común y una deuda.

Dijo que Eugenia abrió una tranquera e ingresaron campo, donde comieron unos sándwiches. "Nunca como una relación de pareja sino como amigos, yo me había ido como un año y medio de la casa y ella anteriormente había estado aislada por el tema del COVID, por eso yo me acerqué de nuevo a ella, fui a acompañarla desde ahí quedamos como amigos", indicó.

El lugar donde hallaron el cuerpo de Eugenia Olivera (Gentileza Ancasti).

"Estuvimos conversando y yo quería conversar con respecto a (...) una persona que había estado con ella antes de salir conmigo, yo buscaba la manera de reflexionar con ella, ella era cerrada y mitómana, siempre se metía en problemas, yo trataba de ayudarla a organizarse (...) era un tema que no lo habíamos cerrado, yo le propuse que piense bien qué iba a hacer porque sé que ella se quería ir de Andalgalá, yo quería que ella se decidiera, pero que tuviera cuidado con lo que iba a decidir", señaló. En ese momento, agregó Guerrero, él se retiró para buscar un termo en la moto y cuando regresó, la mujer estaba en el suelo y sin signos vitales.

Según contó, ella "estaba tirada boca arriba, en una pendiente con la cabeza para abajo, yo la gire y trate de sentarla, no era la primera vez que le pasaba eso, cuando se ponía nerviosa y mal, ella se desmayaba". "Me di cuenta que no respiraba, le tomé los signos vitales y no tenía pulso, intenté reanimarla pero no pude, después hice lo peor que pude haber hecho", confesó el sospechoso al referirse a los restos calcinados.

"Pensé en cargarla y traerla, pero sabía que nadie me iba a creer lo que había pasado. La arrastré de los pies para abajo y le prendí fuego, todos me dicen que ‘porqué sos tan frío, que sos poco expresivo’, todos estaban en contra mío, yo de chico me drogaba mucho, de los 8 a los 15 años fumé mucha marihuana y tomé mucha cocaína", se justificó.

Al momento de contar cómo quemó el cuerpo, Guerrero dijo que siempre llevaba un bidón de nafta de tres litros. "Era un hábito llevar combustible (...) en donde le prendí fuego, que era como un zanjón, le puse leña gruesa arriba de ella, mucha, fui con el bidón de nafta y le eché encima, y otra vez me senté a pensar si estaba haciendo bien o no lo que hacía. (...) Pensé que por más que haga lo que haga, jamás me iban a creer. Le puse mucha leña, troncos grandes, una sola vez le hice fuego. Le prendí fuego y me fui a Belén. Estuve horas en Belén, fui a arreglar el tema de un alquiler de una casa, en la que yo iba a vivir. Después volví a Andalgalá, no me paré donde le prendí fuego a Eugenia. Nunca más volví", aseguró.

En su relato, Guerrero también afirmó que en dos oportunidades podría haberse escapado, pero no lo hizo. "Días atrás fue el Oficial (...) a decirme que tenía que hablar unas palabras conmigo, yo sabía de qué se trataba, pero sin embargo no me escapé", dijo. También describió cómo estaba vestida Eugenia y reconoció que el anillo y el arito encontrados en el lugar del hecho le pertenecían a la víctima.

"Ni la música ni el alcohol me salvaron, podría haber muerto o me podría haber escapado, pero después empecé a darme cuenta que no le tendría que haber prendido fuego, de a poco los fui preparando a mis hijos y a mi mamá para esta situación", cerró el acusado en la declaración.

El único detenido por el femicidio de Eugenia Olivera es su ex pareja Eliseo Guerrero (Archivo).

Para la Fiscalía, Guerrero es el asesino de su ex pareja, ya que su relato presenta incongruencias con las pruebas recolectadas en el lugar donde encontraron el cuerpo. "Había rastros de lucha o forcejeo debido a que las piedras estaban fuera de su posición natural y aprovechándose su superioridad física, constitutiva de una marcada desigualdad sobre la víctima referida, reduciéndola, logrando así su cometido, revelaron fuentes judiciales al citado medio.

Olivera era oriunda de Tucumán, y tras conocer a Guerrero se mudó con él a Andalgalá, donde alquilaban una casa en el barrio La Florida. Trabajaba como secretaria en una clínica privada y estudiaba enfermería. Guerrero, por su parte, vive en Andalgalá desde hace 5 años, está desocupado y tiene cursado el nivel terciario en la carrera de Teología. 

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