Planear un viaje durante meses, conocer qué lugares visitarás, a qué hora y por cuánto tiempo. Esperar hasta la fecha indicada, armar las valijas, recorrer millas de kilómetros, llegar y comenzar con la agenda. Una hora para disfrutar del paisaje más maravilloso que viste en tu vida, sacarte un par de fotos y pasar a lo siguiente. En dos semanas, volver a casa y comenzar a planear la próxima escapada.

Eso les pasa a millones de personas en todo el mundo. De hecho, así era también la rutina de Carolina Fenoy y Santiago Bertaina hasta que un domingo, con la angustia de tener que ir a laburar al otro día, surgió la idea de dejarlo todo y cambiarlo por una vida viajera. Ninguno de los dos se acuerda de quién lo propuso, solo saben que ambos querían lo mismo y le dieron para adelante. Así nació “ Hakuna Matata

Pero su historia comenzó mucho antes de eso y Caro dialogó con Crónica Web para contar cómo decidieron enfrentarse a este gran cambio de vida. Santi tiene 32 años, es de El Trébol de Santa Fe. Se fue a estudiar a Rosario y se recibió de Ingeniero Industrial. Yo tengo 28 años, soy Licenciada en Administración de Empresas. Nací en General Alvear, en Mendoza ya los cinco años me fui a vivir a San Luis en donde estuve hasta los veintipico. Nos conocimos en Córdoba a donde ambos nos habíamos mudado por laburo. Trabajábamos en Arcor, en una planta de chocolate, nos encantaba pero decidimos dejarlo todo atrás”, recordó.

El viaje comenzó a tomar forma

Inmediatamente tomaron cartas en el asunto. Pegaron cartulinas en las casas de ambos para poder organizar sus ideas y llevar adelante este proyecto en conjunto. Al otro día comenzamos a buscar información y leer todo lo que encontramos. Pusimos dos vinilos, uno en la casa de Santi y otro en la mía. Uno estaba destinado a analizar paso por paso las cosas que teníamos que hacer antes de salir de viaje. Desde el vehículo en el que íbamos a viajar, las cosas que teníamos que vender y otro tenía todo lo que teníamos que dejar listo”, agregó.

Santi ya tenía la camioneta así que resolvió comprar un camper ya que tenía varias comodidades y la ventaja de poder desmontarlo del vehículo en alrededor de 15 minutos. Los preparativos, se puede decir que fueron un parto. Es que desde que tomaron la decisión hasta que lograron poner el motor en marcha, pasaron nueve meses.

 

Compramos el camper, vendimos nuestras pertenencias, renunciamos a nuestros laburos y en diciembre del 2019 salimos de Córdoba para pasar las fiestas con nuestras familias. Para Navidad estuvimos en El Trébol y para año nuevo en San Luis. El 6 de enero del 2020 es la fecha oficial de punto de partida , fue el momento en el que salimos de San Luis”, aseguró la viajera.

El destino intentó frustrar sus planes

Llevaban poco más de dos meses recorriendo las rutas argentinas cuando el coronavirus los obligó a parar la marcha por completo. Cuando vimos que se estaba complicando todo decidimos parar por decisión propia en Bariloche, pero a los dos días decretaron la cuarentena. Los primeros cinco días estuvimos en una estación de servicio. Teníamos electricidad, agua y seguridad pero no queríamos bajar del camper porque había mucha psicosis con respecto a que los viajeros llevaban el virus. Previendo que esto se iba a extender comenzamos a preguntar a nuestros amigos si tenían algún conocido. Solo buscábamos un lugar con patio como para poder bajar y no estar encerrados en ocho metros cuadrados”, recordó Caro.

Gracias a la amabilidad de completos extraños, no solo consiguieron un jardín al cual bajar para estirar las piernas, sino alojamiento gratuito. Dimos con la gente de Bungalows Capurro, nos dijeron que fuéramos, que tenían una cabaña para nosotros y que no querían nada a cambio”. Pero las dos semanas de cuarentena se fueron extendiendo cada vez y ellos insistieron en ayudar con el lugar así que hicieron tareas de jardinería, mantenimiento, pintura y redes sociales.

Estuvieron en Bariloche por más de ocho meses, hasta que se habilitó el turismo nacional. Somos de mirar el lado lleno y la verdad es que la pasamos espectacular. Disfrutamos muchísimo. Desde que comenzó a habilitar algunas actividades conocimos un montón y se transformó en uno de nuestros lugares favoritos”, confirmó Fenoy.

De la crisis surgió una oportunidad

En un primer momento pensaron en conseguir dinero vendiendo artesanías y realizando trabajos online, pero con la cuarentena se les abrió otro panorama. Salimos a viajar dispuesto a laburar de lo que surgiera en el camino. El canal de Youtube no estaba entre nuestros planes. De hecho, llegábamos a un lugar, yo sacaba dos fotos y ya me ponían mala cara [se ríe]. Al comienzo solo teníamos Instagram y Facebook pero más que nada para compartir el viaje. En la cuarentena arranqué con el canal yo sola y después Santi se fue convenciendo. Hoy es algo que los dos disfrutamos mucho y se ha convertido en nuestro laburo. Vivimos de eso y requiere mucho trabajo”.

Actualmente tienen más de 45 mil suscriptores en Youtube, y una cifra similar de seguidores en Instagram. Además, a través de su página web www.hakunamatataxelmundo.com.ar venden merchandising (gorras, remeras, bolsas reutilizables y llaveros) y con parte de lo que recaudan hacen acciones benéficas en las ciudades que visitan.

 “Nos tomamos el tiempo de responder casi todos los mensajes, creo que el 99.9% de ellos. El que está del otro lado, te ve y se toma el tiempo de dejarte un mensaje, así que a nosotros también nos gusta tomarnos el tiempo de responderles. Tenemos una linda comunidad de gente que nos acompaña y que viaja con nosotros, que nos ofrece ayuda, nos da recomendaciones y nos tira buenas energías”.

El amor del público

Afortunadamente, la cuarentena no fue para siempre y en cuanto pudieron volver a la ruta se encontraron con algo que no habían tenido antes: decenas de personas que los paran para saludarlos. “Siempre decimos que lo mejor que tiene el viaje es la gente que conocés, que te ofrecen cosas de corazón. Nos pasaron cosas muy locas. En Usuhaia una persona nos invitó a su casa para ofrecernos una ducha y el lavarropas y en un momento nos dijo: chicos, ya vengo, me voy. Se fue y nos dejó su casa. Hace poquito nos pasó algo similar con unos chicos que nos siguen, que son de Tucumán pero tienen una casa en Tafí del Valle. No podían llega. a vernos así que nos mandaron la llave, entramos a la casa y ellos llegaron al día siguiente”, relató todavía asombrada.

En su canal combinan videos con recomendaciones para viajar y con vlogs de lo que les va sucediendo en el camino. Por ello han generado tanta empatía en sus seguidores. “Mucha gente nos invita a su casa, a tomar una ducha, a lavar la ropa, a compartir el momento, pero dejarle la llave a un extraño es otro nivel. Lo que nos pasa es que cuando llegamos a un lugar y nos encontramos con algunos seguidores, nosotros no los conocemos pero ellos cada vez que te ven te hablan como si vos fueras su amigo, porque nos sienten así. Creo que eso es lo más loco”.

El recorrido es la meta

Todo el tiempo aclaran que ellos no están de vacaciones, sino que tienen una casa con ruedas así que si bien siguen trabajando, tienen la ventaja de poder elegir cuál va a ser su “jardín” del día. “Nosotros también nos cansamos y a veces no tenemos ganas de movernos, a veces solamente queremos frenar y ponernos a lavar la ropa y todas las cosas que uno hace en la vida cotidiana con la diferencia de que nuestra casa se mueve. Viajando te enfrentás a las mismas situaciones que en una casa. Se te rompe algo y tenés que arreglarlo, tenés que ir al supermercado cuando te quedás sin comida. Tengo que cocinar, laburar y lavar la ropa”, aseveró.

A pesar de que ya llevan casi año y medio viajando, todavía les cuesta encontrar algo en contra de este estilo de vida. “Te acostumbrás a vivir con muy poco, cada vez menos. Si bien te adaptás a tener menos comodidades, cuando alguien te ofrece una ducha caliente la disfrutás mucho más. El camper tiene una ducha y agua caliente, pero tenemos un tanque de ochenta litros que nos tiene que durar para bañarnos los dos y hacer los quehaceres domésticos, no es lo mismo que cuando te bañás en tu casa y podés dejar correr el agua mucho más. Por eso cuando nos ofrecen una ducha aceptamos de una”, confirmó entre risas.

Otro de los desafíos es la convivencia, aspecto en el que cada día van mejorando. “No es color de rosas y es un aprendizaje el vivir con el otro 24/7. Viajando tomás decisiones todo el tiempo y en nuestro caso somos pareja, amigos, familia, compañeros de trabajo y socios. Vamos aprendiendo todos los días a tener una relación saludable, porque el de al lado es todo para vos”.

Por lo pronto, están trabajando en dos proyectos que hasta el momento mantienen en secreto pero que tienen que ver con ayudar a los demás a que den un paso y cumplan sus sueños. “A nosotros nos gustaba mucho el trabajo que teníamos y dejarlo fue una de las decisiones más difíciles que tomamos. Hoy por hoy no nos vemos volviendo a una vida rutinaria. Nos imaginamos vivir viajando. Hemos logrado encontrar este equilibrio en el que trabajamos, nos gusta y nos genera plata para seguir viajando. Nos cuesta mucho encontrar una desventaja de este modo de vida porque verdaderamente somos muy felices haciendo esto”.

Caro y Santi se animaron a perseguir su sueño y ni una pandemia les hizo cambiar de idea. Más tarde, ya verán, por ahora… ¡Hakuna matata!.

Así es el camper de los chicos por adentro

  

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