Por Gabriel Arias
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Vivir en grandes ciudades parece ser un problema que afecta nuestro cuerpo, y la vista no es la excepción, ya que la creciente polución ambiental, la climatización artificial de ambientes cerrados y la alta exposición a las pantallas aparecen como “responsables” de una enfermedad que cada día es más frecuente: el síndrome del ojo seco.

Este se caracteriza por la alteración en la producción de las lágrimas, dan lugar a síntomas como irritación, picazón ocular y molestias al utilizar lentes de contacto. El asunto es que no tratarlo puede generar graves consecuencias. Respecto de esto, el doctor Alejandro Aguilar (M.N. 71.395 y médico oftalmólogo especialista en enfermedades de la superficie ocular) se refirió a que “el párpado está en permanente fricción con el ojo y esa fricción puede generar daño. Gráficamente podemos decir que el ojo funciona como el limpiaparabrisas de un auto, si lo encendés con el vidrio seco, te lo raya y arruina. Lo mismo ocurre con el párpado y la córnea: sin lubricación, el párpado la lastima”.

“Es un síndrome multifactorial que puede llegar a afectar hasta al 30% de la población. Cada vez es mayor el número de casos que se identifican, dados la exposición prolongada a pantallas, los cambios ambientales artificiales y naturales y la mejora en los métodos de diagnóstico”, agregó el fundador y ex presidente de la Sociedad Argentina de la Superficie Ocular.

La exposición a un clima seco y con mucho viento, así como el humo y el aire acondicionado, acelera la evaporación de las lágrimas, de modo tal que evitar estas condiciones irritantes puede reducir las chances de desarrollar ojo seco o brindar alivio a quienes lo padecen.

Opinión científica

Con relación a este tema, el investigador del CONICET Alejandro Berra advirtió que “los síntomas se exacerban en quienes padecen ojo seco y viven en grandes urbes como Buenos Aires. Un caso de ojo seco en un ambiente contaminado va a ser más severo. Hace unos años, hicimos un trabajo con guardaparques del Parque Nacional Los Glaciares donde observamos que las lágrimas de estos individuos, que estaban entre 8 y 11 horas al aire libre, se rompían en 14-20 segundos. En promedio, una lágrima tarda en romperse unos 10 segundos. Y en el caso de un individuo que no padece de ojo seco y vive en Buenos Aires se rompe en 7-8 segundos. Esto significa que, a menor contaminación, menor interferencia de las partículas que están en el aire con las lágrimas, y eso hace que la calidad visual sea mejor. De todas formas, no significa que quienes viven en espacios libres de contaminación no van a desarrollar ojo seco, porque también hay otras condiciones que inciden en su desarrollo”.

Además, permanecer más de 5 horas al día con la vista en la pantalla de la PC, celular o el televisor favorece la aparición de esta condición. Tanto es así que un estudio realizado en México indica que el 86,4% de las personas que acudía a la consulta oftalmológica presentaba síntomas compatibles con el síndrome del ojo seco. “Quienes están más tiempo frente a la pantalla parpadean menos y, por lo tanto, las lágrimas se evaporan más rápido. Muchas veces, los dispositivos no están ergonómicamente ubicados ni están a la distancia adecuada. Incluso, la calibración del brillo del dispositivo también puede incidir”, resaltó Berra.

Recomendaciones

Para quienes no pueden desprenderse de obligaciones laborales que implican una importante cuota diaria de trabajo delante de la pantalla, los especialistas recomiendan parpadear periódicamente al mirar una computadora; lo mismo para aquellos que leen por mucho tiempo o realizan tareas que demandan concentración visual. Otras recomendaciones para quienes trabajan por períodos mayores a 4 horas diarias frente a una computadora son consulta anual al oftalmólogo (si no padecen de una patología ocular preexistente), si usan lentes, revisión de la graduación una o dos veces al año, uso de lubricantes oculares cada 6 u 8 horas durante la actividad laboral, lapsos de descanso cada 30 minutos alejando la vista de la pantalla y movimientos del cuello y extremidades. Usar un tipo de letra de entre 11 y 12 puntos también puede resultar de utilidad, del mismo modo que lo es el limitar el uso de los videojuegos a 1 o 2 horas al día.

Hay que resaltar que no tratar este problema puede generar graves consecuencias, como dañar severamente la córnea, causar úlceras e incluso, en los casos más avanzados, pueden hacer necesario un trasplante de córnea, con lo cual hay que prestar atención a este síndrome de ojo seco.

Tratamiento y medidas de preveción

Dependiendo de la severidad con la que se manifiestan el síndrome del ojo seco y sus síntomas, el tratamiento tradicional es farmacológico y local, mediante el uso de lubricantes artificiales, en gotas, geles o ungüentos. En casos más severos se indican colirios de suero autólogo o colirios de fármacos inmunomoduladores y es común recurrir a la obturación de los canales evacuatorios de las lágrimas con implantes, a fin de retener lágrimas en la superficie ocular.

En todos los casos, el objetivo principal del tratamiento es restaurar la estabilidad de la superficie ocular y de la película lagrimal, al romper el círculo vicioso del padecimiento. Medidas generales como el uso de protectores solares y de viento con anteojos adecuados también suelen ser de utilidad cuando las condiciones del medio ambiente lo ameritan. Otras medidas precautorias son no fumar y evitar recibir humo indirecto, viento directo y aire acondicionado; utilizar un humificador, sobre todo en el invierno y reducir el uso de medicamentos para alergia y resfriado que pueden resecar la superficie ocular.

Mujeres mayores

Aunque la edad en la que puede manifestarse el síndrome del ojo seco es variable, los recientes estudios científicos llevados a cabo indican que las consultas al oftalmólogo que motivan sus síntomas son más frecuentes por parte de personas mayores de 40 años y, sobre todo, de mujeres, entre las que esta afección es extremadamente frecuente durante el climaterio.

De hecho, los cambios hormonales asociados con la menopausia están entre las razones principales por la cuales las mujeres son las más afectadas por la condición del ojo seco. Esto se debe a que los cambios hormonales se traduce en alteraciones en la producción de las lágrimas. Y no sólo los cambios hormonales que se producen en la menopausia. Las distintas condiciones que afectan el funcionamiento de la glándula lagrimal o de sus conductos, incluyendo enfermedades autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide, implican una disminución de la secreción lagrimal y, por lo tanto, predisponen a desarrollar el síndrome del ojo seco, cual respondería a por qué suelen encontrarse más casos entre mujeres que entre hombres.