"Hitler era una basura, un ser horrible, y había que hacer algo"
Producción Especial Palabras de Ronald Scott, un argentino que luchó en la Segunda Guerra Mundial como piloto de la Fuerza Aérea británica.
Por Gabriel Arias
garias@cronica.com.ar
Me han caído bombas muy cerca estando en Londres o en Portsmouth y en ese momento teníamos que salir corriendo hacia los refugios porque no quedaba otra. He perdido muchos compañeros en la guerra”. La frase pertenece a Ronald Scott, un argentino oriundo de la localidad de San Isidro, quien fue piloto de la Royal Air Force (RAF) británica y combatió en la Segunda Guerra Mundial.
Hoy se cumplen ocho décadas del inicio de la gesta bélica y este hombre de 101 años dialogó con Crónica acerca de cómo atravesó esta experiencia. De madre londinense y padre escocés, siempre supo que tenía que “defender sus orígenes” del constante ataque alemán: “Un día fui a la iglesia y me di cuenta de que (Adolf) Hitler era una basura, un ser horrible y tenía que hacer algo. El hecho de haber ido a la iglesia me dio la sensación de que estaba haciendo lo que correspondía. Es por eso que en mayo de 1942 fui a la embajada británica para enrolarme en la Armada, hice los exámenes de matemáticas, físicos y comenzó todo”, recordó Scott.
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En su familia ya había un antecendente militar: su padre había estado en las guerras de los boers, en Sudáfrica; y su tío, en la Primera Guerra Mundial, con lo cual el miedo no formaba parte de su ser.
Recuerdos del horror
Una vez desembarcado en Inglaterra, Scott recordó: “Vimos muchas iglesias y viviendas destruidas y ahí me di cuenta de que los alemanes mataban por matar, eso ya no era algo militar. Esas iglesias tenían 200 años, de hecho, la iglesia de la RAF desapareció al igual que el barrio cercano luego de un bombardeo”.
Ya establecido en la base de Portsmouth, la guerra no le dio descanso: “Los bombardeos eran continuos, sobre todo en horas de la noche. No importaba la hora, cuando la alarma sonaba había que salir corriendo hacia los refugios, porque era la única salvación de la muerte segura. Recuerdo que una vez estaba conociendo Wembley, escuché un sonido de motocicleta y alguien me dijo que me ocultara porque eran 6 V1, una bomba alemana cuyo contenido de dinamita era equivalente a derribar una manzana de 100 por 100, y el cual con ese sonido te dabas cuenta de que caía una bomba cerca tuyo”.
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Como piloto de aviación, Scott tuvo su momento dramático cuando su Spitfire cayó en el océano Atlántico, cerca de las islas británicas: “En un ejercicio que llevaba adelante, se me plantó el motor y fui a parar al mar. Mi compañero logró salir, pero mi situación se complicó porque quedé en mala posición. Sin embargo, tuvimos la suerte de que alguien a varias millas, en uno de los faros que existían en la zona, pudo ver cómo caía la aeronave y eso posibilitó que una lancha de la RAF nos salvara de una muerte segura”.
“Es increíble la matanza y destrucción que hubo en la guerra, he perdido muchos compañeros en el frente de combate y hoy los recuerdo con cariño”, concluyó Scott, aún emocionado al hablar de aquellos años de tristeza y mucha destrucción.

