Miguel Ángel era uno de los 12 hijos que habían tenido Argentina Olguín y Bernabé Gaitán. Nacido en La Rioja el 9 julio de 1966, no llegó al año de vida porque falleció el 24 de febrero de 1967, víctima de una meningitis que había contraído a las dos semanas de vida. 

Ese día murió la criatura y comenzó un período de dolor para su familia que se vio marcado por otro hecho desgraciado: en 1973 una tormenta azotó al pueblo y el mausoleo donde estaba el cadáver quedó totalmente destruido, a excepción del pequeño ataúd con el cuerpo intacto del bebé que fue hallado sobre los escombros.

Tras el derrumbe, el sitio se volvió a construir una, dos y hasta tres veces, ya que cada vez que se levantaba, la construcción caía nuevamente. "Mi mamá y mi papá contaban que el nicho se derrumbaba y el cajoncito quedaba sobre los ladrillos hechos polvo. Lo volvían a construir y pasaba lo mismo. Una vez que fuimos al cementerio vimos que la tapa del ataúd estaba corrida y pudimos ver la cara del bebé, que parecía un bebote, estaba intacto, tenía hasta el chupete puesto", dijo Cristina Gaitán, hermana de Miguel en una entrevista para La Nación.

Así fue como la familia decidió dejar el ataúd a la intemperie sin protección alguna, porque decían que los sucesivos derrumbes era el pequeño, fallecido hace ya 50 años, expresando su voluntad de no ser tapado.

Tal fue el pedido del bebé que cada mañana el cajón aparecía con la tapa corrida y el cuerpo sin cambio alguno. Con el correr del tiempo, el rumor comenzó a circular por el pueblo y los vecinos empezaron a dejar cartas cerca del ataúd y cada vez acudía más gente a visitar el lugar.

Tras unos meses al descubierto, Argentina  decidió aplicar una tapa de cristal para que el rostro siguiera quedando a la vista pero no pudiera tocarse, ya que por el roce de las personas comenzaba a deteriorarse.

Y un buen día se convirtió en santo popular

Los mensajes nunca dejaron de llegar, pero con el tiempo además se sumaron juguetes, ropa y distintos elementos que le entregaban al pequeño a modo de agradecimiento por pedirle favores y milagros que, según lo que muchos comentaban, se cumplían.

Por lo general, las peticiones más populares están relacionadas con la cura a enfermedades, y la gente afirma volver porque “el Angelito” cumple.

Su popularidad creció tanto que medios de todo el mundo, incluido el New York Times, llegaron al cementerio de Villa Unión y al pueblo Banda Florida para conocer el caso. Además, cada vez más personas, no sólo riojanas sino de todo el país, acuden al lugar, que debió ser agrandado por este motivo. Así se construyó un nuevo lugar de dos pisos para poder guardar todo lo que le llega al Angelito.

Con el tiempo, la familia comenzó a donar muchas de las cosas a comedores, merenderos, hogares y niños de la zona. El Día del Niño o el Día de Reyes son días fijos en el año en el cual suelen hacer esta actividad.

Cada año el día de su nacimiento, se celebra una misa en el pueblo a la que llegan fieles de todo Argentina y países vecinos. Luego de la misma se ofrece chocolate caliente y se dejan los regalos para Miguelito “el Angelito”.

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