Leonardo Da Vinci ha sido una de las mentes más poderosas de la historia, ya que sobre él descansan cientos de pinturas, inventos y terminologías difíciles de comprender para la época medieval, pero que con el paso del tiempo demostraron ser genialidades, y uno de sus "pupilos" del siglo XXI vive en la provincia de Córdoba y es dueño de diversas invenciones.

Se trata de Joel Príncipe (23) quien estudia para ingeniero en software pero sus innovaciones, hicieron que sus ideas y tecnología conformen una pareja ideal, sobre todo en el campo de la agricultura.

 

A los 15 años compró un Fiat 600 que manejaba por las calles de tierra del campo, en el parador cordobés de San Ambrosio (ubicado a 20 kilómetros de la ciudad de Río Cuarto), y un día volviendo de la escuela no lo pudo frenar y se dio vuelta. El auto siguió funcionando: apenas se abolló el techo y sin saber qué hacer con el Fitito, Joel lo dejó estacionado bajo un árbol.

“Lo miré varios días entre las plantas. A la semana siguiente se me ocurrió cortarle el techo”, sostuvo y agregó que “a la otra decidí acortarlo. Para eso le saqué los asientos de adelante y solo le deje los de atrás”.

Un Fiat 600, el primer retoque que hizo Joel Príncipe.

“Soy un chico de campo y desde que tengo uso de razón estoy entre máquinas, tractores y camiones. Mi padre, Hugo, es contratista al igual que mis abuelos. Se dedica a la siembra y la cosecha, y siempre lo acompañé”, relató.

Joel Príncipe: primera invención

A los cinco años construyó un ventilador para combatir el calor y lo hizo con un motor de un trencito de juguete, lo desarmó, encontró en la casa unas aletas y unió los cables. “Nos habíamos quedado sin luz, algo muy frecuente en la zona y quería dormir fresco. Me ayudó mi viejo”. “Juntaba motores de los controles remotos y los volvía a ensamblar. Pasaba horas así”, agregó el joven 23 años.

A los 20 años adaptó una bicicleta fija para que, al pedalear, cumpla la función de un cargador de celular. El artefacto cuenta, además, con una luz led que avisa cuando se inicia la corriente y después, le instaló un sensor a los vehículos, que no permite que se maneje alcoholizado.

 

Además de su inteligencia, Joel debe hacer malabares para conseguir los materiales, por lo que muchas veces se arregla con lo que tiene a mano. “Siempre encuentro algo en casa y sino Internet me salva. Pido muchas cosas por ese medio. Lo malo es que trabajo mucho con prueba y error, entonces muchas piezas no sirven. Igual no tiro nada, porque en algún momento sé que les voy a encontrar una utilidad”.

Por su ingenio en la zona lo apodaron "El Da Vinci de Córdoba" y dice que ese título le queda grande y que aún le falta mucho por aprender. Lo cierto es que se corrió el rumor de su creatividad en Río Cuarto y los pedidos no tardaron en llegar. “Hace un tiempo, un productor me dijo si podía lograr autonomía para su tractor y le hice un control remoto. Funcionó, pero no sé si lo seguirá usando”, admite.

Inteligencia al "volante"

El volante manos libres que ideó para una cosechadora es el ejemplo perfecto: “Quería optimizar el trabajo del operador para que pueda conducir un poco más relajado, y concentrarse en las otras tareas, como por ejemplo, descargar la tolva en el acoplado autodescargable, revisar la limpieza del grano que llega a la tolva de la cosechadora, y hasta cebar mate, sin incurrir en errores de manejo”.

“No sigo mucho la teoría. Voy probando. cambio la forma todo el tiempo, modifico los procesos. Hay veces que me dan ganas de tirar lo que hago. Pero le busco la vuelta hasta que funciona”, agregó Joel.

Camino a la inclusión

Tras terminar el secundario en la Escuela Salesiana, Joel optó por trabajar, y en sus tiempos libres hacía cursos de electrónica. En enero de 2020, dejó el campo para instalarse en la ciudad, alquiló un departamento en Río Cuartose anotó en la carrera de Ingeniería de software.

Pronto vino la pandemia, y con más tiempo libre, junto a su tío, se dedica a calibrar pilotos automáticos para la agricultura de precisión. “Se orienta a lo que estoy estudiando, aprendo a diario”, dice. Lo cierto, es que está constantemente buscando talleres o cursos en internet para seguir nutriéndose. “Veo que la educación se ha precarizado mucho en los últimos años. Si bien en la escuela me dio muchas herramientas también tuve que salir a buscarlas para poder insertarme laboralmente. Se debería aggionar la metodología de cara a un futuro mejor. La necesidad te pone objetivos que no se ven hasta que la tarea diaria las impone”.

 

Después de varias creaciones sueña con transformar la vida de los demás, y siempre en la Argentina y no se imagina viviendo en el exterior. “Estoy ideando algún sensor para que las personas con discapacidad audiovisual puedan hacer deporte. No quiero decir mucho porque recién lo estoy probando. Me motiva brindar soluciones, creo en pensar con conciencia social”, finalizó diciendo.