En tiempos en los que la diversidad sexual dejó de ser un tema tabú en la sociedad, el caso de un joven que fue acosado y hostigado porque supuestamente era gay obliga a que se replanteen ciertos parámetros en algunas instituciones. Esta es la historia de un joven agente de la Escuela de Cadetes de Neuquén, de 25 años, a quien persiguieron por creer que era homosexual y debió renunciar a su proyecto de vida dentro de la policía. En 2017 decidió iniciar la carrera de oficial con un gran entusiasmo: "Vi una oportunidad para crecer personal y profesionalmente. Busqué estar entre los mejores promedios para aspirar a una beca universitaria, quería destacarme".

Terminado el primer año en la Escuela de Cadetes, de los 68 integrantes de la clase y de esos sólo seis pasaron a ser abanderados y escoltas de la Bandera nacional y de Neuquén, cuyo abanderado fue el joven de esta historia, quien prefirió reservar su identidad. Pero todo cambió a principios de este año: "No sé por qué comenzaron a señalar que tenía forma de hablar y gestos delicados. Hicieron circular el rumor de que era gay, cuando yo soy heterosexual", recordó el ex cadete, quien recibió un mensaje de un compañero que lo advertía de que le querían hacer una "cama".

Lo cierto es que se hizo circular el rumor de que había entablado una relación con un cadete de primer año y los oficiales comenzaron a entrevistar a otros estudiantes de la escuela para que avalaran la historia. Fue así como armaron una investigación y tomaron declaraciones a todos los cadetes, pero el rector de la Escuela nunca le dijo lo que pasaba y que estaba bajo la lupa y mucho menos los motivos.

Finalmente, la investigación no prosperó, aunque de todas formas le pusieron una sanción, que era lo que buscaban, por deambular por la cuadra de noche. El joven abanderado pasó a cargar con una etiqueta y sus superiores seguían buscando quebrarlo para que se fuera por su supuesta condición sexual.

Finalmente, un fin de semana en que no lo dejaron salir a visitar a su abuela, que tenía que operarse de la vista, lo llamaron a formación y un oficial lo ridiculizó delante de todo el estudiantado y del rector, momento en el que decidió irse. "Cuando les dije que me iba de la escuela, el oficial gritó: ¡Bien! 1 a 0, así que armé el bolso y firmé la baja. Ahí mandaron a llamar al psicólogo que estaba todos los días en la escuela pero que nunca me atendió hasta ese último momento", relató el joven, a quien fue a buscarlo su familia tras un año y medio en la escuela.