Por Alicia Barrios 
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No fue una sorpresa, se sabía que Alberto Fernández iba a encontrarse con Francisco. Aunque la reunión sea en la biblioteca del Palacio Apostólico, no es oficial. Esto significa, que será sin protocolo de gentilismo de sus Santita (gentilhombres de Su Santidad) quienes se visten de máxima etiqueta para recibir a los invitados del Papa, y sin desfile de La Guardia Suiza.

El Presidente viajará con una pequeña comitiva, entre quienes irá Fabiola, su mujer y no más de tres o cuatro funcionarios. En la previa, Jorge Bergoglio los va a recibir y saludar. Luego, a solas, conversaran los dos jefes de Estado. En ese mismo despacho estuvo con Mauricio Macri, la primera vez.

Si algo se puede anticipar es que Jorge Bergoglio, siempre estuvo, está y estará dispuesto a colaborar con su país.  

Debajo de la alfombra del escritorio, al alcance del pie derecho del Papa, hay un timbre que en esa oportunidad, sonó a los 21 minutos de iniciada la charla que Su Santidad dio por terminada en ese preciso instante. Después, hubo otra oportunidad, en octubre de 2016, para la canonización de Cura Brochero. 

Pasaron más de tres años, sin que existiera el menor intento de dialogo entre el ex presidente y el Papa argentino. Se puede hablar de indiferencia absoluta de parte de Macri y sus principales laderos. Si algo se puede anticipar es que Jorge Bergoglio, siempre estuvo, está y estará dispuesto a colaborar con su país.

A esto no rehusará Alberto como tampoco lo hizo Cristina, con quien en tres de las cuatro oportunidades que se vieron en Roma. En la intimidad de Santa Marta almorzaban y conversaban todo el tiempo que hiciera falta. Fue la única Presidenta que tuvo ese privilegio. No es que con Fernández sea diferente por una cuestión de distancia sino que la fecha del viaje coincide con que el viernes 31 de enero, la actividad del Papa se concentrará en el Palacio Apostólico.

El canal de diálogo entre los dos tiene y tendrá línea directa, sin intermediarios. Esta relación es un paso de acercamiento a un viaje papal a Argentina. Es un deseo sincero de parte de Fernández y de monseñor Oscar Ojea, presidente de la Comisión Episcopal. La decisión final es de Francisco, pero que se está haciendo todo lo posible no cabe duda. Se ve a simple vista.

El gran ausente es el Tango 01, el avión presidencial, porque esta fuera de uso, por decisión de la administración anterior. De haber sido posible volar por ese medio, hasta Dylan hubiera podido ir. Vale la pena recordar que Bergoglio abrió las puertas del Vaticano a los perros.