Por Fernando Vázquez
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El narcotráfico siempre encuentra, como todo negocio, nuevas metodologías para el desarrollo de sus acciones. Desde hace años, en Argentina, prostitutas y travestis, que ofrecen sus servicios sexuales en vía pública, son utilizados por las bandas para llevar adelante la venta callejera de cocaína. Cada una de las organizaciones, que van en constante crecimiento, son capaces de mover alrededor de 2.000.000 de pesos mensuales.

En Capital Federal, el circuito siempre arroja ganancias formidables porque en una noche o en 8 o 9 horas de labor cada uno de estos dealers llegan a conseguir sumas que rondan los 10.000 pesos, que luego tienen que rendir a los respectivos proveedores, para adjudicarse el 40 por ciento de esas recaudaciones (el resto, obvio, queda en manos de aquellos que aportaron la droga).

Dicha modalidad se incrementó en los últimos meses, en una situación que no pasa inadvertida, tanto para especialistas en temas de drogas como para las autoridades policiales y de la Justicia. Las causas del aumento son variadas, aunque se afirma que la principal motivación consiste en buscar mejores beneficios monetarios con bajo nivel de riesgo físico, a lo que tenemos que agregar la aparición en el mercado de numerosos extranjeros que se incorporaron al ejercicio de la prostitución. Otra de estas circunstancias aparece relacionada a la imperiosa necesidad de salidas laborales.

La venta de las drogas callejera siempre se realiza en una modalidad denominada pase o pasamanos: entrega de billetes a cambio de la sustancia deseada. Cada pasamanos equivale, en el mercado ilegal, a abonar 200 pesos por un papel, en cuyo interior hay un gramo de cocaína. Esta droga comprada nunca resulta pura debido a que frecuentemente se rebaja al 15 por ciento.

Cifras que provocan miedo

Hagamos cálculos. Los números asustan. Claudio Izaguirre, que se desempeña como titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), no duda en señalar que cada prostituta o travesti, que venden la cocaína en la vía pública, logran un promedio de 10.000 pesos por jornada, extendiéndose la comercialización entre las 20 horas y las 5 o 6 de la madrugada siguiente.

“Cada vendedor entrega, promedio, 50 dosis de un gramo de cocaína rebajada por día”, sostiene el especialista. Y si hay que abonar 200 pesos, se llega a sumar 10.000 pesos por noche.

Los vendedores nunca llevan más de 15 papeles en su poder y, recién cuando los comercializan, tienen que concurrir a rendir las ganancias, ocasión en la que reciben nuevas dosis para seguir con el negocio.

Al llegar la etapa del reparto de los billetes, habitualmente el proveedor se queda con el 60 por ciento del dinero y los dealers con el resto.

Los aportantes de la droga, que siempre habrán de responder a un jefe, manejan un promedio de 6 o 7 vendedores callejeros, lo que les posibilita obtener más de 40.000 pesos por jornada, 280.000 en 7 días y alrededor de 2.000.000 mensuales a repartir entre los distintos integrantes de la organización.

Como en cada transacción comercial, siempre hay dearles que tienen sus clientes habituales, porque, una vez que se “tira la línea”, el vendedor y el comprador prefieren ir a lo seguro.

Izaguirre dice que al barrio porteño de Constitución “asisten compradores procedentes de otras zonas de Capital y que el accionar de los narcos tiene un incremento al aproximarse los fines de semana, porque jovencitos en vehículos se movilizaban en grupos por las calles del lugar para adquirir 5 o 6 gramos de cocaína rebajada”.

Pero además prostitutas y travestis prefieren dedicarse a la venta de estupefacientes porque opinan que es una actividad que les concede más seguridad que ofrecer servicios sexuales, ya que el riesgo de padecer agresiones o actos ligados a perversiones resultar menor. Constitución, donde hay predominio de personas oriundas de la República Dominicana que ejercen la prostitución vinculada al narcotráfico, constituye una de las tradicionales zonas rojas del ámbito capitalino, al igual que sectores Flores y Palermo, en los que ocurren ilícitos similares.