Aprender a manejar es un acontecimiento que, en la gran mayoría de los casos, marca un paso más de la adolescencia a la adultez, y en otros significa la superación de barreras que causan miedos e inseguridad. En ambos casos es necesario dedicar tiempo a la práctica, ser constante y, por sobre todas las cosas, tener paciencia.

Algunos principantes se sienten más seguros al comenzar el aprendizaje con profesionales de autoescuelas que cuentan con experiencia en la enseñanza de las habilidades de conducción, así como en la práctica de las reglas de vialidad, para que el aprendizaje genere responsabilidad en las conductas de manejo. En este caso, es necesario desembolsar unos cuantos pesos, lo que puede ser un impedimento para muchos.

Otras personas, en cambio, prefieren la opción más tradicional y económica: recurrir a un familiar, pareja o amigo/a que posea un vehículo para que los instruya. Esta modalidad es efectiva cuando se genera un ambiente educativo de respeto y confianza, pero se vuelve problemática cuando aparecen frustraciones del lado del maestro o del aprendiz. Y lo seguro es que estas aparecerán en algún momento determinado.

Por otra parte, quien recién está comenzando a conducir, requiere de la máxima concentración para familiarizarse con piezas, herramientas y funcionamiento del vehículo, así como las normas de tránsito.

Ir paso a paso

Si bien se trata de una actividad más práctica que teórica, hay una serie de recomendaciones básicas a tener en cuenta para poder aprender a manejar un vehículo.

Uno de los aspectos más importantes es tomarse el tiempo necesario para adquirir una habilidad nueva, poder internalizarla y que el cuerpo responda a las nuevas situaciones que suceden cuando se toma el control de un vehículo.

El conductor tiene que sentirse cómodo frente al volante y practicar al menos 45 minutos diarios para que se puedan adquirir los conocimientos y herramientas que implica.

La práctica se debe llevar a cabo en condiciones climáticas adecuadas.

Antes de arrancar un auto se debe estar seguro de conocer sus funciones, cada uno de los elementos que intervienen en el manejo y para qué sirve cada parte que lo conforma, con el fin de familiarizarse con el vehículo y reducir los imprevistos. Al saber para qué sirve cada elemento del auto se reacciona mejor a la hora enfrentar situaciones adversas.

Por otro lado, es fundamental que la práctica se lleve a cabo en condiciones adecuadas. Esto significa que no haya factores adversos que sean negativos para una buena experiencia, como por ejemplo, el mal clima. Es mejor tratar de practicar durante la mañana o al mediodía para tener una mayor visibilidad y donde el tránsito sea ligero. 

También es un requisito primoridial comenzar a familiarizarse y respetar las señales de tránsito a fin de evitar accidentes durante la práctica y más tarde, como conductor licenciado. Una movilididad segura protege a todos los que circulan en la calle, desde los otros automovilistas, ciclistas y peatones, hasta al propio conductor.

A su vez, hay que hacer todo lo posible por eliminar las distracciones, la atención debe estar al 100% en aprender a manejar, para eso, es clave reducir la exposición a actividades como escuchar música en el estéreo, mirar o utilizar el celular, fumar, desviar la mirada fuera del camino, beber alcohol, entre otras.

Además, es un buen aporte tener a mano el manual del vehículo con el que se practica. Es un documento muy útil para principiantes ya que muchas marcas y modelos incluyen consejos sobre el auto y recomendaciones para manejar en situaciones peligrosas como pendientes, con neblina o con lluvia.

Precaución con los jóvenes

Los padres de adolescentes saben lo recurrente que es recibir pedidos de sus hijos para que les enseñen a manejar o que los ayuden a sacar el registro. No es fácil determinar el momento en el que están listos para conducir y asumir la responsabilidad que conlleva usar un vehículo en la calle. Los adultos mayores deben estar atentos a ciertos parámetros, antes de decidir la autorización para que el adolescente maneje.

El 39% de las muertes en accidentes de tránsito durante el 2019 involucran a chicos de 16 y 30 años.

Es importante comprender que para poder manejar se necesitan ciertas habilidades cognitivas, como la capacidad de atención a los estímulos de la calle, ya que es una actividad compleja que requiere experiencia y coordinación de la percepción, memoria, anticipación y evaluación de acciones.

Los adolescentes aprenden de lo que observan de su entorno más cercano, es por esto que el adulto debe comportarse responsablemente frente al volante en todo momento.

Según el estudio del Instituto de Seguridad y Educación vial en el 2019, se registró que el 39% de las muertes en accidentes de tránsito involucran a chicos de 16 y 30 años, en donde el 43% de los siniestros corresponde a conductores de entre 17 y 30 años de edad.

Teniendo en cuenta estos datos es necesario que los adultos tengan en cuenta algunos puntos antes de decidir si el adolescente puede o no manejar: los jóvenes son el grupo etario que corre más peligro frente al volante, aún si cuentan con las habilidades para conducir un vehículo tienen que ser conscientes del entorno vial, el tránsito de Argentina es de alto riesgo y deben ser capaces de reaccionar ante imprevistos que involucren a terceros.

Más allá de las condiciones del contexto se debe considerar que cada individuo es diferente y en base a ello evaluar si este está preparado para tomar esa responsabilidad, pero lo más importante es acompañar siempre al menor dentro del auto dentro del proceso de aprendizaje y en los primeros meses frente al volante.

Una movilididad segura protege a todos los que circulan en la calle, desde los automovilistas, ciclistas y peatones.

Amaxofobia: miedo a conducir

Es habitual que adultos que no manejan mencionen al miedo como principal impedimento para hacerlo. La amaxofobia es el temor irracional a conducir, se produce cuando los niveles de ansiedad por distintos factores personales y externos como conductor de un vehículo superan la respuesta normal y produce un efecto de bloqueo que impide iniciar o mantener el control frente al vehículo,

La amaxofobia se manifiesta con un miedo intenso, irracional y persistente que sufren algunas personas al manejar o al pensar en hacerlo. Una persona que sufre este temor sobrestima el peligro y subestima sus propias capacidades para hacerle frente. La fobia le limita, anula y condiciona, ya que provoca una sensación de pánico y descontrol mucho más intensa que el peligro objetivo que hay en realidad.

Aquellos que lo sufren pueden experimentar sudores, vértigos, mareos, taquicardias, ganas de llorar y gritar, agarrotamiento muscular, ansiedad, pánico y depresión. Estos síntomas a la hora de conducir puede aparecer en los conductores que no están lo suficientemente preparados para encarar la tarea, en quienes tienen baja autoestima o una personalidad perfeccionista, los adictos a sustancias de toda clase, las personas propensas a sufrir de ansiedad o estrés y aquellos que han sufrido un accidente de tránsito.

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