Desde que la ciencia logró secuenciar por completo el genoma humano se abrió la posibilidad de acceder a tests de ADN que permiten averiguar la historia genética de una persona, es decir, conocer a sus ancestros.

Estas pruebas de ancestralidad, como se las conoce, prometen revelar en simples pasos si un ser humano desciende de los vikingos, un emperador o los primeros hombres que habitaron el continente africano. Aunque, en realidad, solo permiten descubrir ciertos aspectos generales del árbol genealógico.

El testeo se puede realizar a través de un kit especial, accesible en muchas farmacias pero también online a través de páginas web de empresas especializadas e incluso en Amazon o Mercado Libre. Y aunque en una primera instancia podían llegar a costar unos US$300, en la actualidad se consiguen por un monto mucho menor.

De hecho, estos kits fueron de los productos más vendidos en Estados Unidos durante los últimos eventos de venta online, el Black Friday y Cyber Monday, según datos de Amazon.

¿Cómo funcionan?

Al contratar el servicio de uno de estos laboratorios el interesado recibirá un kit con palillos con algodón (hisopos especiales), debe pasarlo por la parte interior de su mejilla, guardarlo y reenviarlo a la empresa contratada.

El algodón recoge las células epiteliales de la persona, que, según aseguran en los sitios web de los laboratorios que ofrecen el servicio, serían las más indicadas para este tipo de análisis ya que contienen todo el genoma. La muestra se debe enviar por correo a el centro de análisis, donde se extraen los datos, que llegan al cliente tras un mes de espera.

Los científicos comparan el ADN humano, buscando signos que puedan dar pistas sobre el pasado. Es con estos análisis que es posible descubrir los orígenes de las personas, además de dar pistas sobre la evolución humana. Sin embargo, estos estudios son relativamente recientes, aunque aumentan cada día. Algunas regiones del mundo están más estudiadas que otras y, por lo tanto, presentan datos más precisos sobre las poblaciones. A medida que más gente se testee, más piezas del rompecabezas habrá para establecer similites y diferencias entre las personas que permitan realizar un mapa étnico del ser humano. El problema es que, para llegar a ese punto, hace falta que haya miles de millones de genomas secuenciados.

Las pruebas de ancestralidad se pueden realizar a través de un estudio de la saliva, desde la comodidad del hogar.

"Muchas de estas compañías (proveedoras de tests) lo que te dan es un informe de etnicidad, así que realmente no te dicen quiénes fueron tus ancestros, sino si tus características genéticas coinciden con algunos de los descendientes de tus ancestros", explicó el genetista Mark Thomas a la BBC.

Y es que normalmente este tipo de tests no comparan un ADN con el de personas que vivieron en el pasado, sino con contemporáneos. “Pero lo peor es que el cotejo muchas veces se limita a las personas que estén en la base de datos de la compañía, así que en muchos casos la lectura de tu genoma puede tener resultados diferentes según con qué empresa la realices”, advirtió Thomas.

En primera persona

Después de un largo y laborioso proceso de adopción en Brasil, Omar Ghanem, un farmacéutico de 44 años, y Reges Bessa, un fisioterapeuta de 40 años, se convirtieron en padres del pequeño Theo de 5 años. Antes de la adopción, Theo tuvo que someterse a cuidados de salud delicados pero no serios. Este fue un punto que les ayudó mucho a tomar la decisión de dar un paso juntos para conocerse aún más: hacerse un test de ascendencia.

Desde que la ciencia logró secuenciar el genoma humano creció la oferta de las pruebas de ancestralidad.

“Tomamos varios baldes de agua fría durante todo el proceso de adopción, pensamos que tomaría años, porque no conocíamos todos los procedimientos hasta que realmente participamos. Después de que llegó Theo y encontramos una forma más de fortalecer los lazos familiares, no lo pensamos dos veces”, dice Reges. Fue entonces cuando la familia decidió realizar la prueba de ascendencia que ofrece Genera para saciar la curiosidad por sus orígenes y, sobre todo, fortalecer los lazos como familia.

Después de recolectar el ADN y enviar las muestras de saliva al laboratorio, la familia esperó unos días por los resultados. Reges descubrió que su origen se divide entre África (46%) y Europa (43%); Omar es principalmente de Europa (74%), con un 63% de Italia. Las raíces de Theo, por otro lado, se dividen entre Europa (78%), Iberia (29%), Europa Occidental (20%), Europa del Este (15%) y Cerdeña (5%).

La familia aprovechó además para hacerse el análisis de predisposición a enfermedades y condiciones de salud. Según los resultados, el 68% (de 53 puntos) analizados son comunes entre los tres: mayor probabilidad de desarrollar intolerancia a la lactosa, mayor índice de almacenamiento de grasas, mayor ingesta de azúcar, mayor riesgo de fotoenvejecimiento, mayor riesgo de diabetes tipo 2. Vale la pena recordar que tener indicativos en el ADN no significa que la persona vaya a desarrollar determinadas enfermedades.

“Tener toda esta información nos permitió reflexionar sobre nuestros hábitos, pensar en formas de mantener una rutina saludable y llevar una dieta equilibrada. Finalmente, sabiendo que la mayoría de nuestras características son las mismas, nos volvemos más confiados y unidos como familia”, celebró Omar.

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