Hay diversas afecciones que suelen complicar el campo de visión de un ser humano y una de ellas es la ambliopía (también llamada "ojo vago" u "ojo perezoso"), que suele generarse cuando somos niños y que tiene que tratarse con suma rapidez para que no deje un daño permanente a futuro.

Se trata de una alteración en el desarrollo del sistema nervioso central que se manifiesta como una disminución unilateral, o en menor frecuencia bilateral, de la agudeza visual mejor corregida sin causa orgánica que la justifique. Esto quiere decir, que aquellos pacientes que la padecen tienen dificultades para ver las letras o dibujos en las pruebas de consultorio sin lograr mejoras con ningún anteojo.

¿Cómo se origina esta alteración?

En relación a esto, la doctora Agustina Piloni Durand (M.N. 159.910 y oftalmóloga del Hospital Italiano) relató que "esta afección se debe a que, durante la infancia, el cerebro no "aprendió" a procesar de manera correcta las imágenes que le envían nuestros ojos. Si un ojo envía una imagen de menor calidad que el otro, el cerebro tiende a "ignorar" la imagen borrosa invalidando el desarrollo del sistema visual de ese lado. Al no desarrollarse correctamente la vía visual, el ojo que veía borroso continuará viendo así por el resto de la vida".

Cabe destacar, que las causas de la ambliopía pueden llegar a ser variadas, ya que van desde la necesidad de uso de anteojos, o la presencia de desviaciones oculares, hasta causas más graves como las cataratas congénitas, como las principales.

Fácil de diagnosticar

Estos factores, que son fácilmente diagnosticables por un oftalmólogo, suelen pasar desapercibidos por otros profesionales que no cuentan con la tecnología adecuada para su detección, por lo que la consulta oftalmológica en los niños debe ser igual de importante que el seguimiento y control con su pediatra.

Lo cierto, es que la Asociación Argentina de Oftalmopediatría recomienda realizar controles oftalmológicos al nacimiento, a los seis meses de edad, al año y luego cada dos años regularmente.

 

Es por eso, que es clave la detección de esta alteración en los primeros años ya que radica en la reversibilidad del cuadro cuando se diagnostica y se trata oportunamente. Es decir, en la infancia, es posible mediante el tratamiento adecuado, estimular de manera óptima al cerebro para "enseñarle" a ver con mejor calidad, sin necesidad de suprimir ninguna de las imágenes que llegan a través de nuestros ojos.

Más grave de lo que se cree

Hay que tener en cuenta que esta alteración es considerada como una de las causas más graves de impedimento visual en el mundo, tiene una alta prevalencia en niños y genera una discapacidad visual permanente e irreversible si no se la detecta en la niñez.

Por tal motivo, los controles oftalmológicos desde el nacimiento son vitales para evitar las graves consecuencias que puede tener esta enfermedad, si no se trata de manera correcta en el momento preciso.

Falta de controles

Un estudio realizado en el Hospital Italiano detectó que el 33% de la población comprendida entre los 3 y 7 años, no realizó nunca un control con el oculista desde el nacimiento, razón por la cual suelen existir varios casos de chicos con problemas visuales en su infancia.

Este es un valor alarmante, ya que implica una falta de detección de los factores de riesgo causantes de ambliopía en la etapa de mayor plasticidad cerebral, en donde aún podemos “enseñar” a los ojos a ver bien. Por esto, un número de pacientes padecerán la enfermedad y tendrán discapacidad a largo plazo por no tratarse.

 

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