Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

El 28 de mayo de 1975, a menos de un año del golpe militar del que precisamente hoy se recuerda un nuevo aniversario, el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, había convocado a un grupo de actores argentinos para “felicitarlos” por no haber cedido ante las amenazas de muerte que provenían de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), aquel grupo paramilitar que asolaba al país en ese entonces, reiteramos, para atemorizar y matar a todos aquellos que consideraban como “infiltración marxista” en el seno de la sociedad argentina.

En efecto, ese grupo de actores había decidido permanecer en el país y no exiliarse como sí lo habían hecho otros actores, periodistas y gente de la cultura en general ante esos dramáticos episodios. Ahora bien, ¿quién había cursado esa invitación? Aquí el detalle perverso, macabro, espurio y deleznable de este episodio.

Precisamente, lo había hecho el mismísimo creador de la Triple A, el propio “Lopecito”, como era llamado por el general Perón, y que estaba acompañado, además, en esa reunión, por José María Villone, entonces secretario de Medios y cofundador junto a López Rega, para agregarle más oscuridad a esta historia, de la citada Triple A. También se encontraba, por otra parte, Carlos Villone, secretario de Estado y coordinación social.

A esa convocatoria asistió el realizador cinematográfico Leonardo Favio, allegado al ministro y participante de la caótica y trágica recepción a Juan Perón en Ezeiza, en su vuelta definitiva al país. También estaban Juan Carlos Gené, David Stivel y Bárbara Mujica, todos ellos de extracción peronista, línea izquierda, más Leonor Manso, Sergio Renán y Alfredo Alcón, independientes políticamente. Finalmente, también participó de esa reunión la emblemática actriz María Rosa Gallo.

Cabe recordar que María Rosa se había exiliado, en Chile primero y luego, en Italia, durante el primer gobierno de Perón, en 1947, junto a su esposo Camilo da Passano, por no firmar una nota de adhesión a Perón y Evita.

Leonor Manso
Bárbara Mujica
Juan Carlos Gené
Alfredo Alcon

La reunión se llevó a cabo en el entonces edificio del Ministerio de Bienestar Social, que se encontraba ubicado en Hipólito Yrigoyen, entre Balcarce y Defensa, en inmediaciones de Plaza de Mayo.

”El Brujo” (López Rega), apodado de esa manera por sus incursiones en el mundo esotérico y por su vinculación con sectores umbandistas y de macumba, les dijo a los invitados, haciendo alarde de supuestas “convicciones democráticas”: “Nosotros no aceptamos ninguna clase de violencia, no me gusta la de la extrema derecha ni tampoco la de la extrema izquierda. Ninguna violencia en sí. La única violencia que acepto es la violencia del nacimiento”.

A todo esto, López Rega, café mediante, había obsequiado a las damas un souvenir de orquídeas y para los señores, un juego de llaveros. Siempre en tono marcadamente correcto, haciendo gala de una amabilidad excluyente, como si uno estuviera ante la presencia de un “ser querido” que escucha y nos aporta bellas y atractivas ideas, López Rega se daba el lujo de expresar algunas de sus pasiones artísticas más profundas. “Si bien en este momento estoy agobiado de preocupaciones, tengo ahora la suerte de poder compartir un rato con ustedes. Quizás, mi verdadera vocación está centrada en la música. Siempre soñé con ser cantante lírico. ¡Cómo me gustaría poder cantar en el Colón! Pagaría por ello... Aunque tampoco les puedo negar que también me hubiera encantado ser bailarín...”, decía un locuaz Lopecito, ante la acotación de Villone: “Yo lo hubiera ido a ver, José...”, generando la sonrisa de su maestro y socio en desapariciones forzadas, torturas y crímenes.

La mayoría de los asistentes presentaban rostros sumidos en la sorpresa y la indignación. En un momento de esa reunión, un actor de gran tránsito en la línea de teatro dramático le comenta a Lopez Rega: “Señor ministro, la actriz... (había sido su mentora, figura consular de nuestros escenarios, una señora mayor) hace tiempo que está tratando de obtener su jubilación aunque sin suerte aún... ¿Se podrá hacer algo?".

López Rega entregándole un presente a Juan Gené, al lado Leonardo Favio (Archivo Crónica)

López Rega le contestó interrumpiéndolo: “Por supuesto..., déjelo en mis manos”. Al finalizar la reunión, Villone le dio a ese actor un sobre cerrado que debía entregar a la actriz. El actor y otros dos colegas viajaron en un auto a sus respectivos domicilios. El mencionado intérprete, ante la insistencia de uno de sus colegas, decide abrir el sobre y se encuentra con una suma de dinero, que en ese entonces podría rondar los cinco mil pesos de hoy. “Yo le pedí otra cosa”, dijo azorado. “No le pedí dinero, precisamente... ¿Qué hago, por favor? Ni loco se lo entrego a ella" (habida cuenta de que se trataba de una mujer de firmes convicciones y conducta intachable que aunque se muriera de hambre no iba a aceptar nunca dádiva alguna). La expresión de ese actor era inenarrable... El Brujo había incurrido en un acto de miserabilidad absoluta, como lo que había sido, en definitiva, el objetivo de esa reunión pensada y perpretrada, de forma maquiavélica, por López Rega.

“Lopecito”, el monje negro de Perón

Fue uno de los personajes más nefastos y peligrosos entre los que tuvieron plena incidencia durante el desarrollo de un gobierno elegido por el voto popular de las urnas. Jose López Rega fue policía, valet, político y ministro (Bienestar Social), ejerciendo una particular y oscura influencia sobre Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón y llegando a detentar, durante el interregno de la viuda del general como Presidenta, una sumatoria de poder que impactó como un verdadero signo trágico de criminalidad en la arena de la actividad política cotidiana de nuestro país.

Desde su cargo de ministro de Bienestar Social creó la organización paramilitar denominada Triple A, cuyo objetivo era perseguir y a realizar asesinatos selectivos para combatir las corrientes izquierdistas y revolucionarias dentro del peronismo, así como también de corrientes opositoras al gobierno.

Por otra parte, fue mucamo y hombre de confianza de Perón en la última etapa de su exilio y, desde 1973, su influencia fue aumentado, en forma especial después de la muerte de Perón, en 1974, convirtiéndose en una suerte de primer ministro por la influencia que ejercía sobre Isabelita. Antes del golpe del 24 de marzo de 1976 partió hacia el exterior.

Permaneció durante 10 años prófugo, siendo detenido en Estados Unidos en 1986 y extraditado a nuestro país, donde fue procesado por asociación ilícita, secuestro y homicidio en el marco de los juicios al terrorismo de Estado relizados durante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín. Murió en 1989 mientras cumplía prisión preventina.

Cabe señalar que hace dos años, precisamente, la actriz Leonor Manso debió declarar en Comodoro Py en el marco de una causa vínculada con uno de los procesos por la Triple A. Es verdad, aunque usted no lo crea: así funciona la justicia argentina, con una “celeridad” que apabulla.

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