"Yo miro para atrás y me doy cuenta de que algo hubo. Todo lo que pasó fue espantoso", dijo alguna vez Susana Romero, muchos años después de la trágica noche que cambió la historia del grupo que ella integraba.

Esa noche fue la del 5 de marzo de 1988, cuando Alberto Olmedo ensayó su última pirueta en un balcón del piso 11 del edificio Maral, en Mar del Plata. El gesto intentó ser una broma hacia su compañera Nancy Herrera, pero terminó con un desenlace fatal: el "Negro" en el pavimento y un país, el que acostumbraba reír con sus bromas, llorándolo amargamente.

Como los grandes capocómicos, Olmedo solía trabajar con un elenco más o menos estable, en el que solían estar Javier Portales, César Bertrand y Adrián "Facha" Martel, entre otros. Pero las que se destacaban por su belleza, su sensualidad y sus frases provocativas, cargadas de doble sentido, eran Beatriz Salomón, Silvia Pérez, Susana Romero, Adriana Brodsky y Divina Gloria. Se las conocía como "las chicas Olmedo". La muerte del actor significó el declive profesional y personal de todas ellas.

La historia de las "chicas Olmedo" fue recogida en "Las nuevas tragedias de los famosos", el ciclo de Crónica HD.

Años después, Romero explicó aquella frase de "algo hubo". Según ella, la maldición se apoderó de ese grupo y no fue casualidad. "Había gente que odiaba el sketch del Manosanta. Llamaban al canal y decían que nos iban a hacer un trabajito y que todos los que hacíamos el programa íbamos a tener problemas y estábamos sentenciados a morir", contó.

Romero, que había sido Miss Argentina con apenas 15 años, se casó en 1988 pero su matrimonio duró sólo siete años. Luego atravesó diversas experiencias personales que la reconvirtieron hacia la pintura, el veganismo y el cuidado de animales. En 2008 publicó un libro, "El amor después de la pena", en el que narra experiencias de abuso que sufrió siendo una adolescente.

Se enteró por la tele

La situación fue mucho peor para Beatriz Salomón. Casada con el cirujano plástico Alberto Ferriols, se enteró al aire, a través de la cámara oculta de un programa televisivo, que su marido había ofrecido a una mujer trans una cirugía completa a cambio de tener sexo con ella. El episodio cambió su vida.

Su matrimonio se hizo pedazos, quedó ridiculizada por el engaño y entró en depresión. Tardó muchos años en ganar el juicio por "daño moral" a la emisora que había difundido el informe, pero a esa altura ella ya había enfermado de cáncer y murió en 2019, casi en la pobreza y sin haber superado jamás aquel trauma.

Salomón y Ferriols, antes de su escandalosa separación motivada por una cámara oculta.

De Silvia Pérez siempre se dijo que había tenido una relación muy especial con Olmedo y que por eso ella se consideraba su viuda. Lo cierto es que "la muerte de Alberto fue un shock, me hizo pensar quién soy y qué hago acá", reconoció tiempo más tarde.

Mientras lidiaba con su situación de madre soltera (su hija Julieta fue fruto de una relación pasajera con Santiago Bal), la actriz inició así su camino hacia la meditación, que tuvo su momento culminante en 1993, cuando viajó a la India y conoció a Sai Baba. A ese país volvió por lo menos una docena de veces. Durante años, difundir su imagen y los beneficios espirituales de seguir los consejos de ese líder fue su objetivo.

Una adicción muy particular

Adriana Brodsky personificaba a "La Bebota", la chica que era llevada por su padre a explicar al Manosanta que se sentía muy fea. Quizás como reflejo de aquella creación, en su vida real tuvo una adicción por las cirugías plásticas. "Fue un desequilibrio emocional. No me sentía bien y lo focalizaba en mi cuerpo. Tantas operaciones te hacen mal", contó Brodsky.

Brodsky y Olmedo, en el inolvidable sketch de "El Manosanta".

Su matrimonio con Juan Bautista Yofre, ex embajador y dirigente menemista, no funcionó y a juzgar por recientes declaraciones suyas, no le dejó un buen recuerdo. "Lo que pasó con mi ex son cosas que quedan bajo siete llaves. Todo lo oscuro y nefasto tiene que quedar de lado", dijo.

Aun con otras características, Divina Gloria fue también una integrante de ese grupo. Tenía una mayor formación actoral: había estudiado teatro, baile y canto. Hasta había logrado un fugaz éxito con un tema musical ("Desnudita es mejor") de letra ineludiblemente provocativa. Pero tras la muerte de Olmedo entró en un pozo depresivo y su carrera actoral, si bien no se interrumpió, no logró la repercusión que había tenido hasta allí. 

Ella jamás olvida la noche de la tragedia. "Yo me alojaba a una cuadra de donde estaba él. Cuando me avisaron bajé así como estaba, en camiseta, y me fui corriendo al Maral. Esa noche morí un poco yo también". Fue la noche en que, sin que ellas lo supieran, la maldición empezó a abatirse sobre las "chicas Olmedo".

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