En el barrio de Congreso hay una misteriosa casa que guarda una macabra historia sobre la familia Galcerán que vivió allí varios años.

La misma, ubicada sobre la calle Riobamba al 100, tiene una prominente palmera que cubre su frente casi en su totalidad, por eso es conocida como "La casa de la Palmera".

La tenebrosa historia de esta casa comienza a fines del siglo pasado, donde vivía Catalina Espinosa de Galcerán con su marido el Dr. Galcerán, un médico muy reconocido de Buenos Aires que murió durante la fiebre amarilla de 1871, mientras ayudaba a los enfermos. Catalina compró esta casa por su encantador estilo de hotel francés.

Necesitaba una casa grande porque tenía seis hijos. Catalina era una mujer pudiente que contaba con fortunas heredaras de sus padres y de su difunto marido.

La única hija mujer

Elisa que era muy creyente, aplicada en los estudios y el trabajo. En 1909 pudo terminar su carrera de taquígrafa y al día siguiente consiguió trabajo en el Congreso Nacional. Su madre estaba muy orgullosa de ella, ya que su hija era muy aplicada. No sentía lo mismo por sus hijos varones. Si bien ellos tenian título universitario, nunca les interesó trabajar. A Elisa le molestaba y mucho, que ellos no trabajaran, y la vida libertina que llevaban.

Años después del centenario de la República, la muerte tocó la puerta de Catalina. Los hermanos habían quedado sin su madre, por lo cual ninguno de los varones tenía intención de dejar la vivienda, no querían tener la responsabilidad de hacerse cargo de aquella casa. Fue Elisa, como única mujer, que se encargó del mantenimiento del hogar. Los hermanos, por su parte, vivían haciendo fiestas.

Los hermanos Galcerán amaban mucho a su madre, a tal punto, que luego de que ella falleciera, decidieron clausurar el cuarto y dejarlo como estaba sin tocar absolutamente nada, como una especie de museo. Al tiempo, una serie de hechos misteriosos comenzaron a suceder.

Muertes extrañas

Un día, uno de sus hermanos falleció repentinamente mientras jugaba un partido de tenis con sus amigos, la causa, un infarto le provocó la muerte súbita. Luego del entierro, y al llegar la noche los hermanos se encontraban en el living principal de la casa descansando de un día exhausto tras el velatorio. La hermana de ellos habló y dijo que así como se clausuró el cuarto de la madre para preservar su memoria, se hiciera lo mismo con el cuarto de su hermano. Ellos, tristes y acongojados por la repentina partida de un querido miembro de la familia, asintieron con su cabeza. Lo único que llamaba la atención es que, Elisa no manifestaba sentimiento de dolor; así fue a cerrar la puerta del cuarto de su hermano para siempre, se dirigió a su aposento para dormir. Más aún, a la mañana siguiente fue a trabajar como si nada hubiera pasado.

Meses después otro hecho iba a enlutar a la familia, uno de los hermanos de Elisa estaba disfrutando un día de sol en las inmediaciones del Yatch Club Argentino con una amiga, luego de unos tragos en el bar, estando totalmente ebrio se dirigió a su velero para salir a pasear por el río. Mientras subía a la embarcación tropezó y cayó al agua, la mala suerte hizo que en la caída llevara consigo una soga de amarre, por lo cual se enredó y murió ahogado al instante. La misma escena se había repetido, salutaciones de condolencias y Elisa cerrando la puerta del cuarto definitivamente.

Al año siguiente, otro de sus hermanos muere en un accidente automovilístico; sus hermanos no podía soportar que hayan perdido a otro ser querido y Elisa seguía clausurando cuartos.

Tiempo después, uno de sus hermanos salió de fiesta como muchas noches; estaba con sus amigos en lo de Hansen, un lugar de baile de tango en la esquina de Figueroa Alcorta y Av. Sarmiento. Estando ebrio, el hermano de Elisa se enfrentó por una mujer con uno de los malevos más peligrosos del lugar, en la pelea, un cuchillo atravesó el estómago del joven Galcerán provocando su muerte inminente.

El único hermano varón que quedaba vivo era el médico, quién por las noches solía tener aventura con una de las mucamas de la casa. Elisa sabía muy bien todo lo que pasaba en la casa y eso despertaba su ira, pero tenía que reprimir su enojo.

La noche posterior al entierro, en un clima frío de invierno, hubo una fuerte discusión entre su hermano y Elisa. El médico le recriminó su frialdad, y hasta le sugirió que sospechaba que ella tenía algo que ver con los decesos de sus hermanos. Ella, luego de quedarse mucho tiempo callada, en voz alta le dijo todo lo que sentía. Elisa le había dicho que era una ridiculez pensar que ella tenía que ver con todos esos hechos; le recriminó que se hayan alejado de Dios y que si murieron eran porque se lo merecían para rendir cuentas antes el señor.

A la mañana siguiente, Elisa ingresa a la comisaría del barrio para denunciar que su hermano yacía muerto en el cuarto de la mucama. Luego de la denuncia, la policía llegó a la casa, allí se encontraban Galcerán y la mucama muertos en la cama desnudos. Lo que llamó la atención a los investigadores es que encontraron un brasero en la habitación... Todas las sospechas recayeron en Elisa, cuando las empleadas contaron los gritos de la discusión que habian escuchado la noche anterior proveniente del living de la casa.

La policía no encontró ninguna prueba que culpara directamente a la única sobreviviente, por tal motivo la investigación se cerró.

Elisa echó a las empleadas que la habían denunciado y empezó a vivir sola. Cuarenta años después, faltó a misa una vez, algo que sorprendió al párroco de la iglesia cercana. Por este motivo fue a la casa. Al ingresar el cuadro era espeluznante, todo estaba oscuro y no funcionaban las luces, luego de llamarla observaron abierta la puerta que iba al sótano, se digieron ahí, un tragaluz iluminaba el lugar que estaba amoblado como una habitación, y en la cama yacía Elisa sin pulso.

La policía se dirigió al lugar y luego de sacar el cuerpo de Elisa, observaron que en el sótano estaban todos los muebles de la mujer que pertenecía a su cuarto. Su cama, su mesa de luz, su rosario, su biblia, su espejo y mesa y un pupitre para arrodillarse y rezar. Evidentemente había armado su habitación allí. Luego decidiron subir y se encontraron con las escaleras que llevaban a los cuartos clausurados llenas de polvo y telarañas. Las habitaciones de la madre y de sus hermanos estaban intactas aunque muy sucias por el paso de los años; mientras que la habitación de Elisa estaba totalmente vacía. Lo que más llamó la atención es que la capa de polvo en las escaleras y los pisos superiores eran de un considerable grosor y no había huellas, a esto se suma el olor y las ratas muertas que había en el lugar.

Elisa no había subido por muchos años a los pisos superiores. Algunos dicen que luego de clausurar la habitación de su último hermano, Elisa decidió trasladar los muebles de su habitación al sótano y vivir allí. Desde aquel día nunca más subió a la planta alta. De hecho su vida se basaba en el trabajo, la parroquia, el sotano y ningún lugar más. Por muchos años la casa estuvo cerrada, luego allí funcionó una escuela y en la actualidad funciona el Instituto del Pensamiento Socialista. La leyenda cuenta que todavia ronda en la casa el espíritu de Elisa para castigar a los ociosos.

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