Por Jimena Golender
@jgolender

En los últimos años el receso escolar de verano ofrecía a los padres pocas propuestas para que sus hijos se entretuvieran durante el día. Entre ellas, la favorita e indiscutida era aquella donde los juegos al aire libre y la pileta se presentaban como el principal atractivo. Pero las generaciones del futuro parecen estar enfocando su atención en otras cosas: las nuevas colonias tecnológicas ya lograron posicionarse como una opción atractiva en la oferta de actividades veraniegas dirigidas a los chicos que desean incursionar y sumergirse en la creatividad del mundo “tech”.

No es para menos: la era de nativos digitales demanda cada vez más espacios para aquellos que prefieren pasar sus vacaciones aprendiendo a pilotear drones y desarrollar sus propios videojuegos antes que vivir los días de calor jugando a la búsqueda del tesoro y la mancha puente. Estas modernas propuestas educativas incluyen cursos de programación y talleres de robótica, impresión 3D y desarrollo de videojuegos dirigidos a chicos de 7 a 18 años. Centros tecnológicos, academias privadas y universidades ofrecen programas diarios o quincenales que tienen como objetivo que los chicos aprendan jugando en un ambiente donde la creatividad va de la mano con la innovación.

Futuros “hacedores”

“Las nuevas generaciones vienen mucho más interesadas en la tecnología, crecieron con ella y están acostumbrados a utilizarla. Hay que ofrecerle a esos chicos un espacio en el que puedan estar en contacto con sus intereses y desarrollarlos. Los primeros cursos surgieron del interés de los alumnos que teníamos durante el año, ellos querían continuar en el verano. La idea es que aprendan y adquieran conocimientos en robótica y programación pero desde otro lado. Que los juegos sirvan como un disparador para despertar el interés en el área tecnológica”, explica Matías Scovotti, director pedagógico de Educabot, que ofrece talleres de verano para niños de 6 a 14 años y los cursos se dividen en dos grupos, los “makers kids” de 6 a 9 y los “makers juniors” de 10 a 14 años.

Para los nativos digitales, las tecno vacaciones son una nueva alternativa en verano. 

En Tecnokids, por su parte, las actividades también están enfocadas a la programación y robótica pero además, incorporaron el diseño de objetos para imprimir en 3D, la creación de videojuegos y  hasta ofrecen la posibilidad de desarrollar y pilotear drones (el favorito entre los niños que asisten). “Este es el tercer verano que hacemos la colonia. Decidimos incorporarla porque las familias de los alumnos nos lo pedían cuando se acercaba el cierre del año. La idea nos interesó y comenzamos a armar los cursos pero enfatizando más en lo lúdico y la diversión. Potenciamos su creatividad y el desarrollo cognitivo para que aprendan experimentando mientras se divierten y hacen amigos que comparten sus intereses”, cuenta Leandro Swietarski, el director de la institución que colabora con gigantes del rubro como Youtube, MIT (El Instituto Tecnológico de Massachusetts), Google y Lego.

¿Y las actividades al aire libre?

Aunque Seymour Papert, padre del uso de las computadoras en la escuela, afirmaba que la tecnología era la gran herramienta para crear terrenos fértiles para el aprendizaje y posicionar a los chicos en el rol de “hacedores”, es válido también preguntarse qué pasa cuando las horas frente a la pantalla se multiplican y terminan convirtiéndose en el único escenario de interés de los más chicos.

“Es una cuestión de equilibrio, nada es bueno en exceso, hay chicos que pueden disfrutar y aprovechar estos talleres y es tarea de los padres que también realicen otras actividades como la lectura, el intercambio social y ejercicio físico al aire libre todos los días”, sostiene en diálogo con Crónica, Maritchu Seitun, psicóloga (M.N 50439), especialista en orientación a padres y terapia con niños y adolescentes. La postura de Seitun es, básicamente, conciliadora: “La tecnología es hoy una herramienta indispensable en el futuro de los niños y en su presente, por lo que las nuevas colonias específicas pueden ser una buena forma de que se acerquen a ella los más reacios”, agrega.

En ese sentido, la propuesta de Tecnokids combina la alternativa de actividades recreativas al aire libre.“Contamos con una terraza enorme donde los chicos se juntan todos los días a realizar actividades 100% recreativas, no tecnológicas, donde el foco está puesto en lo social y el ejercicio físico ya que son chicos y también necesitan ese espacio. La idea es evitar que pasen 3 horas seguidas frente a una pantalla”, agrega Swietarski.

“No es saludable reemplazar el ejercicio por un taller. En todo caso, además de la actividad física, que de todos modos no necesita ser competitiva, hay muchas formas de moverse y es fundamental para el crecimiento, lo mismo que la actividad social libre”, opina Seitun.

Las colonias tecnológicas brindan clases de robótica y programación. 

“Los talleres que ofrecemos son una forma para que los adolescentes se acerquen e interactúen con la tecnología mediante actividades que los motiven”, afirma Miguel Aguirre, director del Departamento de Ingeniería Electrónica del ITBA. Allí se dicta el Taller de Iniciación en robótica y arduino -programación- en una jornada intensiva de cuatro horas y de forma gratuita.

“Hay chicos que, luego de realizar uno de los cursos terminan anontánsode en alguan de las carreras que ofrecemos. Funcionan como una prueba para saber si efectivamente les gusta. Hay otros chicos que sólo se acercan porque algún familiar se los reconomendó y finalmente se dan cuenta de que no les gusta tanto. Ambos casos son muy comunes”, agrega.

Lo cierto es que, para el CEO de Tecnokids existe un preconcepto respecto a los niños que asisten a los cursos de tecnología con el que hay que romper: “los padres creen que los chicos van a crecer para ser programadores y esto no es así. La realidad, y hay estudios sobre el tema que así lo demuestran, es que cualquier niño que haga un curso de este tipo, adquiere herramientas para desarrollarse en cualquier disciplina, desde un jugador de fútbol hasta un chef. Estudiar programación te enseña una forma diferente de pensar las cosas y cómo resolverlas, se puede aplicar en todos los aspectos de la vida”, concluye Swietarski.