El termo verde militar Stanley se ha convertido prácticamente en una extensión de la mano de muchos materos. Se lleva de acá para allá, y si te gusta el mate, la sociedad argentina te ha convencido de que es casi una obligación tenerlo. Arribó al país en 2015 y la población se casó con el a pesar de su elevado precio que lo hace inaccesible para algunos.

¿A qué se le atribuye el éxito? ¿Será su capacidad para mantener el agua siempre caliente, o su estrategia de marketing en redes sociales? Porque buenos termos hay muchos, pero ninguno logró la presencia que tiene el Stanley en el mercado. Le tomó años lograr que su nombre tenga semejante peso, y todo empezó con la creatividad de un físico llamado William Stanley, que murió sin ver el despegue mundial de su creación. 

El científico pertenece al siglo XIX donde antes de fabricar este termo emblemático ya era conocido por contar con más de 100 patentes de inventos y además haber contribuido al desarrollo de la corriente alterna en 1886, al perfeccionar un transformador. Varios de sus inventos los vendió a General Electric, y la firma lo contrató para que le diera soporte desde su laboratorio. Ahí mismo nacería el Stanley.

Por aquel entonces, eran populares las botellas térmicas con interior de vidrio que solían romperse. Este ingeniero elocuente, en su intento de querer aislar una cocina eléctrica para GE, descubrió que dichas botellas podían ser transformadas en algo funcional para su objetivo si las hacía de acero. Dos años más tarde comenzó su producción en masa con el nombre de Ferrostat bajo el paraguas societario de Stanley Insulating.

Pero el científico no vivió para ver el auge de su creación. Falleció a los 57 años y aquellas botellas de acero quedaron a cargo de una firma de inversión neoyorquina que contrató otro ingeniero para que las supervisara. En 1921 la marca pasó a manos de Landers, Frary & Clark, que mudó su producción a Connecticut para incorporarla a su línea de productos para el hogar. Pasó por varios dueños hasta que en 2002 se quedó con Pacific Market International (PMI), con sede en Seattle.

La explosión en Argentina

El proyecto en Argentina nació en 2012 de la mano de la empresa importadora y representante de marcas internacionales, Parallel. Le ofrecieron a PMI introducir el producto en el mercado local, aunque adaptándolo a los usos que le darían los argentinos. Siendo estos los más fanáticos del mate y los primeros en necesitar conservar el agua caliente, no podía haber margen de error. 

Así fue como desarrollaron en conjunto un nuevo modelo de termo con pico cebador. Luego, en febrero de 2020, lanzaron un mate que solo se comercializa en el país. En pocos meses se vendieron más de 20.000 unidades.

Lo último que faltaba era posicionar la marca en el mercado y darle visibilidad al termo verde. Para eso acudieron a una aguda estrategia en redes sociales, presencia en eventos como La Rural y campañas con embajadores.