Al hablar de videncia y lectura de cartas del Tarot rápidamente saltan las alarmas, la desconfianza en algo que no se puede demostrar es susceptible de habitar en cualquier ser humano. Pero la realidad de los hechos, la que lleva acompañándonos desde que el hombre camina sobre la tierra es, en este sentido, diametralmente opuesta a lo que la razón, en un principio, pudiera sugerirnos.

La historia nos habla de personas especialmente sensibles a la percepción de energías ocultas para la mayoría de los mortales. Posiblemente, como muchas de estas personas afirman, todos los seres humanos estamos capacitados para captar esas energías, pero por desconfianza, desidia o incredulidad las abandonamos a su suerte, alejando de nosotros la oportunidad de captar algo más que la realidad física y superficial que todos conocemos.

Sin embargo, no todos abandonan, sino que hay un gran número de ellas, sobre todo mujeres, que siguen los dictámenes de su conciencia e indagan, profundizan, estudian y afinan estas virtudes innatas para aplicarlas en beneficio de todos aquellos que quieran utilizarlas.

Para ser una buena vidente fiable no se precisa de artificios exóticos ni precios elevados. Una vidente buena como la que se referencia en el enlace cobra lo justo por sus predicciones y ofrece un Tarot barato de 5€/17m. Solo este tipo personas cobran lo necesario para vivir, sabiendo que lo que ofrecen no tiene precio calculable.

Pues, ¿qué precios podríamos ponerle a la facultad, adquirida de nacimiento y perfeccionada durante toda una vida, de deshilar los estados emocionales y temporales de las personas, creando las palabras justas que calmen los espíritus más desatendidos, logrando discernir lo que la línea temporal ofrece para cada caso concreto?

¿Cómo podremos evaluar el arte de adivinar o proponer caminos que recorrer con nuevos ánimos, superando tormentos y desequilibrios? Las videntes, con las herramientas propias de su oficio, como la cartomancia, son capaces de elaborar un plan creíble y racional para todas aquellas personas necesitadas de una ayuda y un apoyo que no encontraron en ningún otro lugar.

La sensibilidad especial de estas personas no solo reside en la capacidad de discernir entre todos los futuros probables cuál es el más acertado, ni en adivinar posibles hechos venideros, se encuentra en captar empáticamente las necesidades de otras personas, llegar al fondo de sus almas y, como por arte de magia, encontrar el camino correcto que las saque del atolladero en el que se encuentren sumergidas.

Esto es lo que les ocurre a Mari La Santera y a su grupo de especialistas en tarot y videncia que puedes consultar en el enlace anterior, o pedir cita directamente por el servicio de mensajería Wassap al número 617271358, la especial disposición de su trato y la inteligencia de sus respuestas te harán entender los años que llevan practicando el oficio de la videncia, un oficio de ancestral recorrido.

Breve historia de la videncia, un poco de luz a una realidad luminosa

De dónde proviene históricamente esta capacidad sobrenatural o sensibilidad tan fuera de lo común que les permite visualizar, discernir el futuro y esclarecer el pasado, de dónde viene la videncia que conocemos y a la que recurrimos a día de hoy.

Muy probablemente tengamos que retrotraernos a la primitiva palabra oráculo para empezar a esclarecer dónde se inició este noble arte de la predicción.

Un oráculo puede ser un templo o lugar sagrado que los dioses eligen para manifestarse en la Tierra, o bien la respuesta que los dioses, a través de su personal de confianza (sacerdotisas, brujos o hechiceros) ofrezcan a sus creyentes humanos.

Podemos situar con cierta certeza que el nacimiento de la videncia se realizó en una de las más grandes y antiguas civilizaciones que el mundo haya conocido, su misticismo y creencias aún perduran ocultas entre nuestras propias raíces culturales. La civilización egipcia es, desde tiempos ancestrales, la que se alza con el título de lugar de nacimiento de esta ciencia remota de la clarividencia.

Se deduce que los primeros signos de premonición vienen ejecutados a partir de las respuestas que las deidades egipcias (formas entre humanas y animales) a las que se rendían culto en busca de protección, buenas cosechas y sabiduría, ofrecían en estos oráculos o templos de adoración. Estas respuestas eran interpretadas gracias a sus sacerdotes a través de la observación de animales y fenómenos naturales.

De Horus, cuya representación es un halcón, todavía se conserva un oráculo adivinatorio que se interpreta a través del afamado Tarot Egipcio. Un oráculo que predice el futuro próximo y se rige por las diferentes posiciones lunas. Se le considera bastante confiable y preciso.

El oráculo de Delfos

En la antigua Grecia aparece quizás el más conocido de los oráculos, el oráculo de Delfos, un santuario dedicado al dios Apolo, posiblemente el más venerado y uno de los más importantes.

En el templo de Delfos estaban las Pitias o Pitonisas, las primeras representaciones de las videntes, que eran las encargadas de transmitir y de descifrar las respuestas que las deidades ofrecían a todos aquellos que viniesen a consultar al oráculo.

Puede ser que la primera Pitonisa se llamase Sibila, ya que desde entonces con este nombre se designan a las personas con estas capacidades sobrenaturales.

Hay datos históricos que permiten asegurar que la videncia se oficializa en Roma, alrededor del 750 antes de JC. Los videntes oficiales conocían la voluntad de los Dioses en referencia a los proyectos de los hombres, los comunicaban y aseguraban el buen o el mal éxito en sus campañas, sobre todo en las militares y en las comerciales.