@florbombini

La conferencia de prensa en el polideportivo de Colegiales se interrumpía de manera continua por los aplausos de los que escuchaban las historias de los atletas que ayer viajaron a Mendoza para participar del Summit Aconcagua y que escalarán la montaña más alta del continente durante 19 días.

Con Fabricio Oberto (básquet), Paula Pareto (judo) y Silvio Velo (fútbol para ciegos) a la cabeza, junto al conductor Julián Weich, otras ocho personas demostrarán a lo largo de los 6.962 metros su poder de superación.

Pareto llevará la bandera de los Juegos Olímpicos de la Juventud, que luego entregará a otro atleta, quien la desplegarla en la cima. La expedición, además, beneficiará a la Fundación Cecilia Baccigalupo, que ayuda a personas con discapacidad.

“Esto me permite decir que se puede”

Es considerado el mejor jugador del mundo de fútbol para ciegos, es el capitán del seleccionado argentino y se cansó de coleccionar títulos a lo largo de su carrera. No conforme con eso, Silvio Velo, con 46 años, aceptó el desafío de escalar el Aconcagua.
 

Silvio Velo, fútbol para ciego.

"Es algo maravilloso, estoy muy contento y tengo todas las expectativas puestas en esta aventura", señaló el jugador de Los Murciélagos. Fiel a su humilde perfil, a pesar de haber cosechado enormes logros a nivel mundial, Velo confesó que "me encantan los desafíos y el hecho de poder superarme a mí mismo. Esto me mueve, porque me permite decirles a los demás que se puede. Nunca escalé nada, y de una, encaro el Aconcagua. Espero que no sea una falta de respeto de mi parte".

Un accidente que fue aleccionador

La vida de Pablo Giesenow, un abogado de 40 años, cambió en 2015, pero su espíritu superador no se vio afectado ni por un maldito guardarrail que le provocó la pérdida de sus dos miembros inferiores. "Estaba viajando de Córdoba a Santa Cruz para el cumpleaños de mi papá. Nadie sabía que viajaba. La ruta se inundó por la lluvia, el auto patinó y los trompos me llevaron contra el guardarrail que me cortó las dos piernas".

Pablo Giesenow, atleta.

A 15 días del accidente, Pablo comenzó con la rehabilitación, a los siete meses, consiguió las prótesis y "empecé a cambiar mis objetivos, a mirar hacia adelante y dimensionar los problemas". Hoy corre, nada y anda en bicicleta, además de entrenar un equipo de fútbol amateur. "Quiero hacer triatlón", concluyó.

“La Nona que corre”, dispuesta a disfrutar

Los 83 años de Elisa Forti no son impedimento para que viaje a Mendoza a escalar el Aconcagua. "La Nona que corre", como la llaman en el ambiente del Running, tiene motivos de sobra para abordar semejante desafío. De origen italiano, la mujer, maratonista desde que enviudó a los 70 años, señaló que esta aventura consiste en "empezar y gozar hasta donde pueda hacerlo".

Elisa Forti, running.

Respecto de su rutina diaria, Elisa sostuvo que "desayuno y voy a trotar a la zona del río, en Vicente López, una hora todos los días".

¿Un mensaje para la sociedad?

"Lo único que puedo decir es que no digan ‘no puedo’, prueben y después opinan, no se queden con las ganas. Hay que probar", cerró una de las personas más queridas del maratonismo.

Cambió el cigarrillo por una vida sana

"Si miro para atrás, no me reconozco". La frase corresponde a Peter Czanyo, de 61 años, uno de los atletas que mañana comenzará a escalar el Aconcagua. El hombre fue intervenido en 2003 por un cáncer de pulmón, producto de su adicción al cigarrillo. "El último lo fumé la noche antes de la operación", comentó. Luego de que le extirparan medio pulmón izquierdo, Peter cambió.

Peter Czanyo, running.

"Para vencer el miedo al cáncer, hice otros desafíos porque sabía que podía. Se trata de descubrir esa energía que todos tenemos dentro", agregó el hombre que hoy se dedica al running y que hizo el cruce de los Andes en cuatro oportunidades. Czanyo es además, presidente de la fundación Pacientes de Cáncer de Pulmón.

“Me incluyeron, en lugar de excluirme"

Ezequiel Baraja tiene 30 años, de los cuales cuatro los pasó tras las rejas por robo calificado. Sin embargo, su vida tiene un antes y un después, y ese cambio superador fue el que lo llevó a que fuera convocado a participar de esta aventura. "Me siento un privilegiado, porque me incluyeron, en lugar de excluirme", comentó Ezequiel, quien llegó a tener hasta tres trabajos por día.

Ezequiel Baraja, rugbier.

El joven formó parte del equipo de rugby Los Espartanos, compuesto por internos de la Unidad N° 48 de San Martín y hoy está al frente de la fundación que lleva el mismo nombre, en la cual "se demuestra que, con diferentes alternativas, se puede tener una vida digna". A una semana de recuperar la libertad, Ezequiel junto con el equipo, fue recibido por el papa Francisco en el Vaticano.