Por Luciano Bugner 
@lucianobugner 

En sintonía fina y con la mira puesta en las elecciones, las reuniones entre referentes del sindicalismo y el dirigente opositor Alberto Fernández tejieron el armado y el rol de los gremios durante la campaña. El heterogéneo océano gremial entiende que un paso en falso puede ser beneficioso para Cambiemos, espacio con un panorama al menos oscuro en las encuestas.

En ese esquema, los paros y las grandes movilizaciones quedarán apartadas porque "la pelea es en las urnas", resumió el inoxidable Hugo Moyano. El precandidato del Frente de Todos tuvo dos numerosas fotos: el 13 de junio, en La Bancaria, se reunió con el Frente Sindical para el Modelo Nacional; y el pasado martes, en UPCN, almorzó con la CGT.

En total, Alberto posó con 41 dirigentes sindicales, quienes ratificaron su apoyo a la fórmula Fernández-Fernández. Ambos sectores, opuestos en miradas gremiales pero con coincidencias políticas, pusieron sobre la mesa los principales temas que preocupan al mundo obrero: desempleo, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los índices de la pobreza, y la reforma laboral.

Tras aquel encuentro con el moyanismo, desde el espacio político aclararon que la reunión fue "para coordinar medidas que permitan terminar con la recesión económica y la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y las trabajadoras argentinas". Activo en las redes sociales, fue Twitter el canal que utilizó Alberto Fernández para destacar, tras el almuerzo en la sede estatal, que "los trabajadores esperan mejores empleos y salarios, no una reforma propuesta por el FMI que promueve los despidos".

Sin embargo, por debajo de ese abanico, una estrategia de campaña se tejió entre referentes del espacio kirchnerista y los líderes sindicales. Fue Hugo Moyano, al frente de Camioneros e histórico secretario general de la CGT, quien resumió el plan de cara a las PASO y a las elecciones primarias: "El paro no es la forma de pelear ahora. Hay que pelear en las urnas". La frase no sorprende si se la lee en clave electoral.

Desde la central obrera reconocen que "no es momento de joder a usuarios del transporte público, ni a comercios, ni a la construcción". Los ejemplos son claros. Entienden que el paro es una herramienta pero que por el momento tiene que reposar en cajones. Sí saben que los reclamos sectoriales estarán a la orden del día. Pero quedarán allí. Sin una adhesión masiva.

"Si mi gremio no puede cerrar las paritarias irá al paro, pero la medida de fuerza afectará sólo al sector. No vamos a pedir al conjunto del mundo obrero que salga a la calle con nosotros", le dijeron a este medio desde Azopardo 802. En agenda, Camioneros tendrá, el 5 de agosto, el plenario en el microestadio de Ferro.

"Se anunciará -señaló el comunicado difundido- las medidas a seguir en caso que el gobierno nacional continúe dándoles la espalda a los trabajadores". Pero desde la Federación misma reconocen "una huelga es difícil". En medio de ese manejo, Héctor Daer -el armador entre el acercamiento de la CGT y Alberto Fernández- sabe que "el ataque a los sindicatos tiene una estrategia clara: distraer la atención pública de los temas de fondo". Por eso, en estos tiempos corren pulso de gremialista, pero mente de ajedrecista.

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