Las autoridades sanitarias, tanto de Nación como provinciales, decidieron suspender la dosis de vacuna contra la meningitis para los niños de once años con el objetivo de vacunar a la mayor cantidad de menores de un año y ante la escasez de dosis que afecta a todo el país, particularmente en las provincias del centro y norte del país.

De acuerdo al calendario de vacunación, la dosis contra un tipo de meningitis se aplica en bebés de entre 3 a 5 meses y se refuerza a los 15, mientras que se aplica otra a los 11 años de edad. "Me parece prudente esta decisión de proteger a los más pequeños, que son los más vulnerables y los que más riesgo tienen. Vacunando a los más chiquitos, se hace una inmunidad de rebaño que, indirectamente, también protege a los más grandes", sostuvo en diálogo con Crónica la doctora María Teresa Rosanova (MN 70.361), infectóloga pediatra y jefa clínica del servicio de Infectología del Hospital Garrahan.

La meningitis es la inflamación de las membranas de la médula espinal y el cerebro, usualmente a causa de una infección. La enfermedad suele estar ocasionada por una infección viral, aunque también puede ser bacteriana o fúngica, por lo que las vacunas pueden prevenir ciertos tipos de meningitis.

"La vacuna de este caso está dirigida a un tipo específico de meningitis, que no es el más detectado en el país. Sin embargo, está perfecto lo que hicieron de dirigir las dosis disponibles a los pacientes más chicos, que son los que más riesgos corren", agregó la especialista. "Es una enfermedad grave; el riesgo está en no recibir oportunamente la vacunación", contó.

Rosanova, junto a su equipo médico, consideran a la enfermedad como una "emergencia infectológica" "porque si no se la trata a tiempo, sobre todo la producida por bacterias, puede dejar secuelas neurológicas muy graves". "Cuanto más chico es el paciente afectado, los síntomas son más generales y menos detectables. El infectado suele presentar fiebre, vómitos, rechazo de alimentos y, a veces, le aparecen manchitas en la piel", detalló la especialista y remarcó que "es muy importante la consulta rápida para que el diagnóstico sea lo más breve posible, para poder suministrar el antibiótico a tiempo y evitar secuelas".

Algunas formas de meningitis bacteriana son contagiosas y se pueden transmitir en contacto con un enfermo, sobre todo cuando una persona infectada tose o estornuda. Sin embargo, Rosanova puntualizó que el contacto con el paciente debe ser estrecho y prolongado, por lo que se lo considera un "contacto íntimo y familiar".

Por lo tanto, habitualmente la meningitis bacteriana no se transmite a través del contacto casual, por lo que las personas que viven con alguien que tiene meningitis bacteriana tienen un mayor riesgo de contraer la enfermedad.