Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

En tiempos donde el rol del Estado y la atención de la salud pública gratuita ha tenido frente a los acontecimientos sanitarios que estamos viviendo una contundente revalorización, el ejemplo de los grandes líderes sobre estos grandes temas cobra una enorme relevancia. Y nos estamos refiriendo, en este caso, a la evocación de un ex presidente argentino.

Hipólito Yrigoyen -de quien hoy se cumplen 168 años de su nacimiento- mostró en sus dos mandatos (1916-1922 y 1928- 1930) una enérgica y contundente política de acción social y humanitaria, interrumpida, como se sabe, en su segundo gobierno por el golpe militar de José Félix Uriburu, llevado a cabo el 6 de septiembre de 1930.

Fue decisivo, entonces, por un lado, tal como lo planteó el investigador histórico Diego Barovero, el rol que tuvo Yrigoyen en materia sanitaria ante el cuadro de situación que mostraba un país anclado, hasta ese entonces, en la acumulación de bienes y riquezas para unos pocos y en desmedro de los firmes intereses del bien de la sociedad toda de ese entonces.

Hipólito Yrigoyen -de quien hoy se cumplen 168 años de su nacimiento.

Y fue así que la lucha de Yrigoyen para contemplar las necesidades y enormes deficiencias imperantes por esos años en materia de salud, atención de la población y medicamentos se convirtió en una de las grandes batallas de sus dos administraciones. Y una de esas grandes batallas, precisamente, estuvo centrada contra la propagación del paludismo.

Ante este panorama, su administración destinó importantes recursos económicos a su erradicación y también a incentivar estudios científicos que buscaron como objetivo atacar este mal. Por otra parte, se puso especial atención en la erradicación del tifus que azotaba a las provincias de Jujuy y Catamarca. En tanto, otro de los frentes estaba posicionado en la batalla contra la denominada “peste bubónica”. Así dadas las cosas, Yrigoyen -también expuso Barovero- puso especial énfasis en otro tipo de afecciones, como la tuberculosis, la viruela y las diversas formas de gripe que habían aquejado a un gran sector de nuestra población

 Y aquí, en esta misma línea de abordaje de las cuestiones más prioritarias, fue de singular importancia la creación del Instituto Bacteriológico que empezó a funcionar con los últimos adelantos científicos de aquellos años, cumpliendo, en este sentido, una meritoria labor en tratamientos sanitarios de diversas especies y enfermedades.

Otro de los aspectos muy sensibles, en consonancia con esta investigación, estaba referido a la distribución de medicamentos, sobre todo aquellos que estaban vinculados a mejorar la calidad de vida de la población con menos recursos, cuya principal problemática había hecho blanco en la malnutrición.

Por otra parte, resultó fundamental la construcción del Departamento Nacional de Higiene, antecedente inmediato del Ministerio de Salud Pública creado posteriormente en el gobierno del general Juan Perón y encabezado por el entonces ministro Ramón Carrillo.

“Distribución de la riqueza”

El pensamiento de Yrigoyen es determinante en toda su obra y así lo consignó el propio dirigente en sus memorias y escritos: “El Estado está en la obligación de oponer, a la libertad de enriquecerse ilimitadamente a costa de las necesidades comunes, el principio de su función esencial de regulador de la distribución de la riqueza social, de protector de las masas desposeídas y sufrientes, contra el avance desenfrenado de los intereses individuales”. Y acotaba, también, el emblemático político: “No hay, pues, deber más imperativo a todo gobierno que afrontar la reconstrucción económica del Estado. La democracia no consiste sólo en la garantía de la libertad política. Entraña a la vez la posibilidad para todos de alcanzar un mínimo de felicidad siquiera; es indispensable lograr una más amplia distribución de las riquezas, dando a las grandes masas una mayor capacidad de producción y consumo”.

Análisis de Raúl Alfonsín

El ex presidente Raúl Alfonsín definió la política de Yrigoyen, en sus dos mandatos, con el siguiente testimonio: “El balance del primer ciclo radical dejaría, más que una obra de gobierno, una filosofía y una bandera para el radicalismo: desde entonces, Hipólito Yrigoyen pasó a ser el modelo insustituible: defendió la soberanía nacional; evitó entrar en guerras ajenas, aunque se mostró fiero en la defensa de los intereses propios; impulsó una amplia reforma educativa; fundó tres mil escuelas y dos universidades; sancionó la reforma universitaria; dio un enorme impulso de renovación y que se extendió a todos los planos del país”.

A lo que agregó: “Trató a los hombres más poderosos de la tierra y a los más humildes, como a sus iguales; defendió el conjunto social, buscando la armonía necesaria pero manifestando una y otra vez su preferencia por los pobres; lanzó, a través del plan Huaytiquina, toda una estrategia geopolítica de desarrollo regional e integración latinoamericana; independizó los ferrocarriles de la estrategia británica, controlando su política y nacionalizándolos, en una tercera etapa; abrió las puertas de la Casa Rosada a los obreros en huelga y respetó sus sindicatos”.

Destacó Alfonsín, en esta línea de pensamiento, que “Yrigoyen se apoyó en los jóvenes, en los desamparados, en los criollos, en los hijos de la inmigración que habían sido relegados por una oligarquía soberbia y defendió los principios inquebrantables del Derecho Internacional en Ginebra”.

Preservar el petróleo

“Se propuso obsesivamente -agregó el recordado presidente de la vuelta a la democracia en 1983- preservar el petróleo argentino de las tremendas ambiciones imperialistas y convirtió al Estado en árbitro de los grandes problemas económicos y sociales. Combatió el latifundismo parasitario, llegando a sostener que las tierras como el petróleo eran antes de la Nación que de los particulares; se solidarizó con los humillados y oprimidos de América latina, saludando al pabellón dominicano mientras la isla estaba siendo invadida y contuvo a una flota de Estados Unidos cuando intentó ingresar sin permiso a aguas argentinas”.

Indudablemente, la égida de Hipólito Yrigoyen es la de un país en donde el Estado ha ocupado y sigue ocupando un rol fundamental y profundamente decisivo en la identidad cultural de una nación. La pandemia de coronavirus ha puesto de manifiesto en la mesa de análisis, entre otras problemáticas, que la salud debe ser, inexorablemente, pública y gratuita para todo el mundo.

En definitiva, la figura y la obra de Hipólito Yrigoyen ponen de manifiesto la reflexión acerca de qué país queremos para los tiempos de pospandemia que se vienen. Un país cuyos habitantes, todos, absolutamente todos, tengan derecho a recibir, entre otras cosas, la atención médica y sanitaria gratuita, o un país que discrimine qué sectores podrán acceder al marco de la salud, así como también a la educación.

En el pensamiento y la acción de Hipólito Yrigoyen, probablemente, se puedan encontrar respuestas a estas grandes cuestiones tan ancestrales y tan actuales como la vida misma.

Uno de sus ejes, la politica ferroviaria

Preocupado Hipólito Yrigoyen por la sanción de una ley de privatización de los ferrocarriles del Estado que perjudicaría de manera notable a todos aquellos pueblos alejados, el entonces presidente tomó medidas fundamentales y las anunció en un emblemático discurso el 16 de octubre de 1920, en el Congreso de la Nación.

A continuación, algunos de sus fragmentos: “Antes de entrar al estudio analítico de esa organización, cuya sola financiación nos llevaría fatal e inevitablemente a perder no sólo el dominio de los ferrocarriles del Estado, sin compensación alguna, sino el contralor de las tarifas de las empresas particulares, defensivo de la economía del país, tan necesario para el desenvolvimiento de sus riquezas; el Poder Ejecutivo debe reafirmar principios fundamentales, que ya he tenido oportunidad de enunciar, y que informan su criterio y definen lo que constituye su política en materia ferroviaria y en todas aquellas actividades industriales afines con los servicios públicos, o que tiendan a mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos constituyen elementos vitales del desarrollo general del país, en los múltiples aspectos que señalan los progresos de la vida moderna. Afirma así el Poder Ejecutivo, como fundamental al desenvolvimiento social, político y económico de la nación, el principio del dominio de los ferrocarriles del Estado y de la extensión de sus líneas”.

Vasena y la Patagonia, dos grandes manchas

Se trató de dos episodios que le pusieron el matiz más trágico y oscuro a la administración de Hipólito Yrigoyen. Las consecuencias económicas producto de la Primera Guerra Mundial produjeron centenares de huelgas y enfrentamientos violentos durante el gobierno del dirigente radical.

En primer término, en 1919, en los talleres metalúrgicos Vasena se produjo uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia, la conocida Semana Trágica, cuando en diciembre comenzó una huelga por reclamos salariales y horarios de trabajo. Por otra parte, los recordados fusilamientos de la denominada “Patagonia rebelde”.

Cabe recordar que se trató de una huelga contra la explotación de los obreros por parte de sus patrones, para exigir mejoras laborales y que fue brutalmente reprimida por el Ejército argentino.