La conservadora portátil es uno de los accesorios más funcionales durante el verano y por qué no, el resto del año. El invento original, una caja hermética capaz de extender la frescura de alimentos y bebidas, fue mutando con el tiempo hasta alcanzar a la enorme variedad que existe en la actualidad.

El diseño no fue el único aspecto que evolucionó, las heladeritas también ampliaron las ocasiones de uso. Infaltables en la playa, en la pileta, en un picnic en la plaza y hasta en un asado en la terraza.

Pero además, expandieron su target. Las conservadoras solían desempeñar un rol importante en las vacaciones familiares aunque ahora, son los grupos de jóvenes los que le dan más uso.


Puede que la tradición de la heladerita playera haya variado un poco, sin embargo, al hacerlo ganó usuarios.
Las ventajas de este accesorio son muchas: son prácticas, suelen ser livianas, ayudan a ahorrar, algunas sirven como asiento o mesa y las hay en tantos formatos como precios.

Las más económicas son las de telgopor, esas que cargan los heladeros en las playas. Una opción que cumple la función -siempre y cuando se las llene de hielo- pero no le pidan mucho más.

Para adquirir el modelo tradicional hay que desembolsar al menos $2.000 (pueden llegar a costar hasta $10.000), una suma que se justifica en la durabilidad y efectividad del producto.
A los formatos más antiguos se agregaron las versiones tamaño individual (ideales para guardar el almuerzo y merienda de los niños cuando van a la escuela o la colonia), diseños con ruedas (prácticas para quienes prefieren no cargar demasiado peso) y las alternativas modernas que captan al público joven.

Por último, se encuentran las heladeras portátiles solo aptas para compradores de billetera abultada. Las mismas cuentan con mayor espacio para abastecer a grupos numerosos de comensales. En esta categoría entran además las conservadoras exclusivas de marcas cerveceras locales e internacionales.