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Vilas triunfó sobre "Jimbo" Connors y se quedó con su segundo Grand Slam.

Por Marcelo Olcese
@MarceloOlcese

El festejo no fue inmediato. El drive paralelo de Jimmy Connors se fue pegado a la línea de fondo, dejando dudas sobre el pique de la pelota. Guillermo Vilas miraba una y otra vez al juez de línea y casi que lo obligó a tomar una decisión con su mirada. Finalmente, el fallo: ¡Out! Willy dio rienda suelta a su desahogo. Y no era para menos, acababa de consagrarse campeón del Abierto de los Estados Unidos para cerrar un año espectacular, 1977, que lo marcó como el mejor tenista del mundo, pese a que el ranking de la época no lo reconociera oficialmente.

“Cuando el juez de línea estiró su brazo, supe que todo había terminado. El último punto lo recuerdo nebuloso, porque no fue algo normal” ( Guillermo Vilas)

A 40 años de esa hazaña, el mejor tenista argentino de todos los tiempos rememora así su consagración en la última edición del US Open sobre polvo de ladrillo, antes de trasladarse a las canchas duras de Flushing Meadows.

Pero lo que sucedió aquel 11 de septiembre no fue obra de la casualidad. Comenzó a gestarse algunos meses antes en París (Francia), donde Vilas obtuvo su primer Grand Slam e inició una racha de 35 victorias seguidas sobre polvo de ladrillo y que se extendería en el torneo neoyorquino.

Junto con su entrenador, el rumano Ion Tiriac, planificaron la estrategia, la misma que implementaron en Roland Garros: vivir y entrenarse lejos de la sede del torneo, no tener contacto con el exterior, escuchar el álbum Radio-Activity de Kraftwerk, leer a Arthur Rimbaud, Jean Jacques Servan-Schreiber, Kahlil Gibran, Pablo Neruda, Vinícius de Moraes, Antonin Artaud y llevar un diario de sus días en “la gran manzana”.

Así lo explicaba Vilas en el sitio ATPWorldTour.com. “Al igual que en Francia, no hablé con nadie en las dos semanas, me aislé de tal manera que casi ni teníamos diálogo con Tiriac. Sólo trabajábamos en los entrenamientos y me asistía en los partidos. El objetivo era ganar mi segundo Grand Slam y no me aparté nunca de esa meta”.

Pese a llegar a Forest Hills con 100 partidos encima, su físico no sentía el cansancio. Alcanzó las semifinales sin ceder un set y con sólo 16 juegos perdidos. Pero el estadounidense, que le había ganado los dos partidos disputados hasta entonces, también arribaba a la final sin perder parciales, lo que presagiaba un duelo durísimo.

“El día previo me sentía muy nervioso porque no estaba convencido con la táctica para enfrentar a Connors. Tiriac me planteó una para no darle ritmo utilizando pelotas bajas a su drive. O sea, pegar casi todos los golpes con slice. Para mí no resultaba cómodo y por mi cabeza daba vueltas la idea de jugarle como venía haciéndolo en todo el torneo”.

El reto de Tiriac

Llegó el momento del partido y Vilas salió a morir con la suya, pero pagó cara la desobediencia a su entrenador y perdió 6-2 en el primer set. “Tiriac se paró al costado de la cancha y me gritó: ‘Si seguís así, vas a perder, ¡cambiá ya!’. Entonces comprendí que él tenía razón, obedecí y se abrió el partido”.

En el segundo parcial, Vilas recuperó confianza y en el tercero remontó un 1-4 antes de imponerse en el tie-break. Finalmente aplastó a Connors en el cuarto set para imponerse por 2-6, 6-3, 7-6, 6-0.

De esta manera, el Gran Willy volvía a inscribir su nombre en la historia grande del tenis mundial. Su vitrina ya había reservado un lugar para el trofeo de su segundo Grand Slam: el Abierto de los Estados Unidos, en cuyo polvo de ladrillo dejó la huella de 42 victorias consecutivas sobre esa superficie.

 

 

1977, el año que les ganó a todos menos al ranking de la ATP

La conquista en Forest Hills fue el corolario del mejor año deportivo de Guillermo Vilas. Sin embargo, 1977 no había comenzado bien para el Gran Willy, ya que en enero perdía su segunda final en un Grand Slam, al caer en Australia ante Roscoe Tanner. Su desquite en un “grande” llegaría cuatro meses después, cuando se quedó con el trofeo de Roland Garros con una paliza a Brian Gottfried (6-0, 6-3 y 6-0).

“Nunca estuve más solo en mi vida que cuando fui el número 1 en 1977. Era un cardo. Solo, solo. La gente puede pensar que fue un año espectacular; yo deseaba que terminase rápido” ( Guillermo Vilas)

Esa temporada jugó 31 torneos y ganó 16, récord absoluto en la era abierta (17 si se incluye el torneo de Rye, Estados Unidos, no reconocido por la ATP), con 130 victorias y sólo 14 derrotas (90,3% de efectividad). Además, logró la mayor cantidad de victorias consecutivas: 46 (50 con Rye), cayendo en la final de Aix En-Provence ante Illie Nastase, quien utilizó una raqueta de doble encordado, prohibida luego por la ATP. Sobre polvo de ladrillo, se mantuvo invicto en 53 partidos, ganando siete títulos consecutivos (Kitzbuhel, Washington, Luisville, South Orange, Columbus, Abierto de los Estados Unidos y París). Este récord continúa vigente para un solo año, ya que Rafael Nadal lo superó 29 años después, pero en tres temporadas.

Increíblemente, para la ATP, Vilas no fue el N° 1 ese año, debido a que el ranking por entonces promediaba los puntos y torneos jugados, por lo que fue superado por Jimmy Connors (que ganó el Masters y otros seis títulos siendo subcampeón en Wimbledon y en el Abierto de los EE.UU.).