Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

En un hipermercado de la localidad bonaerense de José C. Paz, un pibe, a sus tan sólo 15 años, reflejó una muestra de madurez notable y ejemplar que desencadenó una acción solidaria digna de admirar. El menor se conmovió ante la soledad de un abuelo, abandonó por unos minutos a su madre y regresó con un desayuno para el desconocido hombre, a quien también le entregó una enternecedora caricia.

Su hijo la había acompañado a realizar una serie de trámites y como premio a su buena voluntad, Gabriela decidió obsequiarle un helado. Al conformar la fila de una de las confiterías del patio de comidas del centro comercial, Dylan advirtió la presencia de dos abuelos, e inmediatamente le confesó a su madre el deseo de hablar con ellos con el fin de interiorizarse respecto de sus historias.

Sin embargo, uno de los dos mayores le demandó mayor atención puesto que "estaba sentado solo, sin tomar nada. Entonces cuando nos sentamos en una de las mesas, lo noté a él inquieto y preocupado, sin tomar su helado. Por eso le pregunté qué le pasaba y me respondió que no podía tomar su postre viendo al abuelo sin nada", relató a Crónica Gabriela, progenitora del chico, de 15 años.

En consecuencia, la mujer le entregó dinero e inmediatamente el joven se dirigió hacia el mostrador y ordenó una taza de café y dos medialunas. Pedido del cual hizo entrega al solitario anciano, quien le agradeció el gesto y Dylan se retiró no sin antes colocarle su mano en el hombre, en señal de cariño.

Al regresar frente a su mamá, comenzó a consumir su helado, más con el afán de ocultar su emoción, aunque no logró su cometido, dado que Gabriela advirtió las sensaciones que lo invadían. "Llorá hijo, te felicito por lo que hiciste. Te amo", y el adolescente quebró en llanto tras la última palabra de su mamá.

Al respecto, su ser querida reveló que "se sentó con esa alegría de poder haber ayudado a alguien y enseguida se emocionó. A mí me llenó el alma verlo feliz". No obstante, con el orgullo de madre por semejante manifestación solidaria de su hijo, Gabriela registró el instante en el cual el menor le obsequiaba el café y las medialunas al abuelo.

Al respecto, su madre reveló que "se sentó con esa alegría de poder haber ayudado a alguien y enseguida se emocionó. A mí me llenó el alma verlo feliz". 

Por lo tanto, a las pocas horas, lo publicó en sus redes sociales, y por esta razón los "likes", los comentarios alentadores y las felicitaciones tuvieron lugar en cantidades inesperadas para Gabriela. Sin embargo, "cuando Dylan se vio en Facebook me retó porque no quería que se difundiera. Él lo hizo en forma ánonima, no pretendía que nadie lo felicite".

A su tan corta edad, "siempre le gustó acercarse a la gente mayor, charlar con ellos. Es un chico que donde ve un abuelo, va y se acerca para aprender, conocer sus historias, contarle las suyas. A mí como madre me genera mucho orgullo y a él le re gustó lo que hizo, estaba muy satisfecho consigo mismo".

En la jornada de ayer, Dylan regresó a clases, pero durante sus vacaciones de invierno, él se convirtió en maestro y enseñó cómo en estos tiempos difíciles una muestra solidaria y un simple gesto de afecto pueden ser la riqueza de aquellos carentes de recursos y cariño.

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