Los nueve andinistas muertos en los urales
CRÓNICA FENÓMENOS PARANORMALES A pesar de haber transcurrido casi medio siglo, aún no se pudo dilucidar un caso ocurrido luego de una fatídica expedición en los Montes Urales, que hasta se plasmó en un filme.
Por Leonardo Schwarz
paranormales@cronica.com.ar
Uno de los misterios más grandes de la historia pasó en 1959. Todo comenzó un año antes, cuando un grupo de estudiantes empezó a organizar la travesía a los Montes Urales, la frontera natural entre Europa y Asia. La planificación se dio varios meses antes porque tenían un objetivo nada sencillo: alcanzar el pico Otorten en el norte de esa cordillera. Por eso nombraron a un líder: Igor Dyátlov, de apenas 23 años pero con muchísima experiencia en situaciones similares, debido a que ya se había encargado de todos los pormenores en otras aventuras parecidas.
Por eso él mismo se encargó de llevar su cámara fotográfica, con la que documentó todo ese recorrido, incluso a poco del trágico final. ¿Qué pasó? Nadie lo sabe, pero la única certeza es que ninguno regresó. Sus cuerpos fueron encontrados con signos de radiación en el medio de la nada, en extrañas posiciones y signos de violencia ¿animal? Difícil. Por eso teorías hubieron muchas, pero ninguna llegó a la verdad irrefutable. Y la incógnita continúa abierta, casi 60 años después, en el que ya se ha dadoen llamar el paso Dyátlov. Al punto que, en 2013, fue plasmado en el cine con el filme “El paso del Diablo”.
Clima adverso
Para encarar aquella expedición el clima bien podría ser uno de los obstáculos más difíciles de superar, considerando que en la zona de clima taiga, es azotada por vientos muy fuertes, entremezclados con profundas nevadas que elevaban aún más las complejidades del desafío. A priori, la primera información es que aquellos intrépidos estudiantes lograron llegar a Vizhai, el último punto de conexión con la civilización.
Como suele pasar en las grandes tragedias y para darle entidad a los que creen en los llamados “guiños del destino”, existió un sobreviviente. Se trata de Yudi Yudin, un afortunado de 21 años, quien por una enfermedad no pudo continuar con aquella extensa y compleja excursión. Fueron cinco días de ardua caminata, aunque según las imágenes que trascendieron los nueve damnificados no lucían un cansancio extremo.
Error de cálculo
Por un fallo en los cálculos se distanciaron del camino inicialmente estipulado y debieron emprender un campamento improvisado en la ladera de la montaña Kholat Syakhl. Justamente ese sito es llamado “montaña de la muerte” según reza la lengua local. A partir de ahí empezó a gestarse un hecho que por ahora no ha tenido explicación, en medio de un clima hostil, pero que empezó a detectarse apenas cuatro días después. Es que otro grupo de expedicionarios llegó al lugar y sólo encontraron muerte u desolación, pero con la certeza de que algo raro había ocurrido allí.
El primer episodio que generó asombro fue ver las carpas rasgadas desde adentro, como si algún animal salvaje, que bien podría haber sido un oso, hubiese ingresado repentinamente. Pero en el interior no había nadie, salvo las pertenencias que habían quedado prolijamente acomodadas. Exceptuando esos cortes en las lonas, no había otros síntomas de violencia. Del lado de afuera había huellas que conducían a un bosque, y junto a una roca, aparecieron los dos cadáveres en ropa interior, algo llamativo teniendo en cuenta las temperaturas bajo cero. Los cuerpos, de todas formas, estaban casi intactos, salvo sus manos, que estaban deterioradas como si hubieran intentado treparse a los árboles y plantas de forma desesperada.
Más muerte
Tres cadáveres más aparecieron en los alrededores, siendo el de Dyátlov uno de ellos. Tampoco ninguno de ellos tenía golpes, pero la incógnita era muy grande. Por eso aparecieron varios grupos de investigadores dispuestos a encontrar a los cuatro restantes expedicionarios, que fueron detectados recién dos meses más tarde. En esos casos sí la violencia quedó mudamente reflejada: ya que todos lucían cráneos y costillas fracturadas. A una de las jóvenes, llamada Ludmila Dubinina, le faltaba la lengua y los ojos. Algunos de los rescatistas pensaron que bien podría haber sido por la acción de aves carroñeras.
Lo más extraño es que, por entonces, se realizaron muchas autopsias y ninguna le aportó claridad al tema de los enigmáticos. Al contrario: generó más dudas y enormes interrogantes. Los especialistas en la materia no tuvieron certezas y, en consecuencia, aparecieron teorías por doquier. Algunas, con cierta lógica, otras sin grandes sustentos, pero ninguna con datos firmes que aportaran algún tipo de certezas. Para colmo de males, el acceso a la zona fue prohibido a esquiadores y otros aventureros durante tres años después del incidente. El puesto de montaña donde ocurrió el episodio fue nombrado tiempo más tarde como Paso Diátlov, en honor del líder de la expedición, Igor Diátlov.
¿Y eso qué es?
En medio de la desorientación que sumió a los investigadores surgió la versión sobre la aparición de un objeto metálico que podría llegar a ser una pista que comprometería la posibilidad del uso de armas secretas en el área, o de un elemento de una nave desconocida, incluso llegada del espacio exterior. Una expedición fue organizada para recuperar un trozo de metal que había sido reportado muchísimo tiempo después por un turista, allá por 2008, pero lo que se halló no da muchos márgenes de dudas, ya que no se logra dilucidar qué es, porque no es seguro que ese sea paranormal un metal de una nave, un cohete o misil, sin descartar que resulte ser algo “plantado” por los servicios secretos rusos.
En base a la descripción que se recibió, algunos experimentados en la materia sostuvieron que se trataría de una pieza de repuesto de un misil intercontinental. Inclusive lo reportó la página web Dyátlov Pass, que se dedica a temas de investigaciones.
En ese sentido, algo que genera cierta credibilidad es que las épocas coinciden, ya que los soviéticos estaban desarrollando misiles clandestinos en 1959. Y es lógico pensar que el ejército podría haber encubierto un accidente con armas secretas en la zona en la que fueron encontrados aquellos expedicionarios. Eso también explicaría por qué el caso había sido archivado en secreto hasta la década de los ´90.
Radioactividad
Lo que más impactó a los investigadores fue la evidencia de radioactividad en los cadáveres. Vladimir Askinadzi, del equipo de búsqueda, dijo que la versión del arma secreta fueuna fabulación para encubrir el asesinato del grupo Dyátlov: “era conveniente para las autoridades soltar un rumor sobre la versión del misil, porque esta versión justificaba todo el secreto que rodea este caso (…) Esta versión estaba alejando la búsqueda de la verdad”, expresó.
Askinadzi se basó en todo lo que llegó a observar durante su relevamiento de la escena, como la presencia de huellas al lado de los cuerpos que se ven muy claras y que él considera son de los asesinos.
Para Alexei Rakitin, autor del libro “Dyátlov Pass”, sostiene una versión parecida: “el grupo Dyátlov eran en realidad agentes de la KGB en misión para destapar una célula de agentes de la CIA, que incluiría muestras radioactivas".
Algo es seguro: El Paso Dyátlov es un misterio no develado. Aquel supuesto hallazgo del elemento metálico podría considerarse clave, pero la controversia que generó entre los analistas devaluó la hipótesis. Es cierto que las condiciones climáticas son complicadas allí, y que aún hoy las comunicaciones suelen fallar seguido. Resulta complejo llegar en los meses menos fríos al Paso Diátlov, y en los más crudos esa ruta es un destino entre los aficionados a montar en motos de nieve o efectuar esquí de altura, pero no son sitios fáciles de acceder.
En ese contexto, aún quedan varios puntos oscuros que podrían haber influido en aquellas trágicas muertes. Una siempre quedó flotando y que es un verdadero enigma le apunta al fenómeno OVNI, muchas veces observados en la zona, pero nunca confirmado. O hechos paranormales, como que quienes allí se duermen, muchas veces se sobresaltan al despertar y sentir que “alguien o algo” los acompaña, en medio sonidos extraños, como ronquidos o quejidos inexplicables, y un montón de otras cuestiones que, a la fecha no se pudieron aclarar.
Presunción del único sobreviviente
Yuri Yudin, el único que sobrevivió a la tragedia, ya que se enfermó y abandonó la ruta, dio una entrevista en 2012 en la que ahondó en su teoría sobre que la muerte de sus compañeros las provocaron militares soviéticos.
Yudin le explicó al diario británico The Telegraph que al llegar a las carpas junto a los rescatistas que lo acompañaron, vio ropa militar que no era del grupo. Presupuso que otras personas habían llegado antes que ellos.. Además recordó que los encargados de investigar estaban más interesados en las razones por las que habían llegado hasta ahí, en vez de estudiar las causas de las muertes. "Si tuviera la oportunidad de pedirle a Dios una sola pregunta, esta sería, ¿qué le pasó a mis amigos aquella larga noche?”. Un año después, Yudin murió y con él se fueron varios retazos del caso.
Kolia déjame dormir...
Seis décadas después del accidente, muchos aún en Rusia continúan interesados en resolver la tragedia y a la vez conocer la verdad, desentrañar qué pasó con aquellos estudiantes. Entre ellos se encuentran los periodistas Nicolái Varségov y su esposa Natalia Sputnik. Fue ella quien compartió con algunos medios europeos los detalles de la investigación que emprendieron, su experiencia personal en alta montaña y también sus impresiones sobre la fría y enigmática tragedia de 1959. “Con mi marido hemos viajado varias veces por el norte de los Urales. En años anteriores realizamos expediciones directamente al Paso Diátlov, pero la ruta del último viaje fue la más complicada. Penetramos en la taiga de los Urales polares para examinar allí un objeto no identificado”, contó Natalia a Sputnik. Ellos dos también fueron de los que trataron de ubicar el objeto metálico del que se habla, aunque a su vez reconoció que los militares de allí descartan la teoría de una probable pieza de un cohete intercontinental, porque en esa zona nunca se realizaron pruebas balísticas.
Encuentro cercano
Ambos investigadores, junto a un guía mansi, decidieron pasar la noche en una cabaña de cazadores cerca del pantano donde supuestamente se encontraba el objeto que les interesaba. Fue allí donde Natalia sintió en carne propia las sensaciones escalofriantes de las que la fría taiga es capaz. "Por la mañana nuestro guía mansi y mi marido se fueron a buscar el objeto, y yo me quedé preparando la comida. Después me acosté un rato en la cama y me quedé dormida. Me desperté porque sentí que alguien detrás de mí me estaba abrazando. Pensé que era mi marido y le dije cansada: '¡Kolia, déjame dormir!'. Me volví, pero ya no había nadie. La verdad es que me asusté. Nunca me había pasado nada así antes”. Cuando su marido y el cazador regresaron, Natalia les contó lo que le había pasado. El mansi no se sorprendió en absoluto y dijo que estos casos eran frecuentes en aquella zona.

