Qué es la esclerosis múltiple, cuántos argentinos la padecen y por qué no tiene cura
Cada 30 de mayo se conmemora esta fecha para generar conciencia sobre una enfermedad neurológica crónica que afecta a entre 17.000 y 18.000 personas en la Argentina y a casi tres millones en todo el mundo.
Cada 30 de mayo, el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple convoca a pacientes, especialistas y organizaciones de salud en todo el planeta para visibilizar una enfermedad que, pese a los avances médicos de las últimas décadas, todavía no tiene cura. La conmemoración fue impulsada en 2009 por la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple con el objetivo de reunir a la comunidad internacional para compartir experiencias y alternativas para contrarrestar la enfermedad.
Qué es y cómo afecta al cuerpo
La esclerosis múltiple es una afección autoinmune que ataca al sistema nervioso central, en la que los procesos inflamatorios dañan la vaina de mielina, la cubierta protectora de las neuronas. A medida que el daño progresa, los impulsos nerviosos disminuyen o se detienen, causando una amplia variedad de síntomas que incluyen la pérdida de funciones físicas y cognitivas.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la fatiga intensa, problemas de visión, debilidad muscular, dificultades de coordinación y equilibrio, entumecimiento u hormigueo en distintas partes del cuerpo, y problemas de memoria y concentración. La enfermedad recibe el nombre informal de "las mil caras" precisamente porque se manifiesta de manera distinta en cada paciente.
A quiénes afecta
En Argentina, la prevalencia es de 38 casos por cada 100.000 habitantes, lo que implica que entre 17.000 y 18.000 personas viven con esta condición, siendo el país de mayor prevalencia en América Latina.
La enfermedad se diagnostica con mayor frecuencia entre los 20 y los 40 años y es la principal causa de discapacidad física de origen no traumático en adultos jóvenes. Su aparición es además más frecuente en mujeres, en una proporción de tres por cada varón. Uno de los problemas más señalados por los especialistas es el retraso en el diagnóstico: estudios realizados en doce países de América Latina, incluyendo la Argentina, indican que entre el 20 y el 50% de los pacientes enfrentaron una demora de al menos dos años hasta recibir un diagnóstico certero.
Tratamientos: sin cura, pero con avances
Aunque todavía no existe una cura definitiva, los avances médicos y científicos han permitido mejorar significativamente los tratamientos y la calidad de vida de quienes padecen la enfermedad. Hoy existen tratamientos tanto para las formas de brotes y remisiones como para las formas progresivas, además de fármacos que contribuyen a tratar las secuelas neurológicas que pueden quedar tras cada episodio.
Los especialistas insisten en que el diagnóstico temprano es clave: un tratamiento iniciado a tiempo puede modificar el curso de la enfermedad, reducir la discapacidad residual y mejorar el pronóstico a largo plazo.

