Esta semana se cumplió un nuevo aniversario del hundimiento del TitanicPasaron 110 años desde la trágica noche en la que murieron casi 1500 personas luego de que el transatlántico británico chocara contra un iceberg. Esta historia inspiró 80 años después a la película que tuvo a Kate Winslet Leonardo DiCaprio como protagonistas.

¿Cuánta gente murió en el Titanic?

En la noche del 14 de abril de 1912 el RMS Titanic, en su viaje inaugural, chocó contra un iceberg y se hundió por completo en la madrugada del 15 de abril. El barco inglés había partido desde la ciudad de Southampton con destino a Nueva York, Estados Unidos. 

La nave transportaba a 2223 pasajeros, de los cuales murieron 1517 sobrevivieron 706, el resto terminó en el fondo del mar, según datos de un informe del Senado estadounidense sobre la tragedia del transatlántico construido entre 1909 y 1912. 

El Titanic fue construido en Irlanda. (Archivo).

De los más de 700 sobrevivientes del Titanic, la última en morir fue Millvina Dean en 2009 a los 97 años, ella era una bebé de 9 semanas cuando se hundió el barco. 

Entre las personas que abordaron el barco se encontraban pasajeros del más alto nivel adquisitivo e inmigrantes irlandeses, británicos y escandinavos que buscaban vivir mejor en el mal llamado nuevo continente. Sin embargo, ellos no fueron los únicos porque también viajaron en el  Titanic dos argentinos. 

¿Quiénes fueron los argentinos que viajaron en el Titanic?

En 1912 la promoción del barco se basaba en decir que era "el más seguro del mundo" y que era "incapaz de hundirse", pero la historia ya es conocida y se sabe que no fue así. En este sentido, al no preocuparse o preveer un posible hundimiento no se tomaron la molestia de contar con la cantidad necesaria de botes salvavidas en caso de un factible desastre. 

En las últimas décadas muchas historias se conocieron sobre el barco más famoso del mundo, una es sobre los dos argentinos que vivieron en carne propia la tragedia marítima. Un cordóbes y una bonaerense abordaron el barco que naufragó.

Violeta Constance Jessop nació en Bahía Blanca, Buenos Aires,  y fue una de las 23 mujeres que trabajaba en el barco. Ella era camarera y estaba atendiendo una de las mesas de primera clase cuando el  desastre había empezado.

La joven bahiense era la mayor de nueve hermanos y cuando era chica enfermó de tuberculosis, por lo cual ella y su familia se mudaron a Mendoza porque el aire de esa región mejoraba su salud. Cuando su padre falleció, la familia se mudó a Inglaterra y su mamá para sosterner a sus hijas e hijos comenzó a trabajar como camarera en distintos navíos. 

Violeta siguió los mismos pasos que su mamá y desempeñó sus tareas laborales en barcos durante más de 40 años. Cuando el Titanic se hundía, un oficial le exigió a ella y otras trabajadoras que se subieran a uno de los botes salvavidas para dar el ejemplo y que los demás pasajeros, incrédulos de lo que se venía, abordaran los barcos y no muriesen en el mar. 

En medio del caos, a la joven argentina le entregan un bebé que ella cuidó hasta llegar a tierra. Unas décadas después, ya entrada en la ancianidad, recibió el lamado de un hombre que le dijo ser el pequeño que ella salvó. Además de ser camarera también trabajó como enfermera en la Primera Guerra Mundial.

Violeta trabajó como enfermera en la Primera Guerra Mundial. (Archivo).

La argentina sobrevivió a tres naufragios y siguió trabajando en barcos hasta principios de la década de 1950. Ella murió en su casa en Inglaterra a los 84 años.

Edgardo Andrew tenía 17 años cuando abordó el Titanic, había nacido en San Ambrosio, Córdoba, y debía viajar para encontrarse con su hermano Alfredo, que estaba instalado en Estados Unidos e iba a casarse en Nueva Jersey. 

Alfredo estaba en Estados Unidos porque era ingeniero naval de la Armada Argentina y su tarea era supervisar la construcción de los buques argentinos Rivadavia y el acorazado Moreno. Edgardo se encontraba en Inglaterra porque en 1911 había sido enviado a Londres para comenzar la misma carrera que su hermano y seguir los mismos pasos que él.

El destino de Edgardo quedó trunco, el plan original era viajar en el Olympic, otro transatlántico que pertenecía a la misma empresa que el Titanic, unas semanas después que el barco hundido. Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba y el destino hizo que tuviera que cambiar el pasaje y viajar cuanto antes.

Edgardo tenía pensado seguir los mismos pasos que su hermano.

Los carboneros estaban en huelga y eso hizo que la salida del Olympic tuviera que retrasarse aún más porque la gran mayoría de el carbón estaba destinado al viaje inaugural de el Titanic. El pasaje le salió todavía más caro y no pudo tener un encuentro con su amiga porteña Josefina Cowan, con quien tenía más que un interés amistoso. 

“Sé muy bien que la noticia de mi partida será muy dura, pero paciencia, así es el mundo. Ya me imagino cuánto sentirá usted que yo no me encuentre en ésta cuando usted venga, pero no por esto se desanime Josey, pues sirve para pasar lo mejor que pueda el tiempo. No puede imaginarse cuánto siento el irme sin verla y tengo que marchar y no hay más remedio”, decía la carta que Edgardo dejó para Josefina Cowan en la casa de las tías de la joven, que era el lugar donde ella vivía.

Cuando la catástrofe comenzó, el joven argentino estaba cenando en uno de los salones con Jacob Milling, un empresario danés, y Edwina Minnie Trout, una maestra inglesa. Al enterarse de el choque lo tomaron con calma porque supuestamente el Titanic era "indestructible". Minutos después, Edgardo y cientos de pasajeros corrían por su vida. 

El cordobés agarró un salvavidas y corrió por su vida, en medio vio a Winnie llorar desconsoladamente y le dio su salvavidas. Cuando tomó noción de que no había lugar para todos en los botes, se subió a una baranda y se metió dentro del agua helada, al igual que tantos otros. Nunca se supo nada más de él, hasta que la joven maestra contó su historia décadas después.