¿Un avance en la cura contra el cáncer?: un estudio develó datos alentadores para combatir la enfermedad
Una investigación que comenzó en busca de establecer las causas del cáncer podría funcionar como guía, según un estudio publicado este miércoles en la revista Nature. Más detalles, en la nota.
Una investigación que comenzó en busca de establecer las causas del cáncer podría funcionar como guía, utilizada como herramienta en busca de tratamientos más efectivos contra la enfermedad: ahora el objetivo sería predecir la enfermedad para evitarla.
Se trata de un estudio publicado este miércoles en la revista Nature, considerado parte de la elite de la ciencia a nivel mundial, del cual participaron cientificos calificados de diferentes entidades que aportaron sus conocimientos en el area.
El biólogo computacional del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y coautor de uno de los estudios, Geoff Macintyre, tuvo expresiones alentadoras tras conocer los resultados del analisis.
Según precisó, los trabajas consistieron en casi 7000 tumores de 33 tipos distintos en primera instancia. Mientras que la segunda etapa se trató de más de 9000 tumores y 21 aberraciones similares.
“Empezamos a ver algo de lógica en medio de la locura”, resumió el investigador australiano de 41 años en relación a que “los tumores con menos supervivencia, como los de ovario, páncreas, esófago, pulmón o glioma cerebral, tienen un alto grado de inestabilidad genómica. Hasta ahora no se han podido comprender las consecuencias de este caos genómico porque es distinto en cada paciente”.
Nuestro genoma humano estaría compuesto por 23 cromosomas, pero los tumores afectarían nuestro sistema multiplicando algunos o borrando otros. Estas transformaciones aportan la maquinaria molecular para que los tumores crezcan mucho más rápido que los tejidos sanos, escapen del sistema inmune y se vuelvan intocables para algunas terapias oncológicas.
Macintyre estableció en su estudio que dichas lesiones, denominadas inestabilidad genómica, están presentes en casi todos los tipos de tumor y en el 100% de las metástasis, la causa del 90% de todas las muertes por cáncer.
Es decir que, quien consiga entender y eliminar esta genómica enloquecida podría frenar los tumores más letales.
Los 17 patrones identificados son universales, independientemente de dónde esté el tumor. El primero es un reparto desigual de cromosomas entre las células cancerosas, con lo que algunas pierden capítulos mientras otras los llevan dos veces. El segundo provoca repeticiones y amputaciones consecutivas, precisó.
Por su parte, la investigadora del CNIO Bárbara Hernando se dio cuenta de que estos patrones delirantes dejan al descubierto moléculas y mecanismos ausentes en células sanas que se pueden atacar con fármacos ya conocidos.
Se trata de una bióloga molecular castellonense de 33 años, ganadora de varias medallas de oro en España en pentatlón, que ha recopilado hasta 44 ejemplos de terapias dirigidas a errores genéticos del cáncer que ya están aprobadas para un tipo específico de tumor y que podrían también servir contra tumores de mal pronóstico que presentan uno o más patrones de inestabilidad.
Hernando explicó también que los patrones predicen cómo evolucionarán los tumores y si serán vulnerables a compuestos de platino, un tipo de quimioterapia. “Estos biomarcadores abren la posibilidad de aplicar terapias de cáncer de forma universal”, resume Hernando.
Atacar la evolución de los tumores
El científico Abel González, del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, coordina un proyecto europeo de 10 millones de euros para caracterizar todos los cambios genéticos a pequeña escala que hay en cada tumor con la esperanza de mejorar su tratamiento.
“Este nuevo estudio va un paso más allá porque aporta biomarcadores a gran escala genómica con los que abordar el diagnóstico y tratamiento del cáncer de forma más general”, resaltó.
El futuro sería dar el mismo fármaco contra muchos tipos de tumor distintos. Ya hay algunos ejemplos, como una inmunoterapia que se suministra si el paciente tiene una mutación concreta, independientemente de dónde esté su tumor, o los inhibidores de PARP, inicialmente dirigidos a una mutación del cáncer de ovario, pero que se están probando en otras clases de tumores que tienen el mismo defecto.
“Muchas veces se buscan las mutaciones causales del cáncer y no se hallan”, explica Andrés Aguilera, premio Nacional de Genética. “Estos nuevos perfiles de inestabilidad genómica permitirían identificar tumores susceptibles a fármacos diseñados para pacientes en los que sí se conocen esas mutaciones. Pero el éxito probablemente dependa mucho del tumor de cada uno”, opinó.
En 2020, el mayor estudio genómico sobre el cáncer abrió la puerta a detectar un tumor antes de que aparezca, mediante la localización de mutaciones causales peligrosas. Macintyre era uno de los autores de ese trabajo. “Si realmente queremos curar los cánceres con alta inestabilidad genómica, hay que intervenir antes de que sucedan”, explica ahora.
El cáncer de ovario presenta un reto brutal, pues la enfermedad apenas presenta síntomas externos y las primeras mutaciones suceden 20 años antes del diagnóstico. Algo similar pasa con el cáncer de páncreas.
El siguiente objetivo de Macintyre es intentar adelantarse al cáncer de pulmón analizando unas pocas células extraídas durante pruebas diagnósticas como la broncoscopia que podrían alertar de alguna mutación causal. ¿Qué hacer entonces, si el paciente aún no tiene cáncer? “No lo sabemos”, reconoce el científico, que ha fundado una empresa para desarrollar algunos de sus hallazgos.
Tal vez sea el comienzo de una nueva forma de administrar quimioterapia en dosis mucho más pequeñas y localizadas. Los retos que quedan por superar son enormes, pero la esperanza es que “cada vez que miramos la inestabilidad genómica de un tumor todo empieza a tener sentido”, celebra.

