TERAPIA

Equinoterapia: la combinación perfecta de ayuda entre "personas y caballos"

Las terapias con caballo vienen desde las épocas de la guerra hace miles de años. En la época de los romanos se rehabilitaba a las personas que volvían de la guerra con los equinos. 

Hay cientos de enfermedades de toda índole en el mundo de la medicina, y que si bien algunas tienen diversos tratamientos para curarlas o mejorarlas, otras presentan ciertas terapias que le pueden mejorar la calidad de vida a una persona.

Una de ellas es la equinoterapia, en la cual un caballo es el gran protagonista que ayuda a niños y adultos en diversas patologías que estos pudieran tener.

Palabra de especialista

Para hablar de este interesante tema, Crónica dialogó con Celeste Álvarez Gómez (instructora de equinoterapia), quien definió a la misma como “una terapia asistida con caballos, usamos el caballo como un elemento para que el chico pueda tener ciertos estímulos a nivel físico, se tratan las discapacidades de lo que es motor, patologías que implican la parte motriz, lo que es psicológico, enfermedades como autismo y TDH, lo que es mental como esquizofrenia, patologías que son psicológicas y después tenemos lo que es parte de la rehabilitación para las personas que tienen un accidente, tiene alguna complicación que han perdido un miembro, se hace también una especie de rehabilitación”.

Sin edades en particular

Consultada sobre qué edades pueden llevarlo adelante o cuándo se puede dar su comienzo, Álvarez Gómez sostuvo que “es para todas, pero en realidad es a partir de los 2 años siempre que vengan con una autorización del médico de cabecera. No hay un ente que regule la equinoterapia en Argentina, entonces trabajo con un equipo interdisciplinario pero no podemos diagnosticar, por eso siempre tiene que venir derivado de su médico, pediatra, neurólogo, tiene que ser del especialista que trata al paciente recomendar que haga equinoterapia”.

¿Cuándo nace esta opción?

Un punto importante es saber cuál es su origen y beneficios, a lo cual la instructora comentó que “las terapias con caballo vienen desde las épocas de la guerra hace miles de años, en la época de los romanos se rehabilitaba a las personas que volvían de la guerra con caballos, y antes también. La idea en esa época cuando una persona perdía un miembro en una guerra hacían la rehabilitación con caballos, después estudiando se vieron los beneficios que tiene este animal con respecto a su temperatura corporal, a su cadencia cuando caminan, todo el movimiento tridimensional que el caballo hace generan en el cuerpo humano un montón de estímulos”.

Movimiento del animal

Álvarez Gómez agregó que “una persona paralítica que no puede caminar, cuando se sube a un caballo, este camina y el movimiento que hace es igual a la marcha del ser humano, entonces el cuerpo y la musculatura se mueven y la cadera y para esto hay que saber cómo sentar al paciente, pero se mueve el cuerpo del ser humano como si estuviera caminando, entonces todo el estímulo que recibe a través del sistema nervioso llega al cerebro y estimula tanto al cerebro como al sistema nervioso y la musculatura como si la persona caminara, por eso es importante, porque no es solo el hecho de subir al caballo y la parte emocional, sino que hay una parte física a través del movimiento y el calor que genera beneficios en el cuerpo”.

Primeros resultados y tiempo

Algunos de los interrogantes que dan este tipo de terapias, es en cuánto tiempo se pueden ver los resultados, a lo que la especialista argumentó que “es rápido y depende del paciente, porque no es lo mismo una persona que tiene una parálisis general que alguien con una hemiparesia, o alguien que viene por autismo, pero en un mes o dos ya se ven mejoras. Estuve con chicos autistas que no te hablaban o no te miraban, y en dos meses logramos que miren y tararean una canción o los chicos vienen con una hemiparesia que tiene la mitad del cuerpo con menos movilidad, lo que genera que los músculos se vayan achicando y se empiezan a deformar los miembros, se acortan los músculos y con el calor del caballo y los ejercicios, logramos que los chicos puedan mover esos miembros, comenzar a usar la mano en dos o tres meses”.

“Es tan agradable conectarse con el animal, estar al aire libre porque esos chicos tienen un montón de terapia en muchos consultorios, entonces de golpe uno los sube a un caballo al aire libre conectado con la naturaleza, el sol, a través del juego, porque todas las terapias son a través del juego con los niños, y los predispone de otra manera y toda esa parte también ayuda un montón”, agregó la especialista en este campo.

Características de un caballo

Si bien la terapia tiene como protagonista a un caballo, poco se sabe sobre cómo tiene que ser animal para realizar la recuperación, a lo cual, Álvarez Gómez argumentó que “lo principal es el carácter, tiene que ser dócil, en general los caballos jóvenes tiene mucha energía y tendría que ser un caballo no viejo, pero que tenga ya una edad donde el carácter lo tenga más asentado y hay que ver el tamaño del caballo, por el ritmo que tiene el animal cuando camina, la cantidad de pasos que da, es lo que influye en el cuerpo de un paciente. Entonces un caballo chiquito da pasos muy cortitos y eso significa mucho estímulo y un caballo grande da pasos grandes y los estímulos son más distanciados, lo ideal es un caballo mediano”.

La instructora agregó que “el caballo tiene que estar a una altura donde lo pueda sostener porque hay chicos que hay que ir llevándolos y después adiestrarlos, porque jugamos con pelotas, aros, elementos para hacer ejercicio y el caballo tiene que ser supermanso, tiene que tener una mansedumbre de saber estarse quieto si trabajamos. En las clases lo ideal es trabajar siempre en movimiento, que el caballo siempre camine, más camina más estímulo va a recibir el paciente, pero si tenemos que trabajar de parado o con los chicos de abajo para que ellos los acaricien, el caballo tiene que ser una estatua o se tiene que quedar quieto y eso depende la mansedumbre que tenga”.

Conocimiento sobre el tema

Álvarez Gómez finalizó diciendo que “es clave que una persona sepa de caballos tanto para participar en la clase para llevar el caballo de tiro o ser la persona que esté al lado, siempre tiene que haber una persona en el equipo que sepa de caballos, es muy riesgoso si no es así, tiene que saber y si trabajamos con un caballo tenemos que saber manejarlo. Hay gente que sabe de la salud o hace cursos pero nunca estuvo con caballos o aprendió en el curso y no es fácil, porque un dolor puede hacer que un caballo esté enojado, entonces tenés que fijarte antes de la clase si el animal tiene algún dolor en el lomo o una pata, limpiar los cascos y por ahí no te das cuenta, y el caballo tiene un dolor y cuando venís con el chico se enoja, eso es prever".

¿Qué ocurre en otras latitudes?

Si bien en nuestro país aún faltan algunas herramientas para estar a la vanguardia en este importante campo, hay otras naciones y especialistas que están marcando el rumbo de la equinoterapia y que son un verdadero ejemplo de que como encarar este tipo de terapias.

“En otros países hay carreras y los centros de equinoterapia son lugares que tienen a los especialistas con consultorios, y el equipo interdisciplinario trabaja con el chico en consultorio y después en la pista. Acá hay muy pocos lugares que hacen eso porque es muy caro, las mejores que conozco son Edith Gross que tiene libros y Renate Bender, que son dos alemanas que están radicadas, una en México y la otra en Chile, que tiene unos centros que son terribles y un especialista español en autismo y TDH, que es un genio que trabaja en los colegios inclusive como gabinete en el colegio y tiene un centro de equinoterapia y se llama Juan Vives, un referente en autismo y TDH”, argumentó la instructora.

“Ellos vienen a dar cursos, supongo que se pagan en dólares y todo eso, que son cursos cortos de 3 o 4 días, con lo básico que tiene que hacer una persona que asiste una clase de equinoterapia, y más que nada para los auxiliares que están acompañando la clase que van al costado del caballo. Casi siempre en las clases está la persona que dirige la clase y el auxiliar, quien es el que alcanza los elementos, que ayuda a subir y bajar al nene, puede llevar o no el caballo o se queda al costado”, finalizó diciendo Álvarez Gómez.

Sesiones y tipo de animal

Un tema a tener en cuenta es cuánto dura cada sesión, y es que según el predio donde se lleve a cabo la equinoterapia, las mismas pueden variar, ya que algunas son de media hora, otras de 45 minutos y existen las que llegan a la hora según el tipo de patología y necesidad del paciente.

Está demostrado que la terapia puede ayudar en casos como parálisis cerebral, síndrome de Down, autismo, trastorno de la conducta, trastorno del habla, síndrome de Asperger, discapacidades cromosómicas, Parkinson, Alzheimer, obesidad, depresión y diversos problemas psiquiátricos. En cuanto a cómo tiene que ser el animal, lo recomendable es que sea un caballo no muy alto, tiene que tener una frecuencia de 60 a 90 pasos por minuto y muy manso de carácter.

Por G.A.

 

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