El motociclista Alberto "Wey" Zapata "era un indomable", y por eso, pese a haber sufrido en noviembre último la amputación de su brazo izquierdo tras un accidente con su auto, decidió volver a competir y arriesgar su vida, la que perdió este domingo en una carrera de motocross en Córdoba.

"El inconsciente colectivo dirá que todo esto es una tragedia. Y lo es. Pero 'Wey' era un indomable. Sabía que podía morir así", dijo a Crónica Ricardo "Negro" Vargas, amigo de Zapata, a quien conocía desde niño, y de su familia. 

El motociclista había estado al borde de la muerte en noviembre pasado, cuando se accidentó con su auto en la ruta 40, en el departamento de Pocito, en San Juan, la provincia en la que había nacido hace 23 años.

Vargas era amigo de Zapata, a quien conocía desde niño.

Como consecuencia de aquel siniestro, Zapata estuvo internado varios días en grave estado y sufrió la amputación de su brazo izquierdo. 

Aquella intervención quirúrgica pareció poner fin a su promisoria carrera como piloto de motocross. "En ese momento era el cuarto mejor motociclista de Latinoamérica y tenía aspiraciones de competir en Estados Unidos. Estábamos ante un fenómeno", recordó Vargas.

Cuando finalmente se recuperó de la operación, Zapata se reunió con Vargas, quien le planteó dos escenarios posibles: intentar un regreso al motociclismo, algo que hasta ese momento ningún deportista había logrado con un solo brazo, o brindar charlas de motivación a quienes hubieran sufrido accidentes similares. "Eligió la primera. Quería sentirse potente", mencionó Vargas.

Y hasta ayer había logrado su objetivo. "Fue su primera caída después de la amputación. Él sabía que podía pasarle, pero igual tomó ese camino. Estaba en un momento de euforia: era famoso, le sacaban fotos, salía y no pagaba nada. Es una actitud muy humana. Pensaba que podía andar más fuerte que la moto", comentó Vargas. 

Y agregó: "Es doloroso, porque en el primer salto que dio, cayó y murió. Pero eligió ese camino. Era un buen hombre, un pendejo indomable".