Tener una marca en la piel para toda la vida, poder mostrar en el cuerpo símbolos, pasiones o huellas que quedarán de forma permanente en el alma, hasta darse el simple gusto de tener algo que nos gusta y poder verlo a través de un espejo para siempre por el resto de los días. La decisión de hacerse tatuajes en el cuerpo tiene infinidad de razones y millones de adeptos a una pasión, de la cual muchos adultos mayores forman parte. 

“El tatuaje es un estilo de vida, lo es todo. Comparable con lo que un pibe siente al tener un auto o una moto nueva, para mí lo es un tatuaje nuevo”, considera en diálogo con “Crónica” Héctor Ponti, padre, abuelo y policía retirado de la localidad bonaerense de Isidro Casanova.

Ponti tiene 60 años y ya está jubilado.

 

Con decenas de tatuajes en casi todas las partes de su cuerpo, Héctor confiesa que ya perdió la cuenta de cuántos tiene y asegura que le cuesta definir cuál le gusta más. 

Por su parte, el hombre recuerda cómo a sus 13 años recibió la desaprobación de sus padres, que lo querían “matar” cuando se apareció en la casa con “un ancla” que le hizo un amigo. Fue a partir de ese momento donde marcó lo que sería una de sus grandes pasiones.

 

“Tengo una gárgola abrazando a una mujer desnuda de 25 cm, un cangrejo que me hizo mi hijo y simboliza que soy del signo Cáncer, una viuda negra, un casco espartano con lanzas, un Jack Daniel’s en el brazo y un escudo de paracaidista, por mi tiempo en el servicio militar, entre otros”, cuenta el hombre de 60 años.    

Además, Héctor agrega que lleva tatuados en su piel “un saxo”, por su amor a la música y a ese instrumento, “un escudo de Almirante Brown”, club de sus amores, así como el nombre de sus dos hijos y “un angelito dormido”, por un nieto fallecido. 

En torno a su historia con los tatuajes, menciona que durante su época de policía llevaba los tatuajes en partes no visibles del cuerpo y se sentía como desnudo. Pero con su retiro de la fuerza, en 2009, pudo comenzar a realizarse más tattoos “en todo el cuerpo”. 

Le inculcó a su hija la pasión por los tatuajes.

Sobre esta línea, Héctor enfatiza que hay “muchos prejuicios sobre las personas que se tatúan” y que cuando era joven se decía que era algo “solo de marinero o de ladrón”

“Hay gente que al llegar a un lugar se me queda mirando los tatuajes como pensando que estoy loco y algunos me preguntan si me gusta autoflagelarme, cuando no es así, yo me estoy adornando. Jamás me interesó lo que dijeran los demás, lo importante es que a mí me guste”, resalta. 

En ese sentido, remarca que “nunca es tarde para comenzar a tatuarse” y dio como ejemplo a su esposa, quien jamás se había hecho un tatuaje hasta antes de conocerlo. 

“Mi esposa es profesora de literatura y somos dos polos opuestos, a ella jamás se le había pasado la idea de tatuarse. Una vez, cuando empezamos a salir le dije ‘te voy a hacer tatuar’ y ambos tenemos tatuado un hilo rojo, que simboliza nuestra unión”, destaca Héctor. 

Con vistas al futuro, asegura que se va a seguir tatuando “hasta el último día” de su vida, siempre que encuentre algún lugar en su cuerpo, y que para una pasión como esta “no hay edad”. 

 

Récord histórico

Vladimir Sedakov, un jubilado de 74 años de la localidad de Ekaterimburgo, Rusia, decidió 10 años atrás convertirse en un artista que pinta cuadros, en base a su fuerte atracción a las actividades creativas.
Sin embargo, hace dos años quiso ir un paso más allá de sus pinturas sobre lienzos y dejó de dibujar solo sobre el papel para comenzar a tatuarse toda la piel.
De este modo, Sedakov pasó de no tener a principios de 2019 ningún tatuaje en su cuerpo, a contar con 63 en total en casi todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.
Uno de sus tatuajes más famosos es uno que reproduce a Espartaco, el gladiador que dirigió en tierras europeas un ejército de esclavos rebeldes en el siglo I antes de Cristo, por el cual mucha gente llama cariñosamente con ese nombre a Vladimir.
Magneto es fanático de los tattoos.
Si bien en la actualidad vive solo de su pensión como jubilado, “Espartaco” explica al medio ruso RT que tuvo a lo largo de su vida “60 trabajos distintos y ahora proyecta su nuevo hobbie como youtuber como un nuevo pasatiempo.
Con más de 9.000 suscriptores en Youtube y 4.000 seguidores en Instagram, el jubilado ruso no para de crecer en las redes sociales con sus llamativos tatuajes y proyecta cubrir su cuerpo completo con ellos.

 

Incursionar en un mundo desconocido

Los casos de abuelos que se han vuelto virales a partir de sus tatuajes se repiten en distintas partes del mundo y quizás uno de los casos más reconocidos sea el de Wolfgang Kirsch, un hombre de 72 años oriundo de Alemania que tiene el 98% de su cuerpo tatuado. 

Conocido bajo el pseudónimo de “Magneto”, este jubilado alemán y ex empleado de la oficina de correos de su país tiene tatuajes en todo su cuerpo, menos la planta de los pies. 

Así es, que en total se realizó en total 86 tatuajes grandes en los últimos 20 años y es considerado el hombre con más tatuajes de toda Alemania. 

Al respecto, “Magneto” afirmó que no pudo hacerse tatuajes mientras trabajaba en la oficina de correos en la República Democrática de Alemania (RDA), y tuvo que esperar hasta la reunificación de su país para poder hacerse su primer tatuaje, después de 1989. 

En total, el jubilado alemán pasó más de 720 horas sometido a la aguja para tener tatuada la cara, los brazos, el torso, la espalda y las piernas, en tanto que tuvo que invertir más de 40 mil dólares durante los últimos 30 años para lograr su cometido. 

"Nunca es tarde" 

A sus 103 años, Dorothy Pollack, una abuela estadounidense de 103 años, tomó la decisión de llevar a cabo uno de los deseos que le quedaban aún por cumplir y se realizó en su brazo izquierdo una rana. 

Encerrada durante meses en un asilo de ancianos ubicado en la localidad de Muskegon, Michigan, Dorothy cayó en “depresión” y preocupó a sus familiares por su estado de ánimo, al sentirse sola con el actual contexto y la restricción de visitas de seres queridos. 

“La enfermera del lugar dijo que estaba terriblemente deprimida y que necesitábamos sacarla. Ella tiene una pérdida auditiva extrema, por lo que las llamadas telefónicas no fueron útiles”, expresó Teresa Zavitz-Jones, su nieta. 

Semanas después de que le dieran de alta en el hogar de ancianos, de repente, Pollack decidió que quería hacerse un tatuaje, haciéndole caso a un viejo pedido de uno de sus nietos. 

“Lo viví como una experiencia muy emocionante, porque hace años mi nieto quería que yo me hiciera uno y no lo hice. De repente, decidí que me gustaría tener uno. Y si pudiera, una rana. Porque me gustan las ranas”, contó emocionada la anciana. 

Fue así como Dorothy tuvo su primer tatuaje y recomendó a las personas que son adultos mayores que también lo hagan, ya que, si “lo dice una persona con más de un siglo, tienen que hacerlo”.