Por Prof. Antonio Las Heras
paranormales@cronica.com

En la ribera derecha de la zona de la provincia de Buenos Aires donde el estuario del Río de la Plata se encuentra con el Mar Argentino hay una bahía que tiene como nombre “de Samborombón”. El nombre, curioso de por sí. Ante esta duda, surgen las preguntas: ¿De dónde surgió tal denominación? ¿Quién o quiénes la bautizaron de ese modo? Y ¿por qué? A poco de analizarlo, “Samborombón” suena a una deformación del nombre “San Borondón”, el cual se relaciona con la leyenda de la isla misteriosa de San Brandán.

“Samborombón” suena como una deformación de “San Borondón”, que se relaciona con la leyenda de la enigmática isla Fantasma (que se ubicaría en Canarias).

Según los especialistas en toponimia, el nombre le fue dado por miembros de la expedición de Hernando de Magallanes (1480- 1521) en su travesía alrededor del mundo iniciada en 1519, quienes, al advertir la peculiar forma semicircular de la bahía, supusieron que era el resultado de una acción divina que hizo que una parte continental se desprendiera, quedando a la deriva para dar origen a la isla a la cual refiere la leyenda de San Brandán. Empero, también hay quienes afirman que “bahía de Samborombón” es una denominación anterior a la visita de Magallanes, quien surcó el Río de la Plata hacia marzo de 1520. Para estos, el nombre fue puesto por Américo Vespucio (1454/1512) en uno de los viajes que habría realizado a estas tierras. Es probable que la denominación original haya sido “bahía de San Borondón” y que, por deformación debida a la transmisión verbal, haya variado a la que, finalmente, se impuso: Samborombón.

¿Pero quién es San Borondón y por qué estuvo presente en la mente de aquellos primeros visitantes de estas costas sudamericanas?. ¿Qué misterios y leyendas encerraba?

Según como se llame

San Borondón era la manera en que se llamaba en las Islas Canarias a Saint Brendan o Saint Brandan de Clonfert, también llamado Brandano, Barandán o Borondón. Se trató de un monje irlandés que existió realmente: nació en 480 y falleció en 576. Fue ordenado sacerdote en 512 y se desempeñó como monje en Tralee, condado de Kerry, Irlanda. Allí construyó su embarcación, usando maderas y cueros. Zarpó del puerto de Dingle Bay. Para los irlandeses se trata de uno de sus más importantes evangelizadores. Fue abad del monasterio de Clonfert, en Galwey, al que fundó en el año 558 o en 564, no hay precisiones al respecto.

. Se trató de un monje irlandés que existió realmente.

El “Navigatio Sancti Brandani”, texto de los siglos X y XI, compila los relatos de sus viajes, mezcla de hechos históricos, la fantasía de los autores de aquella época, más los agregados populares de impronta legendaria. Ya en el siglo VI surgieron leyendas muy incorporadas a la cultura celta en las que se le atribuyen extraordinarias capacidades como navegante. Saint Brendan -y esto es un asunto que entrama la historia con la leyenda, por lo que no puede decirse cuánto hay de verdad y cuánto de imaginación- partió un día junto con otros 14 monjes (aunque hay quienes afirman que fueron entre 15 y 150 los miembros de la expedición, cifras estas que habrían requerido más de un navío para trasladarlos) en una embarcación de las características precarias que hemos descripto renglones más arriba, con la que se internó en el océano Atlántico con rumbo a la Tierra Prometida de los Bienaventurados, las islas de la Felicidad y la Fortuna. Agrega la leyenda que, después de sufrir algunos percances al intentar dar misa sobre una superficie que halló en medio del mar y que resultó ser el lomo de una ballena, San Brendan alcanzó la isla buscada, que tiene la característica de aparecer y desaparecer, según quiera o no ser hallada.

Para algunos historiadores, San Brandán arribó a las costas de Terranova, convirtiéndose en el primer europeo que llegó a América.

Muchos mitos se crearon alrededor de esta bahía. 

Eran otros tiempos

En la actualidad este asunto puede parecer mero producto de la fantasía e imaginación populares. Pero durante siglos no fue esa la óptica con la cual se analizaba el tema. Veamos algunos hechos al respecto. En 1479 los reyes de Castilla y Portugal firman el Tratado de Alcacovas, por el cual se establece que, de encontrarse la citada isla, sería propiedad de la corona de Castilla por pertenecer al archipiélago canario. Entre los siglos XVI y XVII el tema tuvo tanta importancia en las Islas Canarias, y tal fue la realidad, o más bien el realismo que los hombres de mar le atribuyeron, que hubo quienes financiaron expediciones para descubrir y adueñarse de la isla descubierta por San Brandán.

¿Probable asociación?

El ingeniero Leonardo Torriani, que fuera el encargado de fortificar, por órdenes del rey Felipe II, las Islas Canarias, aportando como pruebas los relatos de marinos que llegaron de manera fortuita a dicha isla durante el siglo XVI, describe las dimensiones de esta y su presunta localización. Con base en todo lo que hemos expuesto, se advierte que no hay razones concretas de por qué esta bahía lleva el nombre del monje irlandés. La leyenda estaba muy presente entre los habitantes de Canarias, pero Magallanes nada tenía que ver con la cultura de aquellas islas y su tripulación estaba conformada principalmente por portugueses y vascos.

Antonio Pigafetta, cronista y geógrafo de la república de Venecia que acompañó a la expedición, nada refiere en sus escritos. Tampoco en Vespucio hay registros al respecto. Aquello de que el nombre fue puesto por las características costeras que llevaron a creer a los marinos que una acción divina hubo extraído tierra firme para convertirla en una isla misteriosa que vaga a la deriva por el Atlántico nos parece más una explicación “políticamente correcta” que algo con fundamento suficiente.

Conclusiones

Ante todas estas serie de asociaciones y análisis de lo que se sabe y se puede investigar, nos atrevemos a formular nuevos interrogantes. Preguntas que, tal vez, ya no puedan obtener respuestas concretas, a excepción de que pruebas hoy desconocidas vean la luz. Interrogantes que, de todas maneras pueden sintetizarse en sólo dos posibilidades de llegar a un resultado: ¿No es posible que este sitio haya sido bauti zado con el nombre de San Brandán -luego deformado en Samborombón por el lenguaje coloquial- por la sencilla razón de que los marinos hallaron elementos de la presencia del monje irlandés (o bien de sus compañeros de aventuras) en ese lugar? Siendo poseedores de mapas, algunos muy antiguos, que ya mostraban la esfericidad de la Tierra, ¿no es posible que -fuere Magallanes o Vespucio- contaran con documentación hoy inhallable (o bien ocultada, vaya a saber por quienes o por qué institución) que evidenciaba la presencia de San Brandán en estas costas, y que esta sea la causa por la que dieron su nombre al lugar? Preguntas hoy sin respuesta, que invitan a pensar más profundamente en las motivaciones de por qué la bahía y el río de cien kilómetros de longitud que allí desemboca llevan por nombre Samborombón.

(*) Investigador de fenómenos paranormales. alasheras@hotmail.com

Ver más productos

Diego Armando Maradona y el último mundial

Diego Armando Maradona y el último mundial

Cuentos de buenas noches

Cuentos de buenas noches

Astrología: claves para conocer tu futuro

Astrología: claves para conocer tu futuro

Lo que querés saber sobreNéstor Kirchner

Lo que querés saber sobreNéstor Kirchner

ATR: el boom del placer

ATR: el boom del placer

Atención emprendedores: cómo vender más a pesar de la crisis

Atención emprendedores: cómo vender más a pesar de la crisis

Para aprender con los chicos

Para aprender con los chicos

¡Más crianza menos terapia!

¡Más crianza menos terapia!

Descubrí tu destino con Mia Astral

Descubrí tu destino con Mia Astral

Un Atlas para fanáticos del fútbol

Un Atlas para fanáticos del fútbol

Ver más productos