Cuando el empeño y la voluntad son los pilares para salir adelante, no hay dificultad ni obstáculo que valga para alcanzar las metas y anhelos que cada uno se proponga, y de ello puede dar fe Pablo Villalba. Un joven ciego, oriundo de San Miguel, quien siempre soñó ser abogado, para "resolverle los problemas a la gente", y en los últimos días hizo realidad su deseo, bajo un encomiable esfuerzo, y dejando atrás los impedimentos propios por su condición visual.

En 2011, Pablo Villalba decidió inscribirse en la Universidad Nacional de José C. Paz en la carrera de Derecho, impulsado con su firme convicción de recibirse de abogado. "Cuando me anoté, no lo hice para ver si podía hacerlo, o para conocer la experiencia de estudiar en la facultad siendo ciego, sino con la idea de terminar la facultad algún día", dejó en claro Pablo ante Crónica.

El doctor Villalba tiene 35 años, nació en forma prematura, en el sexto mes de embarazo, y por esa razón sufrió una retinopatía, afección por la que perdió completamente su capacidad visual a sus 8 años

Sin embargo, a pesar de los anhelos y de las metas, los primeros tiempos en la mencionada casa de altos estudios no fueron para nada sencillos. Al respecto, Villalba recordó que "fue difícil por mi capacidad porque los materiales estaban escritos en tinta y papel, entonces fui grabando las clases con un celular y estudiaba así".

Justamente una de sus principales colaboradoras y fiel compañera fue su mamá Cristina, quien leía y le dictaba cada uno de los textos a estudiar para que él lo escribiera en braile o lo registrara vía audio. Luego también se sumó Silvia, una alumna de la misma universidad, con la cual el joven, se reunía para intercambiar conocimientos y estudiar los contenidos en las semanas previas a los exámenes.

Finalmente completaría la carrera en 2017 pero la lentitud de los procesos burocráticos postergó rubricar su título de abogado hasta el 14 de mayo pasado, cuando se llevó a cabo la entrega del diploma. "Había ido a la universidad para hacer un trámite, y en ese momento me dicen: Mira que ya está tu título, entonces me volví a las apuradas a casa para avisarle a mi familia y ponerme el traje, porque era un día muy especial".

El doctor Villalba tiene 35 años, nació en forma prematura, en el sexto mes de embarazo, y por esa razón sufrió una retinopatía, afección por la que perdió completamente su capacidad visual a sus 8 años. No obstante, nunca bajo los brazos, como él mismo lo reconoce, remarcando que "ni ahora ni antes hubo nada que me frene. Tengo voluntad y empeño, y eso me permitió llegar muy lejos".

A su vez, el hombre, oriundo del barrio Santa Brígida, confesó que "espero ser un ejemplo para los demás. Soy el mayor de ocho hermanos, y desde que me recibí, quieren estudiar como lo hice yo y convertirse en profesionales". A pocos días de cristalizar tan admirable vocación en un título universitario, Pablo no ha definido su especialidad, pero ya está dispuesto y preparado para ejercer, con la misión de "devolver la ayuda que me siempre me dieron. Siempre me gustó hacer algo por aquellos que tienen un problema y la abogacía es una manera de hacerlo".