De jugar semifinales en Roland Garros a vender autos: ¿Qué fue de la vida de Clarisa Fernández?
El 4 de junio de 2002 Clarisa alcanzó un hito en el tenis femenino de Argentina. Las lesiones la obligaron a retirarse joven pero se dedicó a estudiar y hoy lidera un equipo de 40 personas.
Clarisa Fernández tenía un futuro prometedor como tenista profesional, su habilidad la llevó a ser semifinalista del torneo Roland Garros en 2002, pero decidió retirarse. De vuelta en Córdoba, su hogar, se dedicó a terminar el secundario y luego estudió Administración de empresas. Hoy lidera un equipo de ventas conformado por 40 personas en una concesionaria.
El retiro en la vida de un deportista abre todo tipo de caminos, para Clarisa, cuyas lesiones la obligaron a colgar la raqueta, el destino la llevó a trabajar en el área de ventas, en donde -asegura- puede implementar el manejo de las emociones que aprendió de sus días en la cancha de tenis.
“Soy la misma persona y cuando tengo situaciones de estrés me digo ‘relajate, hace 20 años te tocó enfrentar con una raquetita a jugadorazas’. La diferencia es que la tenista es pública, pero la mentalidad es la misma, somos seres humanos frente a desafíos”, explicó a La Nación.
El 4 de junio de 2002 Clarisa alcanzó un hito en el tenis femenino de Argentina cuando llegó a las semifinales de Roland Garros. La última en lograr meterse entre las mejores 4 de un Grand Slam había sido Gabriela Sabatini, diez años antes.
En aquel entonces, se ubicaba en el puesto 87º del ranking y sorprendió a todos cuando superó a Kin Clujsters, una de las mejores jugadoras del momento. “Clijsters para mí era una muralla. Cuando entré a la cancha vi que todos eran belgas y yo... visitante. Me empecé a reír, lo tomé positivo y entré relajada. Gané 6-4 el primer set y cuando me senté en el descanso pensé que tenía que hacer algo diferente porque si no iba a perder”, recordó Clarisa en la entrevista que le hicieron. “La lógica fue: mi punto débil es el revés, me va a salir a atacar por ahí, así que a la primera que me busque, le tiro un winner. Dicho y hecho. Después se bloqueó y le gané 6-0, afirmó.
Al terminar el duelo con Clijsters, se cruzó con Elena Dementieva, que le preguntó cómo le había ido: “Cuando le dije que gané puso una cara de sorprendida y de miedo que dije ‘si juego contra ella, le gano’, aunque sabía que era mil veces mejor que yo. Y así fue: me dio tanta confianza verle la cara que le gané”.
Luego era el turno de competir con su compatriota, Paola Suárez, candidata en el duelo de argentinas, pero Fernández terminó ganando. En semifinales terminó su hazaña luego de enfrentar a una joven pero potente Venus Williams. “Estaba desorientada y no me pude acomodar. Después me sorprendió el anticipo: pegaba, levantaba la cabeza y tenía de vuelta la pelota en otro lado”, reveló al medio.
Después del torneo le detectaron un problema de nacimiento en los cartílagos de las rótulas. Durante los seis años siguientes, fue intervenida tres veces y vio numerosos especialistas, pero no pudo superar los dolores.
Llegó a estar 26ª en el ranking mundial y reiteradas veces entró y salió de las 100 mejores hasta su retiro definitivo. “No fue una decisión que yo tomé: me corrieron las lesiones. Me daba cuenta de que cada vez tenía más dolor. Fue un momento duro: volver a Córdoba y ver dónde estaba parada. Recuerdo que cuando dejé de jugar cerré los ojos y pensé qué quiero hacer de mi vida. Yo sabía que el tenis no era para siempre y mi idea siempre fue echar raíces acá porque tenía claro que no quería vivir viajando”, recordó.
En 2008, a los 26 años, Fernández rindió el último año del secundario en un acelerado de adultos. Luego se recibió de Licenciada en Administración de empresas y realizó una especialización en ventas y en atención al cliente.
Ahora, con 40 años, trabaja en una concesionaria de automóviles en su Córdoba natal. “Las ventas tienen la misma competencia que un deporte: salir a vender, manejar objeciones, hacer un cierre... También las habilidades blandas son para toda la vida. En una cancha durante una hora y media se siente miedo, angustia, tristeza, orgullo, felicidad y si podés gestionar ese shock de emociones, tenés un paso adelante en todo lo demás que quieras hacer”, aseguró.
Clarisa es madre de dos niños, da clases de tenis a un grupo de amigas, brinda charlas del manejo de las emociones en la cancha para jóvenes y capacitaciones en gestión deportiva para los clubes de tenis.

