Por Conrado Moreno
@conradomoreno

La historia de Maximiliano Kondratiuk contiene muchos condimentos: pasión, sacrificio, valentía, tristeza y, sobre todo, esperanza y fuerza. Mientras le hace frente a la enfermedad de Wilson, un inusual trastorno heredado que provoca la acumulación excesiva de cobre en los órganos, Maxi se plantea un nuevo desafío: que el powerchair pootball tenga su merecido lugar entre las entidades deportivas del país.

Esta práctica, más conocida como "fútbol en sillas de ruedas motorizadas", es vital para todas aquellas personas con discapacidades motrices que deseen sumergirse en el mundo del deporte. Además, es una gran herramienta de inclusión social, basada en la generación de nuevos vínculos y amistades.

Sin embargo, para jugar al powerchair football se necesita de unas sillas especiales que cuestan entre siete mil y diez mil dólares, cifra astronómica si se tiene en cuenta la poca visibilización del deporte.

Es por esto que Maxi impulsa una campaña para conseguir sponsors que puedan costearlas, como también así el transporte necesario para trasladar el equipamiento. Maxi, a través de la computadora que utiliza para comunicarse, escribió: "Una vez que esté todo, arranco a jugar".

Maxi visitó la redacción de Crónica, donde cumplió uno de sus sueños: conocer al ex jugador de fútbol Mauricio "Chicho" Serna, ídolo de Boca. Asimismo, contó su increíble historia y reforzó su compromiso por una sociedad más equitativa y accesible.

Lo conoció junto a su novia Lorena. (Crónica/Nahuel Ventura)

Supo vestir los colores de Gimnasia y Esgrima La Plata, San Martín de San Juan, Atlanta y Villa San Carlos, pero en 2011 su vida cambió. Tras emigrar a Italia para ponerse la camiseta de un equipo del ascenso, Maxi comenzó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad de Wilson, la cual le hizo perder el habla y gran parte de su movilidad.

Hoy, obligado a estar en una silla de ruedas porque no tiene equilibrio, Maxi no está dispuesto a bajar los brazos y se propuso a ganar un nuevo partido, esta vez contra una sociedad desigual frente a los problemas de los mal llamados "más débiles". Poseedor de una envidiable fuerza y entereza, el ex jugador libra una batalla diaria para gozar de una mejor calidad de vida.

Junto a su mujer, Lorena María Leticia Ramella, decidió darle batalla a las barreras impuestas a la discapacidad. Las dificultades que atraviesa Maxi están en todos lados: en los restaurantes se niegan a procesarle la comida, muchos hoteles no cuentan con las habitaciones en condiciones y salir a dar una vuelta a la manzana es una verdadera odisea.

"El país no está preparado para la discapacidad"

En modo de resumen, Maxi escribió en su computadora: "El país no está preparado para la discapacidad". Por esta razón, va a seguir dando pelea con mente puesta en un único objetivo: ganar este partido.