La vuelta de un hábito: lo que antes se tiraba, ahora se manda a arreglar
El bolsillo familiar en un contexto económico que no pasa por su mejor momento requiere estirar el presupuesto al máximo posible. Dentro de este panorama, hay un oficio que resurge o que es cada vez más solicitado: el de los maestros de la reparación.
En tiempos de bolsillos cada vez más flacos, el fin del calendario mensual resulta cada vez más lejano económicamente hablando y no queda otra que arremangarse o, mejor dicho, arreglarse. Pero no con lo que se pueda, sino volviendo a una costumbre que en algunos casos resurgió y en otros nunca se fue: la de recurrir a los maestros de la reparación.
"Están proliferando distintos trabajos que ayudan a compensar de cierta manera lo que pasa con el salario real de algunas personas", explica Juan Carlos Rodríguez, un periodista que hace cuatro meses agregó a su vida laboral una nueva actividad: la reparación de calzados.
La historia comenzó con él arreglando sus propias zapatillas y zapatos, luego pasaron a ser las carteras y mochilas de sus nietas y, finalmente, dio el gran salto a emprender un nuevo oficio. "Reparo todo lo que me llega: calzados de cuero, zapatos, zapatillas deportivas y urbanas, botines de fútbol, carteras, riñoneras, mochilas, cintos, materas o valijas de viajes. En todos los casos siempre son reparaciones artesanales", cuenta a Crónica desde la localidad bonaerense de Villa Rosa.
Luego, sigue: "Una bota de cuero de dama que cuesta en promedio 100.000 pesos, cambiándole la base del taco o reparando el cierre le puede salir 20.000 o 30.000 pesos el arreglo y le queda para usar varios años más. Unas zapatillas deportivas rotas y despegadas, reparadas y cosidas le puede salir 15.000 pesos".
Pero no solo prolifera la recuperación de zapatos, zapatillas y botas, sino también la de prendas de vestir que a simple vista parecerían no tener posibilidad alguna de volver a ser usadas. "Siempre tuvimos trabajo, mi señora viene desarrollando esta actividad desde hace 30 años, pero es verdad que en los últimos tiempos hubo un incremento. El hecho de habernos expandido, con los locales y en las redes, potenció mucho ese crecimiento. Y, a nivel general, también tiene que ver con los costos de la ropa en los locales a cielo abierto y en los shoppings".
Otro sector que no queda afuera de la oleada de "lo mando a arreglar si se rompe", a pesar de las ofertas y los beneficios que pueden llegar a ofrecer los negocios de venta, es el que agrupa a los electrodomésticos. Al respecto, Gastón Movia, quien tiene un local del rubro en el barrio porteño de Villa del Parque, considera ante la consulta de Crónica: "La demanda es nueva, aunque por ahí se esperaba que bajara un poco por las promociones en pagos en cuotas que hay en los grandes locales y supermercados, la gente, en su gran mayoría, tiende a reparar lo que tiene. Aunque esto pasa por diversos factores, principalmente tiene que ver con el costo, dado que un arreglo cuesta el 25% del costo de un artefacto nuevo".
Movia revela dos particularidades que ayudarían a explicar el renacimiento de su actividad. "Una radica en la reparación de equipos de audio, más que nada en los antiguos porque son mejores, ya que hoy en día los parlantes son muy chicos y antes venían de tamaño mucho más grande y con sonido más amplio. Además, volvió la moda de los vinilos y con ellos, los repuestos". En tanto que la segunda singularidad tiene lugar en la concurrencia, cada vez mayor, de adolescentes que entregan la olvidada cámara digital de sus padres para arreglar. En este sentido, Gastón detalla: "Le pregunté a una clienta por qué tantos chicos quieren recomponerlas y me contestó que se debe a que están de moda las fotos vintage".
Diferentes muestras de aferrarse a lo que uno tiene, no sólo por un valor afectivo, sino principalmente por motivos meramente económicos, y además por la calidad, muchas veces superior a lo nuevo. No se trata de volver al pasado, sino de asegurarse el futuro.

